Klaus Stadthagen
Como muchos nicaragüenses, me he quedado perplejo ante el circo montado en la honorable Asamblea Nacional, por los servidores públicos que dicen representarnos. Pero más allá de lo que pasó en el recinto, que de por sí es vergonzoso, lo más preocupante es lo que sucedió fuera del mismo.
El día lunes 9 de enero se hizo evidente que en Nicaragua aún existen líderes políticos para los cuales no existen límites en sus ambiciones de poder, aquellos para los cuales “el fin justifica los medios”.
No existen límites éticos, mucho menos límites aprendidos de errores y experiencias pasadas, en la escuela de la vida. Parecen aún no haber aprendido que en la democracia y el Estado de Derecho no todo se vale. Que casualmente lo que busca el sistema de derecho es lograr normas de convivencia pacífica y respeto mutuo, que basadas en principios y valores, limiten las actuaciones individuales a favor del bien común, para evitar caer en el caos, en la ley de la selva.
La aceptación pública de haber utilizado las mejores técnicas del espionaje político para infiltrar la bancada del PLC y conocer sus estrategias, causa preocupación y tristeza. Tristeza en el hecho que un partido que se dice haber evolucionado para participar del proceso democrático, utiliza las técnicas de la guerra, en tiempos de paz.
Algunos se preguntarán que si se hace uso del espionaje para obtener información no pública, dentro de las filas del adversario político, qué otras tácticas no se utilizarán en su ambición por conquistar el poder en las próximas elecciones.
Cuando los políticos pierden la vergüenza ante la ciudadanía, cuando se burlan de las instituciones democráticas, cuando utilizan las leyes a su conveniencia, cuando limitan el derecho ciudadano de elegir candidatos y autoridades de forma transparente, cuando el fin comienza a justificar los medios, el resultado es el caos y la violencia.
Es necesario un cambio desde adentro en la clase política nicaragüense. Es necesario que nuestros políticos aprendan que el fin no justifica los medios, y que en la democracia y el Estado de Derecho no todo se vale.