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José Donoso (1924-1996).

Desafío a la imaginación

José Donoso con su novela, El obsceno pájaro de la noche, indaga la condición humana, va hasta su mínima expresión, al sentido de lo irremisible que conecta con el mundo decadente José Donoso (Chile, 1924-1996), cuentista y novelista, se definió como un escritor ajeno a teorías e ideologías, porque “los escritores somos hombres de intuición, […]

  • José Donoso con su novela, El obsceno pájaro de la noche, indaga la condición humana, va hasta su mínima expresión, al sentido de lo irremisible que conecta con el mundo decadente

José Donoso (Chile, 1924-1996), cuentista y novelista, se definió como un escritor ajeno a teorías e ideologías, porque “los escritores somos hombres de intuición, de iluminaciones, no de lógica ni de tratados ni de sistemas”. Deformador de la realidad y equidistante del poder. Hasta el último momento de su vida se consideró simplemente escritor. Según su hija Pilar, heredera de sus documentos íntimos, no compartió la “búsqueda de estatus” de novelistas latinoamericanos para transformarse en tribuno o político (El Mercurio, 1 de octubre del 2004). Sus obras han sido traducidas a diecisiete idiomas, merecedor del Premio de la Crítica en España en 1978 por su novela, Casa de campo y del Premio Nacional de Literatura en su país en 1990, entre otros.

Su novela, El obsceno pájaro de la noche (1970), edición Alfaguara 1997, ha sido objeto de una cantidad considerable de críticas y estudios que en general redundan en el elogio o reconocimiento de su complejidad estructural. Esta edición incluye un texto del propio Donoso intitulado Claves de un delirio: los trazos de la memoria en la gestación de El obsceno pájaro de la noche, donde refiere las fuentes nutricias y el proceso creativo que conllevó a la culminación de esta obra después de ocho años de labor.

Toda la novela es una metáfora, un gran desafío entre imaginación y realidad, un juego de apariencias, situaciones y personajes que encuentran realización en la ambigüedad, sus identidades son fluctuantes, las personalidades se pierden en rasgos comunes, se funden en la nada y el desconcierto, construyendo una trama abierta, dinámica en intrigas que surgen de un secreto familiar vuelto mito, acaso retrato de sociedades cerradas, conservadoras y decadentes. La historia se desarrolla en dos escenarios lúgubres y alucinantes: las sirvientas de la Casa de la Chimba y los habitantes de la Rinconada.

Intervienen como personajes viejas, huérfanas y monstruos, incluido el Mudito —narrador— que va tejiendo, desentrañando en confesiones, desvaríos e invenciones para reafirmarse a sí mismo en los rincones oscuros y fríos que oculta la realidad de afuera, diseñando un mundo feo y deformado de seres humanos que se hacen de imágenes y condiciones de vida con adaptación al encierro y degradación de la que son objeto. Es una especie de envés de la realidad, donde lo usual es la impostura y el caos, un fluir de historias contenidas en un mismo depósito de monstruosidades, interactuando y dependiendo entre sí, como condición indispensable para lograr no sólo su unidad sino también su supervivencia existencial.

Donoso indaga la condición humana, va hasta su mínima expresión, al sentido de lo irremisible, al profundo agujero sicológico que conecta con la formación social decadente de afuera o alrededor o en sí mismo, hundiéndose en la “casa condenada, rodeada de imbéciles, de enfermas, de miserables, de abandonadas, de verdugos y víctimas que se confunden y se quejan y tienen frío y hambre…” (p. 29). El autor juega con la realidad, deformándola; ubica el ser consciente en lo mutable y transmutable y construye pedazos de personajes para que todos juntos logren ser, irreales, perdidos en una conciencia común y ajena a la vez, donde el narrador (el Mudito) toma distancia y se sumerge tornándose personaje que confiesa, interpela, se transmuta, se asume como tal para luego renegarse a sí mismo y asumir la identidad de otro personaje hasta confundirse, diluirse y su voz va contando porque es el verdadero propósito de la historia: contar sin saber hacia dónde se conduce, a partir de la leyenda que se ubica como centro y periferia a la vez, donde la hija de un potentado es encerrada en un convento, según él por convertirse en bruja, y su nana que también lo era, se introdujo en una perra amarilla que aparece transversal en la historia como estigma. De esta manera se establece un hecho que ha de ser sustrato de la trama, enjambre de historias particulares pero dominadas por esa fuente imaginativa, por los símbolos y signos creados en el pasar del tiempo, hasta sugestionar y subvertir el poder patriarcal representado en el arzobispado y Jerónimo de Azcoitía, éste último casi ausente, “el más monstruo de todos” y “muy versado en cuestiones de política nacional” (p. 415), de quien se habla en ausencia pero que adquiere connotación por las implicaciones de sus actos que, según el Mudito, llenó la Casa de gente que quiso desaparecer, quienes sabían demasiado de su vida y de sus maquinaciones y lo entorpecen. Lo bueno y lo malo, como el concepto de belleza y fealdad, no es más que la expresión de la época y los prejuicios morales existentes.

Mi percepción apunta hacia la destrucción del mito pero para tal propósito es preciso sumergirse en él, entrar y revolcarse en el misterio, la degradación, conocerlo, verse en los espejos grises, donde cada reflejo es un tanto del todo que se vive, el niño Boy con sus deformaciones y amputaciones no es más que el estado de la conciencia, lo sórdido, mugroso y caduco, que parte del fanatismo y la ceguera, de ahí la obsesión de Inés en su gestión por la beatificación de la otra Inés, la confinada por rara, quizá rebelde, enamorada y embarazada, vergüenza de su casta, que a la postre le adjudicaron milagros, convirtiéndose así en leyenda oscura, embrión de la historia que cuenta entre vericuetos el Mudito.

Si bien se refleja lo sexual en un ambiente que ya he referido, lo obsceno no precisamente se refiere a esto sino a la oscuridad y las fuerzas perversas que actúan dentro, como verdaderos mutantes que son resultado de la perversidad de quienes se asumen castos, honorables y poderosos de nuestras sociedades, extendiendo sus miserias humanas en engendros que se anidan en rincones borrascosos, donde la verdad yace en lo monstruoso, en la fealdad que aquello supuesto bello engendró, hija del miedo, a extremo tal que “todos llevarían máscaras de seres normales, roídos por la enfermedad y destruidos por la pobreza (…) nadie reconocería a nadie” (p. 504).

La publicación está disponible en Book Center frente al Colegio Teresiano en Managua.

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