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Elecciones y cambio en Latinoamérica
La elección presidencial que tendrá lugar mañana en Chile, será la primera de diez que habrá en Latinoamérica durante 2006. Además, en marzo se celebrarán elecciones legislativas y municipales en El Salvador, donde el izquierdista FMLN podría dejar de ser partido mayoritario en la Asamblea Legislativa y perder el control de alcaldías principales como la de San Salvador.
Después de la elección de mañana en Chile, que según las encuestas las ganará la candidata socialista-oficialista Michelle Bachelet con ventaja de más o menos siete puntos sobre su rival de centro derecha, Sebastián Piñera, la siguiente será el domingo 5 de febrero en Costa Rica, donde el favorito es el candidato del opositor Partido de Liberación Nacional, Oscar Arias, quien ya fue presidente tico de 1986 a 1990. También en febrero, o marzo, podría celebrarse la elección presidencial en Haití, aunque este país vive en permanente incertidumbre
El 9 de abril del año corriente Perú escogerá a su próximo presidente, siendo favoritos la candidata de centro derecha Lourdes Flores Nano y el izquierdista-populista-indigenista Ollanta Humala, quien ha venido subiendo rápidamente en las encuestas. Más adelante, el 28 de mayo la elección presidencial será en Colombia, donde los sondeos preliminares favorecen al presidente conservador Álvaro Uribe, quien promovió una reforma constitucional para poder reelegirse. Luego, el 2 de julio, México elegirá su nuevo Presidente, que podría ser el izquierdista Andrés López Obrador, quien lleva ventaja en las encuestas sobre el conservador oficialista Felipe Calderón y el candidato de PRI, Roberto Madrazo.
Después, el 1 de octubre, el socialista Lula da Silva tendrá la oportunidad de reelegirse como Presidente de Brasil, aunque por ahora está en desventaja en los sondeos frente al candidato socialdemócrata José Serra. En octubre la elección presidencial será en Ecuador, con grandes posibilidades para el socialista León Roldós; el 5 de noviembre serán las elecciones de Nicaragua y, finalmente, el 3 de diciembre el presidente izquierdista Hugo Chávez, quien ahora gobierna sin oposición, se coronará nuevamente en el poder con el título de Presidente de la República.
De manera que con la casi segura elección en Chile, mañana, de la socialista Michelle Bachelet, se mantendrá el número de siete países latinoamericanos con gobernantes de izquierda en sus diversas modalidades (Argentina, Brasil, Bolivia, Cuba, Chile, Uruguay, Venezuela), cifra que podría aumentar este año a diez por las posibilidades reales que tienen los candidatos de izquierda en Perú, México y Ecuador, e inclusive a 11, si logra alzarse con la victoria el izquierdista extremista Daniel Ortega, o lo consigue el disidente del FSLN, Herty Lewites.
Sobre la tendencia electoral hacia la izquierda que está avanzando en Latinoamérica, se hacen muchas interpretaciones desde diversas ópticas, ideológicas, políticas y sociológicas. Pero al margen de las especulaciones hay dos cosas que resaltan visiblemente: primero, que la gente simplemente cambia de gobernantes , partidos y corrientes ideológicas, cuando se encuentra insatisfecha y tiene libertad para cambiar; y segundo, que con tal de mejorar no le importa que los nuevos partidos y personas gobernantes sean de izquierda, derecha o centro, siempre y cuando no le supriman ni menoscaben sus derechos y libertades.
Chile, por ejemplo, está gobernado desde hace 16 años por una coalición de centro izquierda y los últimos 6 por un presidente socialista. Pero Chile está a la cabeza de Latinoamérica en desarrollo y modernización, ocupa el decimocuarto lugar entre las economías libres del mundo y es el país latinoamericano que más pobreza ha erradicado en los últimos cinco años. Chile disfruta de una apertura económica envidiable que le permite aprovechar plenamente el reto de la globalización y las grandes oportunidades que ofrece. Y todo eso lo ha logrado y sigue logrando gracias a que no sólo ha mantenido sino que ha fortalecido la economía capitalista, al mismo tiempo que preserva y respeta escrupulosamente los derechos democráticos y las libertades individuales y promueve la justicia social.
De manera que lo malo no es que la izquierda suba al poder, sino que destruya la economía, que atice odios de clase hasta llevar al país a la violencia y la guerra civil y que suprima o restrinja las libertades públicas y los derechos individuales. Como hizo el FSLN cuando gobernó de 1979 a 1990.