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Tendencias en la cooperación

Alberto L. Alemán Aguirre En este año 2005, la cooperación internacional con Nicaragua cierra en unos 570 millones de dólares anuales, una cifra muy alta, tomando en cuenta las tendencias mundiales de dónde reubicar las prioridades de esa cooperación y el hecho de que desde los años 80, el país es un gran receptor mundial […]

Alberto L. Alemán Aguirre

En este año 2005, la cooperación internacional con Nicaragua cierra en unos 570 millones de dólares anuales, una cifra muy alta, tomando en cuenta las tendencias mundiales de dónde reubicar las prioridades de esa cooperación y el hecho de que desde los años 80, el país es un gran receptor mundial de ayuda.

De acuerdo al canciller Norman Caldera, este año se logró un aumento de esa cooperación. El gobierno estima que la tendencia se mantendrá para el año próximo, un signo positivo y que alienta el optimismo. Estas informaciones aparecieron en la prensa recientemente.

Sin embargo, una buena parte de la futura ayuda — presupuestaria y no presupuestaria— depende de lograr una reactivación del acuerdo económico con el Fondo Monetario Internacional. Es una condición del FMI, así como del Banco Mundial y otros organismos. Es una exigencia lógica, dura pero necesaria.

Como país receptor y altamente dependiente de la ayuda externa, debe estar el público atento a ciertas tendencias mundiales.

En la reciente cumbre del grupo de los países ricos, el G8, celebrada en el Reino Unido, la presidencia británica de Tony Blair centró sus esfuerzos en procurar que esas naciones ricas enfoquen sus acciones y dinero en sacar a África de la pobreza.

El objetivo es quizás demasiado ambicioso, pero es moralmente justo. África es el continente más pobre en el mundo. Particularmente es la región subsahariana donde el mayor porcentaje de habitantes de una zona del planeta vive en la pobreza extrema, donde están los índices de escolaridad más bajos, los de mortalidad infantil, y, para remate de tanta desgracia, se encuentra allí el número más elevado de personas infectadas con el VIH o que padecen el sida.

Los colegas de Blair estuvieron en buena medida de acuerdo y anunciaron futuras acciones.

Sin embargo, el compromiso adoptado por las naciones desarrolladas hace varios años de destinar el 0.7% de su producto interno bruto a la ayuda global al desarrollo, es una meta que aún no se cumple, con la notable excepción de 4 países de la Unión Europea (el mayor cooperante global): Dinamarca, Suecia, Luxemburgo y Holanda. Esos 4 países se han obligado a cuando menos mantener los niveles de ayuda en ese porcentaje hasta 2015.

Otros seis Estados miembros (Francia, Irlanda, España, Reino Unido, Bélgica y Finlandia), han fijado calendarios de cumplimiento de aquella meta para antes de 2015.

Este año y el 2010 son puntos de referencia importante para la UE. En mayo pasado, los jefes de gobierno comunitarios adoptaron la decisión de dedicar el 0.51% de su ingreso nacional bruto, en el caso de los viejos miembros, y del 0.17% para los nuevos (admitidos en 2004, principalmente del Este) a la cooperación con el mundo en desarrollo. En común, la UE debe alcanzar el 0.56% en 2010.

Esto significa, en cifras concretas, que el presupuesto de cooperación europeo pasará de unos 46 mil millones de euros (58 mil millones de dólares hoy) en 2006 a unos 66 mil millones de euros para el 2010 (83 mil millones de dólares).

Estos compromisos se ubican dentro de las políticas para alcanzar los Objetivos del Milenio (ODM), un conjunto de ambiciosas metas para mejorar la vida de la mayoría de la población de la Tierra adoptado en 2000 por la ONU en la Cumbre del Milenio. Para 2015, la UE en conjunto debería alcanzar la meta del 0.7% de su PIB.

Durante una reciente visita en Bruselas a la sede de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, tuve la oportunidad de conversar con algunos funcionarios.

Me comentaban sobre estos temas. Pregunté a uno de ellos cómo evaluaban la marcha hacia el cumplimiento de los ODM y dónde se trabajaba mejor. Éste, un funcionario de la oficina del Comisario de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel, respiró hondo, revisó algunos papeles. “No se va a lograr todo”, dijo al principio de su respuesta — no me sorprendió—. “En Asia es donde se registra hasta ahora el mejor cumplimiento, luego en América Latina-el Caribe, y África… no creo que logre muchas cosas”.

Un funcionario asignado a las relaciones con Centroamérica —muy bien informado sobre Nicaragua— me aseguró que Nicaragua seguirá siendo prioritaria para la UE. Continuará ésta su ayuda a un próximo gobierno, cualquiera que sea su color, siempre y cuando surja de elecciones democráticas y limpias.

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