Paul Trivelli
Desde muy pequeños se les enseña a los niños en Estados Unidos sobre el compromiso y las contribuciones del doctor Martin Luther King Jr. a la causa de los derechos civiles. Mis hijos memorizaron partes enteras de sus discursos y vieron las imágenes de vídeo, en un blanco y negro granulado, de la famosa marcha en Washington. Las lecciones y el legado que dejó el doctor King son tales que pueden ser aprendidas y aplicadas por ciudadanos de todas las naciones del mundo, sean jóvenes, ancianos, afroamericanos, hispanos, blancos o asiáticos. Su legado no sólo es un estudio sobre la hermandad y la participación comunitaria, sino que nos recuerda que la aceptación pasiva puede permitir que el sufrimiento de nuestros conciudadanos permanezca en la ignorancia.
Las palabras y los hechos de King han tenido eco a través de las montañas y los valles de Estados Unidos y aún se pueden oír en países como Ucrania o el Líbano, donde los ciudadanos de esos países han demandado pacíficamente que haya un cambio para mejorar, y aquí en Nicaragua, donde la gente, cansada del estatus quo, cansada del silencio, demandan más de aquéllos que deberían representarlos y guiarlos. El sueño que el doctor King soñó para su propio país ha dado lugar y le ha dado fe a sueños similares en todo el mundo.
El doctor King dijo una vez, refiriéndose a la época en que estuvo luchando por la igualdad de oportunidades para sus conciudadanos afroamericanos que: “La mayor medida de un hombre no es qué postura adopta en tiempos de conveniencia y bienestar, sino qué postura adopta en tiempos de controversia y adversidad”. En algún momento, cada individuo, cada pueblo, cada nación se ha enfrentado y se enfrentará a momentos que estimulan nuestras limitaciones y que nos obligan a tomar una decisión. Estados Unidos es una mejor nación y un mejor hogar para todos sus ciudadanos por la pasión y el coraje demostrado por el doctor King y sus seguidores durante la lucha por los derechos civiles y la igualdad bajo la ley. Cada vez que un grupo de ciudadanos insiste pacíficamente en que se necesita un cambio, los susurros y los ecos del sueño de Martin Luther King Jr. se pueden escuchar.
Embajador de Estados Unidos en Nicaragua.