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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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“Sociedad civil”

León Núñez En mi artículo Buscando la solución, publicado en LA PRENSA el día 14 de febrero corriente, quizás por un “error computacional” de la persona que recibió mi correo electrónico que contenía mi citado artículo, en vez de “sociedad civil” —que fue lo que yo escribí— apareció publicado únicamente “sociedad”. Muchas personas me han […]

León Núñez

En mi artículo Buscando la solución, publicado en LA PRENSA el día 14 de febrero corriente, quizás por un “error computacional” de la persona que recibió mi correo electrónico que contenía mi citado artículo, en vez de “sociedad civil” —que fue lo que yo escribí— apareció publicado únicamente “sociedad”.

Muchas personas me han llamado manifestándome que no entendían eso de la “sociedad”. Y yo creo que tienen razón, porque nunca he visto en la televisión ni he escuchado en las radioemisoras así como tampoco en las reuniones y recepciones, etc., en donde se arregla el país, que alguien hable en nombre de la “sociedad” sino en nombre de la “sociedad civil”.

Ruego se publiquen los siguientes párrafos, tal como los mandé a La PRENSA, para que el lector aprecie la diferencia entre “sociedad” y “sociedad civil”.

“En un tiempo, por cierto muy breve, estuve participando deportivamente en esos alegres eventos: unos gubernamentales, otros diplomáticos y algunos organizados por los que dicen que representan a la llamada “sociedad civil”.

En todos esos actos veía las mismas caras y escuchaba las mismas pláticas, las cuales eran tan repetitivas que sin querer me las aprendí de memoria, de tal manera que actualmente, cuando empiezo a ver en la televisión, por ejemplo, a un político, o a un personaje de la “sociedad civil” o al analista político de turno ya sé de antemano lo que van a decir.

En una ocasión salí de una reunión de la “sociedad civil” junto a un conocido “figurón” de este país. Nos fuimos juntos en mi automóvil a un acto oficial. Cuando llegamos mi “personaje inolvidable” empezó a saludar con grandes abrazos a todos los presentes, que eran casi los mismos que habían participado antes con nosotros en la reunión de la “sociedad civil”. Pero el colmo de su “saludadera” fue cuando por último terminó también saludándome a mí con otro abrazo. Su condición de saludador compulsivo lo había hecho olvidar que habíamos llegado juntos al mencionado acto oficial”.

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