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/LA PRENSA/c.cortéz

“la verdad es

Alejandro Serrano Caldera presenta un nuevo libro de obligada referencia para especialistas y estudiantes. Los Filósofos y sus Caminos ofrece sus reflexiones sobre los pasos andados por 19 pensadores universales, a lo largo de dos mil quinientos años [doap_box title=»Instituto de Ética en la UAM» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El martes 25 de abril se da la […]

  • Alejandro Serrano Caldera presenta un nuevo libro de obligada referencia para especialistas y estudiantes. Los Filósofos y sus Caminos ofrece sus reflexiones sobre los pasos andados por 19 pensadores universales, a lo largo de dos mil quinientos años
[doap_box title=»Instituto de Ética en la UAM» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El martes 25 de abril se da la apertura de curso del Instituto de Ética, Valores y Desarrollo en la Universidad Americana (UAM), a las siete de la noche en el auditorio central del campus.

El Instituto será dirigido por Alejandro Serrano Caldera, abogado y profesor universitario, quien además dictará una Lección Inaugural titulada “La ética ante los desafíos del Mundo Contemporáneo”.

El Instituto se propone efectuar estudios, análisis, seminarios, foros dentro y fuera de la universidad; sobre la ética del desarrollo, la ética del crecimiento económico, la ética social, entre otros aspectos.

El libro Los Filósofos y sus Caminos, se presentará el próximo 16 de mayo, a las siete de la noche, en el auditorio central de la UAM.

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un camino”

Sócrates recibe en su celda a sus discípulos, quienes han sobornado a los guardas para salvarlo y evitar que tome la cicuta. Su maestro ha sido condenado a muerte, pero ante su sorpresa, les brinda la última lección de ética y asume su destino.

La pintura que retrata el último discurso de Sócrates, la pesadumbre y desesperación de sus discípulos, ilustra la portada del nuevo libro de Alejandro Serrano Caldera, Los Filósofos y sus Caminos.

Dos mil quinientos años después, la decisión de Sócrates no deja de estremecer a un pensador que se impuso la tarea de recorrer los pasos de 19 filósofos universales.

“La verdad es un camino”, dice Serrano, sentado en una silla abuelita y rodeado de una tonelada de libros. “Y me viene el poema de Antonio Machado: caminante no hay camino, se hace camino al andar, la verdad se construye al andar”.

La calle está que arde a unos treinta y cuatro grados, pero en su estudio el aire acondicionado ronronea y salva de morir de insolación.

¿Qué ha motivado al filósofo a escribir este nuevo libro? “Este es un esfuerzo serio —afirma Serrano— intento hacer ver que estos filósofos, en medio de sus contradicciones y sus encarnizadas luchas para excluirse unos a otros; hay en ellos sin embargo, en el subsuelo, elementos que permiten trazar la ruta común en medio de todas las diferencias”.

En este punto, Serrano vuelve a su tesis de La Unidad en la Diversidad, la unidad en las diferencias.

La muerte de Sócrates

Háblenos de la portada de su libro. ¿Qué importancia tiene esta pintura de Sócrates?

Esta es una pintura que nos habla de la muerte de Sócrates, que está relatada por Platón, a pesar de que no estuvo durante la muerte de Sócrates. Es uno de los momentos dramáticos y trágicos de la filosofía y la civilización. No olvidemos que la civilización que vivimos nace de las construcciones de Sócrates. Todavía vivimos el horizonte de los griegos. Sócrates fue como un big bang de donde salieron todos los proyectiles, todos los fragmentos y trozos de universo y todavía estamos trabajando con ellos. Sócrates nos lanza la teoría del ser, la teoría del yo, la filosofía creada por él como amor a la sabiduría, el concepto de ente, razón, la racionalización de todo.

¿Qué refleja la pintura?

A Sócrates lo condenan y lo condenan acusándolo de vicios, que a lo mejor los tuvo.

¿Por qué vicio lo condenan?

De corrupción a la juventud. Pero en el fondo, a Sócrates lo matan por las críticas a la democracia ateniense. Él es el gran filósofo de la democracia, pero la democracia que se instala en Atenas es criticada fuertemente por Sócrates. Entonces lo condenan a muerte. Pero los discípulos, según narran los apologistas, habían conseguido sobornar a los guardas para permitirle escapar y hacer que le dieran el veneno de mentira para llevarlo a la celda, sacarlo por otra puerta y que huyera. Pero entonces, Sócrates se niega a escapar y el cuadro representa su última lección de ética filosófica donde él dice “No escapo”, agarra la copa y cumple con la sentencia, mientras se ve el pesar de sus estudiantes. Bebe la cicuta y muere.

La muerte de Sócrates es uno de los momentos cumbres de la historia de la humanidad.

Relativismo y Absolutismo

¿Qué se propone con este libro?

Me propongo, en primer lugar, plantear mi tesis en el debate contemporáneo, que fue el debate de Sócrates y Protágoras hace dos mil quinientos años.

Es un debate donde por un lado está la tesis de la relatividad de la verdad, que equivale a decir “no hay verdad”, lo que hay son momentos coyunturales y pasajeros; el ser humano no es más que una sucesión de flashes, y no existe ni ética, ni valores, ni ser, ni yo, ni relatos, ni metarrelatos. Los sofistas decían: lo que hay son verdades relativas, momentáneas.

