LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Anécdota

Maribel Amaya En el barrio donde crecí había un niño malcriado, pleitisto e irrespetuoso, quien siempre quedaba impune de las cosas malas que hacía porque sus padres tenían buena posición económica e influencia política. Este niño se encontró con otro que vendía tortillas, le agarró la pana en la que llevaba la mercancía, la tiró […]

Maribel Amaya

En el barrio donde crecí había un niño malcriado, pleitisto e irrespetuoso, quien siempre quedaba impune de las cosas malas que hacía porque sus padres tenían buena posición económica e influencia política.

Este niño se encontró con otro que vendía tortillas, le agarró la pana en la que llevaba la mercancía, la tiró al suelo, la pateó y le echó tierra y despojó al niño del dinero que andaba y lo repartió entre otros niños que gozaban del acto. Cuando el niño vendedor llegó a su casa y llorando explicó lo sucedido, se encontraba de visita su padrino que le llevaba unos regalos y quería darle la buena noticia de que había ganado el campeonato de tiro al blanco, y que su foto estaba en todos los periódicos.

El padrino se endureció y fue a reclamarle al padre del niño malcriado, al que dijo que la actuación del hijo fue una ofensa por la que podía correr sangre, a menos que pagara los daños y diera un escarmiento al hijo, lo cual no debía pasar de ese día. El padre del niño malcriado, muy atemorizado por la seriedad que tomó el asunto, tomó la faja y ante el padrino del otro niño le dio una paliza. Después fue a la casa del vendedor de tortillas y obligó a su hijo —faja en mano— a pedir perdón. El niño apaleado, avergonzado, llorando y humillado, tuvo que pedir perdón en nombre de su padre: “Dice mi papá que te pida perdón, si no, me pegará más duro”. También fue restituido el daño monetario.

Algo similar fue lo sucedido con el magistrado Rogers Argüello con la carta que hizo circular, pidiendo disculpa a la periodista Eloísa Ibarra. Realmente él está pidiendo perdón por Daniel Ortega, aunque se puede deducir que trata de decir que no es por sandinista que está envuelto en ese acto bochornoso, sino por conservador. Pero es Ortega quien tiene la coyunda en las manos y pobre de él si lo perjudica.

El disgusto de Daniel no es por la pérdida de los 609 mil dólares, (eso le tiene sin cuidado), ni es por eso que lo amenazó con desaforarlo, sino porque le arruinó su reunión, opacándola con sus declaraciones, lo cual en tiempo electoral es riesgoso porque la ambición por el poder que tienen los pactistas es ilimitada.

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