Adolfo Álvarez, quien nació en San Jorge, Rivas, el 29 de junio de 1959, le ganó a Cuba en 1980 en Matagalpa, en un juego de fogueo y salvó otro ante Estados Unidos cuando se ganó la medalla de plata en Venezuela en 1983, a pesar que su brazo no estaba en plenitud.
Metió 15 ponches en un partido, registró una campaña de 15-2 en ganados y perdidos a nivel local, amasó varios lideratos en ponches y efectividad, y cuando colgó su brazo para dedicarse a batear, había acumulado 66-26 y 2.05 en su récord, con 710 ponches en 793 innings.
“Como te he dicho varias veces, hasta ahora que he llegado al final, veo hacia atrás, es que me percato que me fue bien en el beisbol”, señala Álvarez.
No obstante, para muchos entendidos, Adolfo es uno de los mejores lanzadores zurdos que ha producido este país, en el que se tiene como referencia a Francisco “Lefty” Dávila.
“El mejor no soy, pero sé que estoy entre los mejores de mi época”, dice Adolfo. “Mirá, hay que tomar en cuenta a Luis Cano por su inteligencia y sabiduría, a Asdrudes Flores por su durabilidad y consistencia y a Oswaldo Mairena por su valentía y agresividad, sin olvidarse de Róger López, Martín Polanco y otros que fueron muy buenos”, explica.
Álvarez se emociona con facilidad y mientras recuerda sus días como lanzador, parece estar viviéndolos de nuevo.
“Fijate que en este momento, me siento como si estuviera ponchando gente, aún siento aquel ambiente y lo voy a tener hasta el día en que muera”, confiesa, mientras amigos de él, nos acompañan y escuchan la entrevista.
¿Tu mamá aún vive?
“Sí, tiene 83 años y siempre está pendiente si algo me pasa. Le tengo mucho respeto porque luchó por nosotros cuando mi papá murió. Ella quedó viuda joven y trabajó duro como cocinera en el hospital de Rivas para sacarnos adelante. Por eso la entendí siempre en su afán de que yo estudiara en lugar de jugar, pero sé que luego se sintió orgullosa de lo que yo hacía, al igual que mi esposa y mis tres hijas”, concluyó Adolfo.
Sin duda, ese orgullo se sintió también más allá de su familia y nos salpicó a todos en el país.