Y por otro lado, Sócrates intentó decir lo contrario: hay verdades absolutas que la razón humana puede establecer y descubrir. Crea el racionalismo.

Entonces, este debate entre el absolutismo de la verdad de Sócrates y el relativismo de la verdad de los sofistas, se replantea actualmente. Por un lado, con la advertencia del Pontífice Benedicto XVI que previene contra los peligros de la dictadura del relativismo moral. Obviamente, está detrás de eso la propuesta de un absolutismo moral.

En la acera opuesta, está el planteamiento de los filósofos de la postmodernidad, los nuevos sofistas, quienes desde los años setenta, están planteando la relatividad de todo: de la ética, de la moral, de la política, del amor, del odio. Y también sustenta la tesis de que hay que hacer una deconstrucción de todo lo que el pensamiento racional, socrático, kantiano, cartesiano, en diferentes épocas, creó como paradigmas de la vida humana: la verdad, la razón, la justicia, el derecho y la política.

Entre esos dos extremos, me parece muy peligroso el relativismo moral que el Papa previene, porque un relativismo deconstructible hasta el infinito nos lleva al vacío total y al escepticismo absoluto, y a la inexistencia de ningún referente en la vida al cual asirse.

Pero por el otro lado, el absolutismo moral también ha llenado de sangre los caminos de la historia. Los absolutismos políticos, Hitler y Stalin son ejemplo de ello en el siglo XX. Fundamentalismos religiosos: los estamos viendo. La Inquisición de la Iglesia también responde a un absolutismo. (Y también están) Las verdades absolutas del monoteísmo de mercado, del neoliberalismo, del capitalismo corporativo transnacional.

Es decir, las guerras de ayer y de hoy, los crímenes de ayer y de hoy, son fruto del absolutismo ético-moral, filosófico, y por supuesto, también de los intereses económicos y financieros.

Yo no puedo acoger un relativismo postmoderno. No puedo aceptar un regreso de los sofistas radicalizados y colocados ya al extremo, incluso de su propia filosofía por los filósofos postmodernos. Pero tampoco puedo aceptar la intransigencia de un absolutismo que diga: el dueño de la verdad soy yo y el que no es como yo, ni piensa como yo, debe ser destruido, porque sustenta la falacia.

La verdad en filosofía

A través del examen de estos 19 filósofos que usted hace, ¿su preocupación central es qué es la verdad en filosofía?

Exacto. Y mi tesis es: la verdad es camino. La verdad se construye, la verdad es búsqueda y la verdad se manifiesta de distintas formas y en distintas épocas, tiempos y lugares. Creo que la filosofía debe tratar de buscarle la explicación de cada fenómeno, sin fundamentalismo ni absolutismo y sin negaciones totales que deconstruyen todo. ¿Cuál es la salida? Es la búsqueda de la unidad en lo diverso, es el pensamiento dialéctico, que nos hace ver que la verdad se va construyendo en la medida que se va caminando, que la verdad no aparece sino se busca, que es difícil apropiarse de la verdad como quien toma un objeto.

¿Podríamos decir que usted aplica un método dialéctico en este estudio?

Hay un método dialéctico fundamentalmente en el desarrollo de la obra. El libro es un ensayo de aplicación filosófica a la filosofía. Su tesis es que la verdad se ha ido construyendo a lo largo del tiempo. Y que esos elementos que los filósofos han tomado se expresan de una forma en una época y en otra, de otra manera.

¿Se podría pensar que se trata de uno de sus libros más hegelianos? En el sentido de que, por ejemplo, donde Hegel encuentra que la historia se compone de las distintas manifestaciones del espíritu, usted busca a través del método dialéctico, las manifestaciones de la verdad en cada uno de los pensamientos de estos filósofos a lo largo de la historia…

Fijate que podría ser así. Me hacés una pregunta que me toca a fondo como pensador, porque tenía alrededor de unos doce años de no tocar un libro de Hegel deliberadamente. Es decir, me sumergí tanto en Hegel, yo leí Hegel diez años sucesivamente, toda su obra y una gran parte de lo que se comentó sobre su obra. Y me di cuenta que estaba atrapado en un círculo hegeliano y dije: hasta aquí nomás llego porque no me deja pensar por cuenta propia.

Pero en el fondo, yo dejo un pensamiento filosófico que siento que ejerce una influencia grande sobre mí, y las influencias son buenas pero son malas también. Y comienzo a tratar de analizar y pensar los fenómenos conforme a mi propio criterio. Pero claro, no hay propios criterios en sentido absoluto.

De alguna forma, aunque yo me olvide de un pensador, en mí ya hay una formación, en donde la utilización del método dialéctico, no es arbitrario ni cae por generación espontánea, sino porque de alguna forma lo has leído. Yo creo que este libro, en alguna forma, está influenciado en la dialéctica hegeliana, por lo menos en el tratamiento que yo le doy a la filosofía, aunque en la parte de Hegel hay críticas mías a Hegel.

En este libro procuro señalar que las ideas asumen determinada expresión y son captadas de determinada forma, según el lugar, el momento, el tiempo y el espacio en que se dicen; que las ideas tienen cierta plasticidad.

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