La magia de Oz

Los nueve integrantes de la banda, hicieron moverse de forma constante, a más de nueve mil fans que se mostraron eufóricos durante todo el concierto [doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Según el asesor de producción, Jorge Montealegre, “se vendieron más de nueve mil entradas y habíamos puesto en venta doce mil”. En Honduras y El Salvador […]

(LA PRENSA/M.MATUTE)

  • Los nueve integrantes de la banda, hicieron moverse de forma constante, a más de nueve mil fans que se mostraron eufóricos durante todo el concierto
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Según el asesor de producción, Jorge Montealegre, “se vendieron más de nueve mil entradas y habíamos puesto en venta doce mil”.

En Honduras y El Salvador salieron a la venta diez mil boletos, pero por ser primera vez que Mago de Oz vendría a Nicaragua, ofrecieron doce mil.

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¡Mago!, ¡Mago!, ¡Mago! Gritaban con euforia los más de nueve mil fanáticos que asistieron al concierto de Mago de Oz, realizado anoche en el predio ubicado contiguo a la Universidad de Ciencia y Tecnología (Unicit). La banda española de heavy, con influencias de música celta y rock, fundada en 1989, abrió su show aproximadamente a las nueve de la noche.

Entre el público habían niños, adolescentes, jóvenes, adultos, los que juntos conformaban una inmensa “nube negra”, producto de que la mayoría de los apasionados que llegaron al concierto vestían de color negro y llevaban sus cabelleras sueltas, al estilo roquero.

Dejar de saltar, gritar e incluso intentar caminar era pedir demasiado. Los fanáticos no dejaron de gritar ni un solo instante. El espacio era pequeño en relación a la cantidad de personas que habían. El concierto tendría una duración de tres horas.

Así entraron

Mientras el público gritaba: ¡Mago!, ¡Mago!.. los fuegos artificiales iluminaban, la noche roquera. En el fondo, detrás de una nutrida instrumentación, Txus, el baterista del grupo, con camisa negra y pantalón de cuero, alzó la bandera nicaragüense y los fanáticos empezaron a saltar y a gritar.

El escenario no fue nada novedoso. Esta vez, quienes lo adornaban eran ellos, con sus vestimentas exóticas y muy particulares. Unos pantalones y una capa estilo drácula, así vestía José, el vocalista de la banda. Los demás llevaban abrigos de cuero y algunos una camiseta negra sencilla.

“Satania, satania…” cantaba Mago, mientras se movían de derecha a izquierda. La movilidad de la banda en el escenario fue algo muy peculiar. No hubo momento en el que permanecieran estáticos, salía el violín y entraban las guitarras… las cabelleras de los integrantes de la banda se movían al compás de la música. Un estilo diferente.

“¡De a cach… Nicaragua!”, dijo a gritos José, el vocalista de Mago, agregando “gracias por hacer nuestros sueños realidad y esperamos se hagan realidad los suyos. ¡De a cach… cabrones!”, finalizó. Pero la música continuó.

Así como lo prometieron, Mago, cantó el himno Fiesta pagana, el público se desbordó y a una sola voz cantaban. Era un desorden total, pero quienes estaban ahí lo disfrutaban.

Los fans estaban encantados porque Mago de Oz los deleitó con canciones como Satania, Jesús de Chamberí, El poema de la noche triste, Fiesta pagana, La costa del silencio, entre otras.

No hubo VIP

Siete y cuarenta de la noche. La banda de rock nicaragüense, Vórtex, inicia el show. Instantáneamente, la malla que separa el área VIP de la general, desaparece. Los fans botaron la malla. Nadie resultó lesionado. “La Policía hizo lo que pudo, pero fue imposible”, aseguró el asesor de producción, Jorge Montealegre.

“No pueden dividir al pueblo roquero”, aseguró Moisés Genet, un fans de 21 años, quien pagó 180 córdobas y estaba en el área VIP. Genet considera que en Nicaragua no se puede hablar de VIP, porque no existe.

Mago continuó cantando y antes de retirarnos, José aconsejó: “No dejen que las multinacionales se apoderen del país, no dejando que se conviertan en un verdadero vertedero de m…” ¡Que su país no se convierta en “Una costa del silencio” y siguieron cantando.

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