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La exportación de personas
Sin duda que la gente tiene asuntos mucho más importantes para atender, que los pleitos de los diputados, quienes en su lucha encarnizada por los puestos y posiciones de poder demeritan la función pública y atropellan sus propias reglamentaciones y el orden jurídico del Estado.
En realidad, los bochinches de los diputados deberían ser relegados a la nota roja de la información periodística nacional, hasta que los ciudadanos tengan la posibilidad —y ojalá que también la sabiduría y la prudencia— de elegir mejores legisladores que éstos que ahora cubren de vergüenza a la Nación.
Entre los diversos temas que hay, de verdadero interés nacional, cabe mencionar el de las personas que emigran al extranjero y han sido convertidas en el principal producto de exportación. Sobre todo lo que se refiere a la emigración ilegal, que al parecer se encuentra ahora más amenazada que nunca debido a las nuevas restricciones que están imponiendo las autoridades estadounidenses, incluyendo la decisión de construir un gran muro a lo largo de la frontera con México que es por donde cruza la mayor parte de los emigrantes ilegales de Nicaragua.
Una nueva ley migratoria estadounidense que ya fue aprobada por el Congreso y está pendiente de ratificación en el Senado, está siendo fuertemente cuestionada en los países latinoamericanos exportadores de personas, porque se teme que podría incitar al uso de la violencia contra los inmigrantes ilegales en Estados Unidos, no sólo de parte de la policía fronteriza sino también de agrupaciones civiles que actúan por su cuenta con motivaciones extremistas y racistas.
Tan grave es este problema, particularmente para los países del área centroamericana, que el lunes de esta semana se celebró en la capital mexicana una reunión especial de cancilleres de México, Colombia y Centroamérica (por Nicaragua participó el vicecanciller Javier Williams Eslate), para en bloque expresarle a EE.UU. su desacuerdo con las nuevas medidas contra la migración ilegal y en particular con la construcción del muro a lo largo de más de mil kilómetros, en la frontera sur estadounidense.
En la declaración que aprobaron los cancilleres de México, Colombia, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y Costa Rica, y el Vicecanciller de Nicaragua, se denuncia que “varios países han instrumentado un endurecimiento a las normas aplicables a la migración, lo que ha generado un importante desfase entre el intercambio de bienes y servicios y el libre tránsito de personas”. La referencia es a Estados Unidos, obviamente, aunque no lo mencionan específicamente quizás por “delicadeza diplomática”.
Como sea, es comprensible la preocupación de los países exportadores de personas ante el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos, desde donde, como se informó en LA PRENSA de ayer miércoles 11 de enero, el año pasado los inmigrantes latinoamericanos enviaron hacia sus países de origen remesas de dinero y bienes por valor de 55 mil millones de dólares.
En el caso de Nicaragua las remesas familiares representan un valor equivalente al de casi todas las exportaciones juntas (más o menos 750 millones de dólares versus 897 millones de dólares, respectivamente). Y según los gobernantes, la emigración debe seguir aumentando porque, como se dice en la declaración de los cancilleres en México, “mientras un número importante de nuestros nacionales no encuentre en su propio país un entorno económico y social que le permita su pleno desarrollo y bienestar, habrá condiciones para migrar a los países donde exista demanda de trabajadores”.
Es cierto, sin duda, lo que dicen los cancilleres, pero ¿a quién le corresponde crear ese nuevo entorno económico y social? Lo cierto es que es una actitud oportunista la de estos gobiernos que apuestan a seguir exportando personas para recibir más remesas familiares que sostengan las economías nacionales, en vez de impulsar las transformaciones indispensables que le permitan —a la gente que emigra— “asegurar su pleno desarrollo y bienestar”.
A pesar del endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses mucha gente seguirá yéndose o intentando irse a Estados Unidos, en busca del “sueño americano” de prosperidad y vida en libertad, a pesar de que lo correcto es que cada país tenga su propio sueño nacional, creando mejores oportunidades y condiciones de trabajo y sobre todo trabajando más para vivir con dignidad en el propio país.