LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Alianzas no funcionan

Edmundo Dávila [email protected]

“La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad…”
( Víctor Hugo)

Hace cinco años habría sido difícil vislumbrar un escenario político como el que se está viviendo actualmente en Nicaragua. Quién hubiera imaginado que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) pasaría abiertamente a oposición del Poder Ejecutivo, y menos aún se pudo haber previsto un “pacto de sangre” entre el PLC y su principal adversario político, el FSLN. Tales situaciones anómalas eran tan inesperadas, como la cuestionable estrategia política del presidente Bolaños.

Estas “sorpresas” políticas se han tornado cada vez más intolerables para el pueblo de Nicaragua, a tal punto que en varias ocasiones y por primera vez desde 1990, se han efectuado marchas de protesta cívicas por miembros de la sociedad civil, en las que su principal demanda ha sido la ruptura del pacto libero-sandinista, ya que éste ha traído como consecuencia el control de casi la totalidad de las instituciones estatales por dichos partidos mayoritarios y hegemónicos, reinando el desorden, el conflicto, la confusión y la falta de confianza y credibilidad ciudadanas.

Dos situaciones podrían presentarse en las próximas elecciones presidenciales:

1. Que los numerosos y anhelantes precandidatos dispersos de los distintos partidos sean un serio obstáculo para formar una coalición que se enfrente al sandinismo. Si esto sucediera, las elecciones serían a más de dos bandas y el FSLN sería el único beneficiado por el mercado electoral cautivo del que dispone.

2. Que se logre formar una fuerte alianza monolítica que derrote al sandinismo en forma abrumadora como lo hizo la UNO en 1990 o el PLC en el 2000. Sin embargo, ¿serviría de algo arrollar nuevamente al FSLN con una gran alianza? ¿Sería esa la solución a los graves problemas políticos, económicos y sociales que imperan en Nicaragua? Parece que no.

La experiencia de las últimas tres elecciones debió haber enseñado a los nicaragüenses que las grandes coaliciones para abatir al Frente Sandinista han sido prácticamente inútiles. Aunque se han ganado las elecciones, ningún presidente ha podido gobernar tranquila y normalmente después de 1990.

No es un secreto para nadie que las promesas del máximo líder del FSLN de “gobernar desde abajo” se han cumplido a cabalidad desde ese año y cada vez con más fuerza. Por lo tanto, nada ganaría el pueblo de Nicaragua con imponerse nuevamente sobre el sandinismo en unas costosas elecciones si a los pocos meses se repitiera el ya trillado y odioso mecanismo de someter políticamente al gobernante electo democráticamente.

Entonces, ¿qué se puede hacer para salir de este círculo vicioso? Debemos primeramente convencernos de que no basta con que los votantes se manifiesten en las urnas eligiendo a un gobernante demócrata.

Posteriormente, el pueblo sensato debe vigilar y hacer cumplir que la voluntad que expresó en las elecciones sea respetada integralmente. Este es el grave descuido que los nicaragüenses han tenido desde el noventa.

Por lo tanto, además de formar alianzas democráticas y ganar las elecciones, el pueblo consciente debe imponerse luego cívicamente, repudiando e impidiendo para siempre la politización de las instituciones públicas, los pactos, chantajes, paros y asonadas que afecten la gobernabilidad, la normalidad y la paz social del país.

Asimismo, por el bien de Nicaragua es necesario que los ambiciosos aspirantes a la Presidencia que conocen muy bien sus limitaciones políticas ante el pueblo y que no tienen posibilidad alguna de ganar las elecciones, dejen libre el paso a los nuevos y exiguos “líderes” políticos que son más o menos identificables.

Si verdaderamente estos precandidatos quieren hacer algo bueno por el país, deben abandonar sus pretensiones presidenciales y propugnar por otra función desde la cual puedan verdaderamente ser útiles a la Patria.

El pueblo previsor debe elegir con prudencia y sabiduría a los candidatos de una potencial alianza, la cual deberá estar conformada por individuos francamente democráticos y no convertidos a esta ideología de la noche a la mañana.

Estos candidatos deben proponer proyectos de gobierno claros, sinceros, factibles y prioritarios para el país, nada de lo cual se ha visto hasta ahora, porque sus promesas son siempre vagas, populistas e irrealizables.

Todos los nicaragüenses tenemos el compromiso de velar por el bienestar, la salud y el progreso de la Patria. Hay que estar conscientes de que a la hora de elegir a nuestros gobernantes y defender la democracia, cada quien deberá asumir sinceramente sus deberes y responsabilidades.

No sigamos siendo indefinidamente víctimas de nuestros propios errores.

El autor es ingeniero

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