Marcela Sánchezwashingtopost.com
¿Qué tienen en común un futbolista retirado, una conocida manifestante contra la Guerra en Irak, un autoproclamado revolucionario y el líder de la primera potencia mundial? Se espera que todos estén en Mar del Plata, Argentina, esta semana durante la cuarta Cumbre de las Américas y nadie espera que ninguno tenga la respuesta a la más apremiante de las preguntas: ¿Cómo podrán comprar refrigeradores los latinoamericanos?
El retirado astro de futbol argentino, Diego Armando Maradona, marchará por las calles de la ciudad balnearia liderando manifestantes cuyo fervor anti-Bush ha estado alimentando durante su popular programa semanal de televisión, La noche del 10. Cindy Sheehan estará a su lado, manifestando su oposición a la guerra en Irak que le quitó la vida a su hijo. Su voz se escuchará en la anticumbre conocida como la Cumbre de los Pueblos donde la seguirá en el podio nada menos que el Presidente venezolano Hugo Chávez quien, sin duda, esgrimirá sus argumentos sobre el efecto corrosivo del imperialismo estadounidense en América Latina y las promesas de su revolución socialista del siglo XXI.
Claro está que también se espera la asistencia del presidente Bush, principal objetivo de su ira. Y aunque estará bastante alejado de los elementos menos hospitalarios, el mandatario estadounidense y sus funcionarios estarán tentados a responderles a sus críticos, particularmente a Chávez, y a advertirles una vez más a sus vecinos en la región que Chávez debe ser contenido.
Por más excitantes que terminen siendo estas actividades suplementarias, sólo servirán para distraer la atención sobre las preocupaciones populares que reúnen a los 34 líderes demócratas de las Américas, a saber, el fortalecimiento de la democracia y la reducción de la pobreza mediante la generación de empleo.
De hecho, el latinoamericano promedio está mucho menos interesado en protestar contra Estados Unidos, contra la guerra o contra Bush, que en mantener su empleo y ver mejoras en su situación económica. Más que una batalla de ideas, está dedicado a una lucha diaria por sobrevivir con éxito en un sistema democrático.
Nuevos experimentos económicos, sociales y políticos, como los que promueve Chávez, no están ganando asidero en Latinoamérica. Después de diez años de encuestas, la firma chilena Latinobarómetro concluyó la semana pasada que los latinoamericanos están comprometidos con la democracia como una forma de vida. Y aunque en los últimos tres años el apoyo popular a la opción democrática no se ha movido del 53 por ciento, los latinoamericanos no están activamente buscando alternativas. De hecho, una importante mayoría dice que las economías de mercado (63 por ciento) y el sector privado (59 por ciento) son los que ayudarán a que sus países se desarrollen.
Como afirma Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, “la gente en América Latina ya no está interesada en comprar los sueños ofrecidos por ideologías extremas”. Más bien, agregó, “está comprando refrigeradores”.
Tal vez nada ha aumentado más el rechazo popular a Bush en la región que la creencia general de que no ha sabido reconocer la maduración de la democracia al sur del Río Bravo. Las democracias regionales, la mayoría en su tercera década de existencia, han crecido más allá de las simples dicotomías pasadas de izquierda o derecha, democracia o no democracia. Aún así, la guerra de Bush contra el terrorismo y su obsesión con Chávez y el líder cubano Fidel Castro, han sugerido a los latinoamericanos que el marco de referencia de su administración continúa siendo puramente ideológico y poco evolucionado.
Los actuales retos son tan importantes como aquéllos enfrentados durante la Guerra Fría y en sus diferencias debieran ser igualmente valorados. Ahora los ciudadanos que se deleitan con las libertades que brindan las sociedades abiertas y que aceptan las responsabilidades de vivir en una democracia, están haciendo escuchar sus voces y demandando cambios —dentro del actual marco democrático— lo cual crea nuevas presiones a los líderes elegidos democráticamente.
Durante los próximos 12 meses habrá elecciones presidenciales en 12 países de la región. A pesar del persistente enfoque de Washington en la posibilidad de que esas elecciones lleven a una región más inclinada hacia la izquierda, una descripción más exacta de los resultados es que casi todos aquellos elegidos serán demócratas pragmáticos. Algunos tal vez se valgan del sentimiento antiestadounidense para ser elegidos, pero la mayoría está consciente que ningún tipo de retórica sustituirá las soluciones a demandas reales una vez se posesionen en su cargos.
De acuerdo con la última encuesta de Latinobarómetro, casi la mitad de los latinoamericanos cree que en los próximos 12 meses estará mejor que hoy. Eso significa mucha más presión sobre líderes actuales y futuros para que encuentren formas de convencer a esa población de que están avanzando en la dirección correcta y de que se está haciendo más fácil comprar ese refrigerador.
Y con eso estarán haciendo más para arraigar la democracia en la región que lo que hagan aquéllos que se robarán los titulares este fin de semana.
