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Gioconda Belli.

La Juana de Gioconda

En su novela histórica, El pergamino de la seducción, Gioconda Belli (Managua, 1948) utiliza un recurso habilísimo para que la tragedia de Juana I de Castilla (1479-1555), más conocida como Juana La Loca, tenga para el lector contemporáneo una significación de la que carecería, si hubiese optado por un relato lineal tradicional La novela alterna […]

  • En su novela histórica, El pergamino de la seducción, Gioconda Belli (Managua, 1948) utiliza un recurso habilísimo para que la tragedia de Juana I de Castilla (1479-1555), más conocida como Juana La Loca, tenga para el lector contemporáneo una significación de la que carecería, si hubiese optado por un relato lineal tradicional

La novela alterna entre la historia de Juana (hija de los Reyes Católicos) y una moderna historia de amor ambientada en el Madrid de los años sesenta, ambas escritas en primera persona. El personaje central de la historia moderna es una joven nicaragüense de 17 años llamada Lucía, cuyos padres fallecieron en un accidente aéreo. La muchacha, que estudia en un colegio de monjas, se enamora de un catedrático de historia de nombre Manuel, que decide relatarle, a lo largo de varios días, la turbulenta vida de Juana La Loca, mientras viste (y desviste) a la muchacha con trajes de esa época.

Ese recurso novelístico permite a Belli recrear las vicisitudes de la Reina Juana como si se tratase de una autobiografía. Mientras Manuel desarrolla su relato histórico, la muchacha entra en una especie de trance y asimila lo que escucha hasta el punto de identificarse totalmente con Juana. De esta identificación va surgiendo una relación autobiográfica que le da a los acontecimientos del pasado una inmediatez que los hace más interesantes.

El mismo recurso permite también a la escritora justificar que los segmentos supuestamente autobiográficos no estén escritos con el estilo que hubiese utilizado la reina (notemos el tono arcaico y reiterativo que usa Juana en el único documento auténtico escrito por ella que el libro reproduce), así como cualquier giro propio de los nicaragüenses que pueda haberse filtrado.

Los segmentos históricos son lo mejor del libro. La autora realmente se ha empapado de la historia de España y nos va transmitiendo los hechos con lujo de detalles y con tal claridad que el lector sabe, en todo momento, dónde se encuentran, de dónde vienen o hacia dónde van los personajes principales y qué motivos los llevan de un lado a otro. Lástima que ante tanta erudición, la autora se haya equivocado con el nombre del abuelo materno de Juana: es Juan II de Castilla (padre de Isabel la Católica), no Juan I.

La hipótesis de la novela es la misma expuesta por Rosa Montero en su libro Pasiones: Juana no estaba loca sino que fue declarada como tal, primero por intrigas de su esposo que quería gobernar como Rey de Castilla con una política contraria a la de los Reyes Católicos; y luego, tras la muerte prematura de Felipe, por su propio padre, Fernando II el Católico, que de esa forma podía ejercer la regencia de un reino que pertenecía por línea materna a su hija Juana. El hecho de que esta visión revisionista de la historia no sea original, carece de importancia, pues Belli lo que ha hecho es darle forma de novela. El objetivo de la novela histórica es penetrar en la psiquis de los personajes, hacerlos vivir y hablar llegando, incluso, como licencia poética, a combinar episodios y simplificar algunos hechos para darle más agilidad a la narración, todo lo cual Belli ha hecho magistralmente.

Sea o no cierta la hipótesis defendida por el libro (nunca lo sabremos), la verdad es que la supuesta “locura de amor” de Juana, provocada, según la tradición, por la muerte de su marido, benefició los intereses, primero de éste, luego de su padre y años más tarde, de su propio hijo, Carlos I de España y V de Alemania (Emperador del Sacro Imperio Romano-Germano). En todo caso, es probable que, de ser cierta esta hipótesis, Carlos estuviese realmente convencido de la incapacidad mental de su madre, a la que visitaba esporádicamente. La misma Belli en el epílogo reconoce la posibilidad de que Juana haya sufrido de bipolaridad (psicosis maníaco-depresiva) o de una depresión recurrente motivada por las difíciles circunstancias que rodearon su larga existencia.

Cuando El pergamino de la seducción llega a su desenlace, la credibilidad de la narración moderna se desploma. Habiendo creado expectativas alrededor de un cofre que la reina guardaba en su encierro y en el cual, supuestamente, estaban depositados algunos documentos escritos por ella, Belli hace uso de un recurso demasiado forzado para develar el misterio. Manuel, descendiente de los marqueses de Denia que cuidaron a la reina durante su cautiverio, sospecha que en alguno de los oscuros rincones de la mansión familiar donde reside con su tía Águeda, está oculto el cofre. Con ayuda de Lucía lo encuentra, lo abre, y bajo la luz de una lámpara de mano, lee en alta voz un documento en el cual la reina denuncia la conspiración de que fue víctima para arrebatarle el ejercicio del poder. Pero de existir dicho cofre, contendría una serie de pergaminos dañados por el tiempo y la humedad. Descifrar su significado tomaría al menos varios días y un escrutinio mucho más minucioso. La autora saca este documento (ficticio) que confirma la hipótesis sostenida por ella, como si fuera un conejo sacado de un sombrero de copa.

Peor aún, en ese mismo momento, Manuel descubre otros papeles que revelan el misterio de su nacimiento lo que desemboca en una escena de gritos y recriminaciones con su tía. Tales excesos melodramáticos me hicieron temer que la novela fuera a concluir con la mansión consumida por el fuego, a la manera de las novelas góticas. Pero no pensé que Belli se atreviera a tanto: ¡De Juana La Loca a Rebeca pasando por la (pavorosa) Casa de Usher! Sólo faltó una tormenta en medio de la noche.

Un punto positivo es que Belli ha desafiado esa creencia sostenida y generalizada, fuera y dentro de Nicaragua, de que los nicaragüenses sólo podemos escribir sobre temas nicaragüenses. La poeta nos entrega ahora una novela ambientada en la España de los siglos XV y XVI, que ha sido publicada en Barcelona por Seix Barral, una de las editoriales de mayor prestigio en el mundo. Tenemos que sentirnos orgullosos de nuestra única Mona Lisa.

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