De vuelta a la libertad

Diversas especies de animales, decomisados en mercados, semáforos y carreteras, son devueltos a su hábitat natural tras su paso por el Centro de Rescate del Zoológico Nacional Las cámaras lo esperan, listas para inmortalizar el regreso a su habitad natural, pero Panchito se asusta al ver la alfombra de hojas secas de una montaña en […]

Panchito pronto encontró una manada de su especie. (LA PRENSA/ G. FLORES)

  • Diversas especies de animales, decomisados en mercados, semáforos y carreteras, son devueltos a su hábitat natural tras su paso por el Centro de Rescate del Zoológico Nacional

Las cámaras lo esperan, listas para inmortalizar el regreso a su habitad natural, pero Panchito se asusta al ver la alfombra de hojas secas de una montaña en Cárdenas, y se aferra a su jaula de plástico como el mono araña que es. Finalmente se decide y como todo artista, al pasar los nervios hace poses antes de subir a un árbol y encontrarse con algunos de su especie.

Al igual que Panchito, muchos de los monos que habitan esta montaña cardeneña fueron liberados tras pasar por el Centro de Rescate del Zoológico Nacional.

La rehabilitación en este caso es limpiar las secuelas del vicio de algunos humanos, que capturan animales silvestres para venderlos como mascotas o alimento extravagante en algún lejano país.

En el mismo sitio que Panchito, son liberados tres pizotes y diez chocoyos, los primeros un poco forzados, quizá porque tuvieron dificultad para encontrar la salida de la jaula de malla metálica en que fueron trasladados, pero las aves se mostraron más valientes y alzaron el vuelo en cuanto se les abrió la puerta de su “cárcel”.

Bajando la colina, justo en un pequeño río, le tocó el turno a una familia de cuatro mapachines. El más valiente salió directo al agua, pero asustado regresó luego con sus hermanos; probablemente el Centro de Rescate deberá pensar en “unas clases de natación” para estos pequeños.

“Estos animalitos, por una u otra razón han llegado al Centro de Rescate por personas que los tenían como mascotas en algunos casos, y en otros los que el Marena y la Policía decomisan, que son los que llegan totalmente maltratados y los que más cuesta rehabilitar. Una vez que estamos seguros de que estos animalitos sí pueden volar, saltar o correr, en su caso, y valerse por sí solos, como el caso de los pizotes o los mapaches, es cuando los venimos a liberar”, relató Marina Argüello, directora del zoológico.

NUEVO HOGAR

Finalmente los mapachines salen y recorren su nuevo hogar. Y los liberadores emprenden el regreso, esta vez de subida.

Durante el regreso hay que hacer estaciones para garantizar que los animales no retornen a donde puedan ser capturados con mayor facilidad. Sin embargo, un pizote se aventura y debe ser ahuyentado por uno de los trabajadores de la casa de doña Marina Argüello y Eduardo Sacasa, la pareja encargada del Zoológico Nacional.

Una vez en la casa de playa de Argüello, frente al lago de Nicaragua, son liberadas siete tortugas, que no tuvieron ningún problema en nadar y adentrarse en su nuevo hábitat.

área protegida

En su nuevo hogar, Panchito, los pizotes, mapaches y chocoyos, tendrán de vecinos a trabajadores de las fincas aledañas a la montaña.

“Hacemos las liberaciones en este lugar porque hemos trabajado mucho con los baqueanos, los tiradores, los dueños de fincas, alcaldes, policía, en fin con todas las autoridades de los alrededores y les hemos hecho saber nuestro programa de liberación que hacemos”, comentó Argüello.

Actualmente trabajan en una campaña que incluye rótulos de prohibido cazar, propiedad privada, y la prohibición a los trabajadores de usar rifles 22 y tiradoras. “Aunque no sea un área protegida oficialmente, sí va a ser un área protegida realmente”, añadió Argüello.

Otras de las especies que han sido liberadas en este lugar son: tucanes, monos cara blanca y culebras no venenosas.

Amor a los animales

Como vecinos, estas especies liberadas también tendrán a algunos extranjeros que comparten con la pareja encargada del zoológico, el amor hacia los animales y la tarea de preservarlos.

Mardi Mastain, vecina de la casa de Argüello y Sacasa, vive en San Juan del Sur desde hace 15 meses, y ha trabajado en el rescate de leones en África.

“Me gustan mucho los animales, en especial los silvestres. Mi mayor deseo es cuidar de los animales y crear proyectos de agua”, manifestó, añadiendo que espera poder realizar estos planes en Nicaragua.

Mastain afirma que lleva la aventura en la sangre. “Mi bisabuela recorría de este a oeste Estados Unidos en caballos y carretas”, relató.

“Cuando era una niña yo viví en África, no estoy muy familiarizada con Centroamérica y quiero investigar en esta ocasión”, agregó.

Este deseo de investigar la región y proteger la fauna silvestre llevaron a Mastain a ser vecina de Marina y Eduardo, “para proteger la flora y la fauna e impedir las construcciones”.

Mastain se quedará a vivir en Nicaragua ocho meses al año, el resto del tiempo estará en Oregon, Estados Unidos.

Rehabilitación: tarea ardua

Argüello relató que la rehabilitación de las especies puede llevar hasta once meses. Las más tardadas son las aves, porque muchas llegan sin plumaje. “Llegan pelonas (sin plumas) porque la mayor parte de estos animalitos son las que intentan pasar de un país a otro, las roban de los nidos y en algunos casos llegan con ácaros, con enfermedades”, explicó.

Señaló que para la labor de rehabilitación se requiere un espacio bastante grande.

Argüello y su esposo donaron un cuarto de manzana de la casa de playa, para que funcionara este centro, que ahora está siendo trasladado a orillas del zoológico, en dos manzanas de tierra alquiladas por el Seguro Social en mil córdobas mensuales.

“La señora del Seguro Social nos prohibió hacer instalaciones o construcciones, y vamos a hacer construcciones que sean desarmables, para llenar los requisitos”, especificó Argüello.

La “dieta” de Panchita

La comida preferida de Panchita, una mona araña que vive en casa de Argüello, es gallo-pinto y pan. Esta dieta podría ser una de las razones por las que regresa cada vez que es liberada en la montaña.

Según Argüello, Panchita quedó tan acostumbrada a los humanos, que sería capturada fácilmente y por eso se mantiene en la casa.

Manifestó que más adelante se podría buscar una pareja para Panchita, para intentar liberarlos juntos, pero desde luego “si hacen química”, porque según Argüello, “no se trata de imponerle un novio”.

Mientras eso ocurre, Panchita continuará con su dieta típica nicaragüense y su gusto por dormir en una hamaca frente al lago Cocibolca.

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