Del juego al oficio

Adornar algún espacio en el hogar, la oficina o regalar artesanía puede ser una buena elección [doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Masaya, Catarina, Niquinohomo, Masatepe y el Mercado Roberto Huembes en la capital, son una buena opción si desea conocer un poco más de este arte. Los precios de las piezas varían de acuerdo a su […]

  • Adornar algún espacio en el hogar, la oficina o regalar artesanía puede ser una buena elección
[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Masaya, Catarina, Niquinohomo, Masatepe y el Mercado Roberto Huembes en la capital, son una buena opción si desea conocer un poco más de este arte.

Los precios de las piezas varían de acuerdo a su tamaño y diseño, las hay desde 25 córdobas hasta 400 dólares.

“La piedra es antigua, la hechura es de nosotros. El trabajo de mis piezas es más apreciado fuera del país; los extranjeros no dudan en pagar 300 ó 400 dólares por las copias de diseños de jaguares”, confiesa Bracamontes.

En junio próximo realizarán en San Juan de Oriente un certamen de piezas, que promete muchas oportunidades de vender sus creaciones.

“Más que ganar un premio, el verdadero valor de este concurso es porque se abren muchas puertas para vender nuestros productos”, comentó Humberto Munguía.

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“Cuando mi mamá hacía artesanía utilitaria y mi papá trabajaba labrando la piedra, yo jugaba a hacer réplicas de piezas originales y me salían muy bien”, recuerda Gregorio Bracamontes, artesano de San Juan de Oriente.

Diez años eran suficientes para que la inteligencia de Gregorio despertara el interés de sus padres por enseñarle lo que pronto sería la pasión de su vida. Elaborar piezas como ollas, comales, platos, entre otros, fueron las primeras experiencias de este artesano de 56 años que hoy exporta sus réplicas de piezas precolombinas a Estados Unidos.

En 1977, con su participación en un taller-escuela impartido en San Juan de Oriente, en el que profesores de México, España y Alemania enseñaron nuevas técnicas a los artesanos, don Gregorio amplió sus conocimientos. “Aprendí cómo preparar y utilizar un esmalte, a manejar el torno, a hacer un horno, y conocí otros estilos de piezas”, recuerda.

La pulverización del barro y aparición del óxido también vino con esta escuela, logrando un paso importante para los artesanos de la zona, porque sus trabajos comenzaron a ser más finos.

El encanto de Oriente

Los conductores y pasajeros que circulan por la carretera que atraviesa los famosos “Pueblos Blancos”, al entrar a San Juan de Oriente son sorprendidos por una gran variedad de coloridas artesanías que terminan acaparando su atención.

El viento se desplaza suavemente, y a su paso hace sonar las pequeñas campanas de barro que cuelgan de los techos; el clin clin, es un susurro de melodía armoniosa que contrasta con el ruido de los autos que pasan cerca.

Lunas, soles, casitas, jarrones, gallinas, mariposas, sapos, ceniceros y muchos adornos más, son los compañeros eternos del paisaje de carretera y el imán de miles de turistas nacionales y extranjeros que visitan San Juan de Oriente durante todo el año .

La mayoría de estos productos sirven de adornos en paredes y corredores de las casas de los nicaragüenses, pero también trascienden las fronteras para llegar hasta países del resto de América y otras partes del mundo.

Manos creadoras

Como don Gerardo, también Pedro, su hermano, y Humberto Munguía se dedican a la creación de artesanías. Diseños precolombinos, geométricos o modernos, son la invitación perfecta para comprar.

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