José Anselmo López
Durante los últimos veinte años y en virtud de nuestras relaciones de trabajo, he tenido la oportunidad de convivir con la nueva generación de costarricenses: hombres y mujeres jóvenes, entusiastas, con visión, que han luchado duramente en su vida para alcanzar las posiciones que ocupan; que saben lo que es sudar la camisa para desarrollar y hacer crecer una marca, una empresa y a su Patria, manteniendo una ética empresarial y personal a toda prueba.
La Costa Rica política de hoy no es la de la época de don Pepe Figueres (la más lejana referencia que tengo). Una generación de noveles luchadores sobresale de una vieja guardia política que ha estado siendo cuestionada y juzgada por corrupción, que desea todo fácil y es capaz de venderle su alma al diablo con tal de alcanzar sus intereses personales; que por docilidad a intereses muchas veces extranjeros aprovecha el poder para manipular, influenciar, dominar, e imponer su propio concepto de la realidad y la historia.
Las circunstancias políticas actuales obligan a poner los pies sobre la tierra; obligan a esa nueva generación a que continúe trabajando duro para alcanzar la Costa Rica de sus sueños, sabiendo distinguir entre el pensamiento y acciones de los pueblos y la de los gobiernos; obliga a invitarlos que salgan a luz pública, que alcen su voz.
A la vieja guardia les recuerdo que: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Deuteronomio 5:21).
Si alguien desea agregar más cosas es su propia responsabilidad. Yo no soy Dios.