Al lado de las muchas malas noticias que predominan en los medios de comunicación después de Semana Santa (muertes violentas, accidentes de tránsito, asaltos y robos de toda clase, políticos que se reparten desde ahora el botín estatal que planean conquistar en las próximas elecciones, etc.), se ha destacado una buena información que publicó LA PRENSA en su edición de ayer.
Nos referimos a la noticia sobre el incremento del turismo en la recién pasada Semana Santa, pues “la Cámara Nicaragüense de la Pequeña y Mediana Industria Turística (Cantur), que agrupa a cerca de 2,500 establecimientos en todo el país, calculó que durante la Semana Santa obtuvo alrededor de 1.5 millones (de) dólares, ya que por día recibieron a tres mil visitantes, con un gasto que alcanzó los 100 dólares por persona”. Lo cual significa, agrega la información, que hubo un crecimiento de 57.8 por ciento en relación con el mismo período del año pasado.
Por su parte la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), entidad que reúne a los “grandes” operadores turísticos del país, informó que “la ocupación fue total en la mayoría de los hoteles de playa. Y al respecto, la presidenta del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), María Nelly Rivas “explicó que la tendencia de crecimiento (del sector turístico) está sustentada, entre otras cosas, en la promoción que están efectuando en Europa y Estados Unidos, donde se hace énfasis en los destinos culturales y en los relacionados a la naturaleza y la aventura”. Sin embargo, la misma funcionaria explicó que “el turista que más visitó Nicaragua fue el centroamericano y los nicaragüenses radicados en Estados Unidos”.
A propósito de este último dato, hay quienes consideran que las cifras oficiales sobre el crecimiento del turismo son infladas, porque incluyen a los nicaragüenses radicados en otros países que vienen a Nicaragua a pasar unos días con sus familiares.
Pero la verdad es que los nicaragüenses establecidos en el extranjero que vienen a Nicaragua durante las vacaciones, sí son turistas como cualesquiera otros. Ellos gastan aquí sus divisas en sí mismos y en sus familiares, y luego regresan a los países donde residen para seguir trabajando, ahorrando y preparándose para volver a Nicaragua en las siguientes vacaciones. Además, este sector tiene la ventaja sobre los turistas extranjeros tradicionales, de que siempre será fiel al país por razones sentimentales, pues aquí están sus raíces y viven sus parientes y amistades de antaño.
Como hemos dicho en otras ocasiones, el turismo en general pero en particular el de los muchos nicaragüenses que viven y trabajan en el extranjero y vienen al país para pasar aquí sus vacaciones, es o podría llegar a ser como el petróleo de Nicaragua. El desarrollo del turismo podría sostener y expandir el crecimiento económico nacional y, por lo tanto, aumentar el empleo, reducir la pobreza e incrementar los niveles de bienestar social.
A este objetivo es que deberíamos apuntar de manera preferente al ejecutar una estrategia de desarrollo nacional, en vez de a la pretensión de seguir dependiendo siempre de la cooperación externa, que a la larga más bien es dañina porque entumece el músculo productivo de la nación y mal acostumbra a la gente a vivir del esfuerzo ajeno, en vez del propio.
Aunque el turismo es antiquísimo, su expansión inusitada a escala internacional es un fenómeno de nuestro tiempo. En la actualidad no sólo las tradicionales plazas turísticas de Europa, África, Asia y América del Norte y del Sur están manteniendo sus niveles históricos, inclusive aumentándolos, sino que también países sin mayores antecedentes turísticos están captando importantes cuotas de este mercado que se mantiene en incesante crecimiento.
Sin embargo, no sólo el incremento del turismo extranjero procedente de Europa y Estados Unidos es que el Intur debe promocionar. También y ante todo tiene que promover el turismo “sentimental” de los nicaragüenses radicados en el exterior, que ahora más bien es desincentivado por ejemplo con las exageradas tarifas de transportación aérea, debido a los impuestos gubernamentales, que hacen más caro volar desde San José de Costa Rica a Managua que a Miami, así como es mucho menos costoso ir de Miami a a San José.
Si aún así vienen al país más nicaragüenses que extranjeros, ¿qué tal si los pasajes no fuesen tan caros?