María José Zamora
El irrespeto y la desvergüenza fue lo que prevaleció como resultado final de la sesión parlamentaria del 9 de enero corriente. Gracias a la transmisión televisiva que hicieron algunos medios de comunicación, la ciudadanía fue testigo de la vulgaridad, la falta de ética y la doble moral que impera entre los “honorables” diputados.
Con el intento de incorporar a un suplente del reo Arnoldo Alemán y la supuesta traición del diputado Gerardo Miranda al FSLN, quien se sentó entre los liberales del PLC protegido por quien pretendía ser el próximo presidente de la Asamblea Nacional; se crearon las condiciones para iniciar una improductiva y teatral deliberación, que culminó con la suspensión de esa sesión legislativa.
Algunas de estas intervenciones, aunque muy adornadas y “elocuentes”, lo único que dejaron bien claro, es que estos funcionarios públicos carecen del desarrollo personal, la seriedad, la moral y la calidad humana necesarias para desempeñar este cargo tan delicado y determinante para el futuro económico, político y social de Nicaragua. Sin embargo, para desgracia de los nicaragüenses; por ignorancia o ingenuidad política, fuimos nosotros mismos quienes los elegimos.
Creo que Nicaragua merece diputados más evolucionados. En este sentido los medios de comunicación tienen la tarea patriótica de difundir a nivel masivo, en este año electoral, toda la información sobre el Poder Legislativo, desde cómo funciona, hasta los deberes de los diputados y los requisitos, personales y profesionales, que se requieren para desempeñar un trabajo respetable y responsable.
Está en las manos de los ciudadanos no permitir que la Asamblea Nacional siga siendo utilizada por los políticos corruptos, para pagar favores y enriquecerse en detrimento de Nicaragua.