Juan Bosco Cuadra
En este año 2005 estamos conmemorando el cincuenta aniversario de la muerte de uno de los genios más grandes que ha tenido la humanidad, Albert Einstein (1879 – 1955). De origen judío y nacido en Alemania, en Ulm, hizo sus estudios técnicos en el Instituto Federal de Tecnología de Zurich. Desde 1902 a 1909, trabajó en la oficina de patentas de Berna y se doctoró en 1905, hace cien años en la Universidad de Zurich.
Se opuso al nazismo por sus posiciones liberales y por ser de origen hebreo fue desposeído de su cátedra y de su ciudadanía. Residió en la Universidad de Princeton (EE.UU.) desde 1945. En 1921 ganó el premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre la teoría de la relatividad. Y fue en 1907 cuando estableció su famosa ecuación entre energía y masa: E > mc∑.
Hablar hoy sobre la teoría de la relatividad presupone, en primer lugar, tener unos conocimientos bien especializados sobre física, lo cual adolezco poseer. Pero, cuando los temas que en ella se abordan competen en mucho a la Metafísica o Filosofía Primera, unos cuantos comentarios no salen sobrando.
En primer lugar, hay que establecer los más importantes postulados de esta teoría:
1. La velocidad de la luz es constante y es la máxima velocidad del universo (1er Absoluto);
2. La “Masa” aumenta con la velocidad
3. La “Energía” es igual a la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz (E > mc∑);
4. El “Tiempo” disminuye con la velocidad.
Cuando decimos que hoy es de noche o de día, es de noche o de día para nosotros, no para los que viven en Europa. Dos personas que se encuentran entre sí en un sentido contrario, la derecha de uno es la izquierda del otro. El arriba y el abajo en la tierra es muy diferente que en el espacio sideral. Algunas cosas que observamos a diario están en reposo (Ley de Inercia) porque no les vemos movimiento, pero, a su vez, el planeta Tierra se mueve a través del espacio a una velocidad de 30 kilómetros por segundo. Luego, esas cosas que vemos no moverse, también se mueven.
La luz se mueve a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Es la velocidad máxima del universo, es decir, es un “absoluto”. El movimiento de cualquier cuerpo puede ser disminuido o acelerado artificialmente. Una bala, por ejemplo, que atraviesa una caja llena de arena, pierde totalmente su velocidad después de atravesarla. La luz, en cambio, puede ser detenida, por un cristal cuando lo atraviesa, pero continúa con su misma velocidad, puesto que en el cristal la velocidad es menor que en el vacío.
La relatividad del tiempo se puede entender con el siguiente ejemplo: supongamos que en el Sol aparecen unas nuevas manchas solares que las descubre un astrónomo con su potente telescopio. El tiempo siempre supone un “antes” y un “después”.
Al cabo de ocho minutos éstas fueron observadas por nuestro explorador estelar, puesto que tardó ese mismo tiempo en llegar a la Tierra. Todo lo que haga el astrónomo después de observarlas, será absolutamente después de haber aparecido las manchas. Y por el contrario, todo lo que ocurrió con el astrónomo ocho minutos antes del resurgimiento de las manchas (de tal manera que la señal de la luz sobre este acontecimiento llegase al Sol antes de que aparecieran las manchas) ocurrió absolutamente antes. Es decir, el “antes” y el “después” dependerá desde qué perspectiva observemos la aparición en el telescopio de esas manchas; a saber, desde el momento en que se presentaron en el Sol, o desde el momento que las vio el astrónomo (ocho minutos después).
La teoría de la relatividad insiste mucho en que las cosas y los acontecimientos pueden ser observados desde distintas perspectivas. Es el observador el que determina una verdad con respecto a su punto de vista. De allí el término de “relatividad”, o sea, de “relación-a-algo”.
Uno de los ejemplos más difíciles de comprender es el de los relojes, los andenes y el tren:
Ante nosotros hay un ferrocarril muy largo, entre una estación y otra de una longitud de 864 millones de kilómetros. A una velocidad de 240 mil kilómetros por segundo este tren necesitará una hora para recorrer esta distancia.
En ambas estaciones hay relojes que marcan las 12 a.m. En la primera estación se sienta un pasajero que comprueba la hora de su reloj con el de la estación primera. Pero, cuál es su asombro, que, cuando llega a la otra estación, verá que su reloj se atrasó una hora con respecto a la hora de la otra estación de arribo. En la segunda estación es la 1:00 p.m., en cambio, en su reloj, todavía marca las doce. ¿Qué pasó aquí? Según Einstein, la “¡velocidad cambió el tiempo de su reloj! Es decir, ¡que entre las estaciones transcurrió más tiempo que en el tren!
Llegar a comprender este ejemplo con todos sus pormenores, requiere tiempo, paciencia y mucha cabeza. Lo único que modestamente podemos sacar en conclusión es que la velocidad de la luz del tren cambió la “medida del tiempo” desde dentro en el tren con respecto al tiempo que transcurrió afuera en las estaciones.
Se imaginan ustedes un cohete dando muchas veces la vuelta alrededor de la Tierra a la velocidad de la luz. ¿Qué pasaría cuando este cohete aterrice en el mismo lugar de donde partió y miremos con asombro que nuestros hijos se han convertido en ancianos? Es decir, que llegamos al futuro.
El autor es filósofo nicaragüense.