Ana Murillo Argüello
El fin de semana pasado los medios televisivos, escritos y radiales mantuvieron en sus principales noticias la muerte del nicaragüense Natividad Canda Mairena, de 25 años, quien falleció luego de ser atacado sin piedad por dos perros raza Rotwailer, en Lima de Cartago, Costa Rica. Muerte que sin duda alguna al pueblo nicaragüense le ha causado mucha indignación por la crueldad e inhumanidad a la que son sometidos las y los hermanos nicaragüenses que residen en ese vecino país.
Lo condenable es que a la hora del hecho estaban presente autoridades costarricenses que no actuaron para proteger y resguardar la vida de un ser humano. Por lo tanto, está a la vista de la comunidad nicaragüense y comunidad internacional calificar y crear su propio juicio. En mi opinión, existe responsabilidad penal y debe ser castigado con todo el peso de la ley, ya que este crimen constituye un atropello a la vida humana y por ende una constante violación a los derechos humanos.
La declaración Universal de los Derechos Humanos es clara en su artículo 3: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. De igual manera el artículo 5 manda que “Nadie será sometido a torturas ni penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.
Los derechos humanos son valores, explícitos en el sistema de instrumentos jurídicos internacionales, por lo tanto, a mi juicio deben educarse y transmitir conocimientos sobre lo que manda la legislación penal y los tratados internacionales sobre derechos humanos.
Recordemos que éstos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global, justa y equitativa. Dejando a un lado de qué país somos, dónde vivimos, el idioma o lengua que hablemos, no importa el sexo que seamos, ni el color de nuestra piel, no importa si somos ricos o pobres, todos tenemos los mismos derechos y deberes.
Los derechos humanos son tan importantes, tan esenciales y fundamentales en la vida humana, que sin ellos no podemos vivir como seres humanos. No respetar estos derechos, negarlos o violarlos es crear situaciones de conflictos, tensiones y disturbios e incluso hasta una guerra.
Por lo tanto, hago un llamado a los efectivos representantes diplomáticos y consulares en velar y resguardar en toda la magnitud a los nicaragüenses que se encuentran en el extranjero y asimismo en velar que este crimen no quede impune ante los tribunales costarricenses.
Como ciudadana nicaragüense, como defensora de los derechos humanos y como periodista demando que se haga justicia y se desligue responsabilidad penal ante este hecho y ante cualquier discriminación y fobia a los que están sujetos nuestros hermanos nicaragüenses en el vecino país, Costa Rica.
La autora es divulgadora y relacionista públicadel Centro Humboldt.