Jehú Hernández Sandoval
Un día que estaba viendo un telenoticiero local, la presentadora dijo, textualmente: “La Policía del Distrito Seis salió tras la captura del supuesto asesino…”. Antes que yo pudiera decir algo, mi hijo expresó asombrado: “¡Papá, esa mujer está loca! En primer lugar, la Policía no anda tras la captura, anda tras el delincuente, y además, supongo que no quieren capturar al supuesto asesino, sino al asesino”. Y como un reproche, más que como una pregunta, dijo: “¿Esa mujer estudió periodismo?”. Mi hijo apenas tiene 11 años y cursa el segundo año de secundaria.
En los últimos meses, quizá años, las críticas hacia los “telenoticieros de sucesos” que se transmiten en diferentes canales del país, han ocupado importantes espacios en los medios de comunicación, ya sea en notas informativas, reportajes, artículos de opinión, entre otros formatos.
Sus defensores han tenido que desplegar un enorme paraguas de argumentos con el objetivo de refutar los señalamientos que los catalogan de poco profesionales. No obstante, me llama la atención el hecho de que, en el Noticiero Independiente del Canal 8, las presentadoras repiten constantemente: “…el mejor noticiero de Nicaragua”, basados en que las encuestas los ubican en el primer lugar de audiencia. Me disculpan, pero una cosa es ser el más visto y otra, muy diferente, ser el mejor.
Creo que el problema fundamental de los periodistas que trabajan en esos noticieros radica en lo siguiente: pereza mental. La mayoría de ellos cuentan las noticias como si estuvieran con un pie en el alambre de púas de una cerca platicando con la vecina de al lado, contándole el bochinche que protagonizó con su marido la vecina de enfrente.
La única diferencia es que en una escena hay cámara y micrófono y en la otra no, pero el estilo es el mismo. Si estos señores y señoras dispusieran un poquito de su tiempo y redactaran “periodísticamente” las noticias, otro gallo les cantara. En base a lo que he podido observar, sólo uno que otro periodista de esos noticieros se toma la molestia de redactar sus notas rojas.
Esa debería ser una constante, escribir los guiones para no tener que mal improvisar transmitiendo “en vivo y directo”, como acostumbran decir en el Canal 8, cuando la que platica la información —porque la mayoría de las veces ni siquiera son noticias— está en el estudio contiguo diciendo “de memoria” lo que se acuerda de las imágenes que está viendo en el monitor. ¿Será que no saben lo que significa “en vivo y directo”?
Volviendo a los hijos, el día que se llevaron a Jorge Bolaños (q.e.p.d.), hijo del presidente Enrique Bolaños, hacia Estados Unidos, en la edición de las 9:00 de la noche del Noticiero Independiente, se escuchó el alarmante: “Última hora… última hora… última hora…” Después de varios minutos de expectación salió en pantalla la presentadora diciendo: “Hace unos minutos el hijo del Presidente acaba de ser trasladado hacia el Aeropuerto Internacional para ser llevado a un hospital de Estados Unidos…” Las imágenes mostraban una caravana de vehículos escoltada por motorizados de la Policía Nacional, saliendo del Hospital Militar bajo un fuerte sol. ¿Se imaginan esa noticia de última hora? ¿Se imaginan las carcajadas de mi hijo cuando vio a los vehículos circulando a plena luz del día?
En esta ocasión, hizo la misma pregunta que les conté al inicio, motivado ahora por la forma de presentar a las 9:00 de la noche, un “última hora” de algo que sucedió cuando el sol aún no se ocultaba. Les repito, mi hijo tiene 11 años, estudia segundo año de secundaria y ya entiende algunos términos relacionados con la comunicación social. ¿Por qué ustedes no, colegas?
El autor es periodista