- Mojica fue un campeón sin corona en el boxeo pinolero
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La vez que el “Ratón” Mojica venció a Chionoi
Especial para LA PRENSA
Hay sucesos que perduran en el tiempo y son difíciles de borrar, también existen fechas, días, noches y hasta horas que quedan grabadas para siempre, sin que logremos erradicarlas de nuestra memoria.
Fue en los años 60, exactamente en 1968, ya Managua, “la bella novia del Xolotlán”, como la llamó Tino López Guerra, se había despojado de su traje de adolescente y sufriendo una excelente metamorfosis pasaba a un estado de mayoría de edad, que no alcanzó en toda su extensión debido a la gran hecatombe que representó el terremoto del año de 1972.
Corría entonces el año de 1968 y aquella pequeña, pero bonita capital de nuestro país, ya se daba el lujo de tener en su entorno los primeros clubes nocturnos, los cuales atraían a una pequeña cantidad de jóvenes que se quitaban el traje de místicos, para con el ruido ensordecedor de la música de Los Beatles y los contoneos de Elvis Presley, disipar el rigor impuesto por sus antecesores, quienes mantenían aún la idea de que aquello era cosa concebida por el mismo Diablo. La Tortuga Morada, La Cape y El Sapo Triste, se entronizaban como los grandes atractivos nocturnos de la capital.
Con mucha frecuencia asistíamos a las veladas de boxeo que se daban en el gimnasio nacional conocido por los que vivimos aquella época como “Doña Chepita”, debido a que estaba situado frente al Colegio de Señoritas Chepita Toledo de Aguerri, en honor a una gran educadora de nuestro país.
Fue ahí donde muchos vieron pelear por vez primera a Eduardo “Ratón” Mojica, también conocido como “El Conejo” y a quien en otras ocasiones lo había visto jugando ‘handball’ a orillas del matadero de cerdos conocido como El Chiquero, muy cerca del rastro público.
Eduardo, hijo de Julián Mojica, no aprovechó mucho las enseñanzas de su padre en el arte de la carpintería, oficio que profesaba y que era especialista en confeccionar mesas de jugar billar.¡Su mundo era otro!
Primeros rounds
El “Ratón” hizo sus primeros rounds con guantes de boxeo donde Los Rufos, en el barrio San Jacinto. Ahí estaba el hogar de los hermanos López Galeano (Efraín, Ramiro y Sergio) eternos practicantes del deporte que reglamentó el marqués de Quensberry.
Sus primeras trompadas se las tiró con un personaje a quien apodaban “Mondongo” y también con “Platanillo”. Los resultados de estas peleas del “Ratón” con sus contendores, no están registradas en su récord.
Sin nadie que en ese lugar le enseñara el verdadero arte del boxeo, el “Ratón” fijó sus ojos en el gimnasio que tenía y que dirigía en el estadio nacional, “Kid Pambelé”, a quien le deben muchos pero muchísimos boxeadores nacionales, el haberles enseñando las primeras letras en este rudo deporte, como lo es el boxeo.
Lejos, muy lejos estaba Eduardo de soñar en aquellos años 57 ó 58 con la noche que lo consagraría como el primer deportista nicaragüense que llevaría el nombre de nuestra patria a través de los más recónditos lugares del planeta.
Muy pronto estuvo Mojica en las páginas de los diarios y en las voces de los más connotados cronistas deportivos del país.
Su carrera dentro del boxeo fue meteórica, luego de enfrentarse en la rama aficionado a 23 contrincantes, a los cuales venció, saltó al mundo del profesionalismo venciendo a Carlos Varela, peleó con el “Tico” Julio Farrach, también con el costarricense Lolo Mesen, Italo Adolfo Cajina, Narciso Cantillano, Eddie Botello, el mexicano Eddie Luna, Julio Martínez, Víctor Asprilla de Panamá, Vicente Martínez, Adolfo Blanco Rodríguez, hasta que perdió su primer combate, ante el jamaiquino “Killer” Salomón.
Entre los que dirigían para en ese entonces la riendas del boxeo, veían en el “Ratón”, al hombre que podía llenar el vacío que en esos momentos tenía el deporte, ya que los “Tuzos” “Pambelé” y Francois se habían retirado hacía buen rato.
Su primer apoderado
Eduardo Aragón Valdez, sin duda alguna, uno de los hombres que en nuestro país ha estado metido más que nadie en el boxeo, se hizo cargo de manejar a Mojica y poco a poco fue concertando peleas de aspecto internacional donde el roedor siempre salía avante.
De esta manera fueron cayendo, Pedro Carvajal, Fillo Morales, “Zorrita” Garrido, Wilfredo Lama, a quien venció en dos ocasiones, también venció a Héctor Criollo, Eugenio Hurtado, éste era el quinto en el ranking de la Asociación Mundial de Boxeo.
Siguieron en orden Tony Barboza, quien en ese entonces era el noveno hombre del mundo en el ranking, además Campeón Nacional del Brasil. Le ganó a Helenio Ferreira quien ostentaba el octavo lugar del ranking, venció después a Nelson Alarcón, Campeón sudamericano y quinto en el escalafón de los moscas, hasta llegar a la pelea con Ernesto Miranda, un argentino que era el primer retador a la corona de los pesos mínimos para ese entonces.
Rumbo a la noche gloriosa
Evelio Areas Mendoza, el popular locutor deportivo, se encargaba desde hacía rato de las promociones boxísticas en Nicaragua, y el “Ratón” era su más preciada carta de presentación.
Desde hacía meses gestionaba una pelea de campeonato mundial para que el nica se enfrentara el tailandés Chartchai Chionoi. En varias ocasiones Areas había platicado con los apoderados del oriental y aquellos prometían pero no cumplían. Amen de que Chionoi tenía compromisos y uno de ellos era la defensa de su corona ante el “Alacrán” Torres, la cual se efectuó en enero del año 1968, en la ciudad de México.
Hasta allá viajó Areas Mendoza a presenciar el combate y a su regreso trajo la noticia de que la pelea estaba amarrada. Sin embargo, se pospuso en varias ocasiones y cuando definitivamente se amarró, fue pactada a 10 rounds, sin estar el campeonato en juego.
Empezó el revuelo, a nuestro país nunca había llegado alguien que ostentara una corona mundial, menos para enfrentarse a un nicaragüense. La prensa nacional y los aficionados al boxeo y también los que nunca habían presenciado un combate boxístico, se llenaron de euforia, ante semejante acontecimiento.
Chionoi llegó una semana antes del combate y Managua se convirtió en un hervidero de gentes extrañas, las cuales por vez primera llegaban a nuestra tierra y que estaban inmersos en la contienda que se avecinaba, periodistas extranjeros, gente ligada con el boxeo en cuestión de rankings mundiales, aficionados que querían ver pelear a Chionoi y al nica vinieron de Centroamérica, México y Panamá, y entre las grandes personalidades llegó el director de la revista The Ring, Nat Fleischer, quien avalaría el combate, además de querer ver pelear por vez primera a el “Ratón”.
Aquella tarde del 8 de junio de 1968 se presagiaba negro, a eso de la cuatro de la tarde empezó a caer sobre la capital una lluvia, si bien no muy copiosa, molesta.
No fue razón esto para que Managua entera se volcara a las boleterías del estadio, donde miles y miles de aficionados pagaban una cantidad que hasta esos momentos nunca se había cobrado por un programa deportivo. Se calcula que unos 18,000 aficionados llegaron a presenciar el combate, un récord en asistencia.
