El comienzo del año 2006 es propicio para hacer votos por un mejor destino para Nicaragua y cada uno de los nicaragüenses.
El año 2005 no cerró tan mal, después de todo, a pesar de la profunda crisis institucional que dominó el panorama político nacional desde enero hasta octubre, cuando el conflicto se pudo resolver —al menos temporalmente— gracias a la presión internacional, pero sobre todo por la movilización cívica de los ciudadanos que inundaron las calles de varias ciudades del país en rechazo a las reformas constitucionales antidemocráticas, del pactismo y la corrupción. Por otra parte, el comportamiento de la economía nacional fue positivo y de no haber sido por los pleitos políticos los resultados económicos hubieran sido mejores.
Ahora, en este nuevo año la población nicaragüense tendrá la oportunidad de dar un vigoroso salto hacia delante. Las elecciones del 5 de noviembre próximo ofrecerán la posibilidad de rechazar la política corrupta de los pactistas libero-sandinistas. En esas elecciones los ciudadanos podrían, si quisieran, escoger una alternativa de gobierno que sirva de manera efectiva al fortalecimiento de la institucionalidad democrá tica y la transparencia.
Como hemos dicho en otras ocasiones, la frase proverbial de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen es válida cuando los ciudadanos tienen la oportunidad de elegir libremente a sus gobernantes y representantes, y eligen lo peor. En realidad, si las elecciones del próximo noviembre son libres y limpias, nadie puede obligar a los votantes a escoger a los mismos políticos corruptos que tanto daño le han hecho al país durante los últimos años.
Aunque es lo deseable, sin embargo no es factible que en las elecciones de este año los ciudadanos barran a los partidos pactistas y corruptos y elijan sólo a los candidatos que postulen las fuerzas políticas genuinamente democráticas. Pero de todas maneras es necesario motivar a la población a elegir en la Asamblea Nacional, una mayoría de personas diferentes a las actuales, porque de nada o de muy poco serviría escoger un buen Presidente de la República si el Poder Legislativo continúa en manos de las pandillas pactistas y corruptas.
Un verdadero cambio, es decir, positivo, en el gobierno, implica tener en la Asamblea Nacional la mayoría suficiente para renovar totalmente los Poderes Judicial y Electoral, la Contraloría y la Fiscalía General de la República, ya sea por medio de una reforma constitucional parcial o mediante una reforma total para proveer también a los nicaragüenses de una nueva Constitución.
De manera que ante todo la lucha de los ciudadanos este año debe ser para garantizar que las elecciones sean absolutamente libres y limpias. Lo mejor sería que las elecciones fuesen organizadas por nuevas autoridades del CSE, independientes y profesionales, no subordinadas a los partidos pactistas y sus caudillos; y que la Ley Electoral fuese reformada antes de los comicios, para limpiarla de las disposiciones excluyentes introducidas por los pactistas. Pero aún con las actuales autoridades electorales y con la misma Ley Electoral que ahora está vigente, se puede asegurar una elección libre en noviembre de este año, siempre y cuando los ciudadanos se movilicen apropiadamente en derredor de cuatro grandes objetivos:
Primero, impedir que los pactistas que controlan la Contraloría, la Fiscalía y los Poderes Judicial y Electoral, inhiban por instrucciones de sus caudillos a los candidatos democráticos e independientes. Segundo, la defensa del sufragio hasta en las mismas mesas de votaciones, respaldando a los fiscales de los partidos democráticos e independientes. Tercero, lograr que haya una amplia observación electoral internacional, independiente, confiable y efectiva. Y cuarto, apabullar a los partidos pactistas y corruptos con una avalancha de votos democráticos, de tal manera que no quede ninguna duda en cuanto al resultado de la voluntad popular expresada en las votaciones.
Si los ciudadanos democráticos de Nicaragua permiten que cualquiera de los partidos pactistas y corruptos ganen limpiamente las elecciones presidenciales y legislativas, después no podrán tener razón para lamentarse, ni legitimidad para culpar a nadie de su propia falla y fracaso.
En la conciencia de los ciudadanos, del pueblo, estará este año la posibilidad de avanzar para mejorar y prosperar, o de mantener al país estancado y, peor aún, de retroceder, que es lo que ocurriría con la continuidad del pactismo y la corrupción.