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En Nicaragua hay muchos asilos donde las personas que viven ahí se quejan de que sus familiares los dejan abandonados, por ello hay que luchar para que al adulto mayor se le mantenga en el hogar, con el calor y el afecto de sus familiares y para ello es necesario hacer conciencia en los hijos y nietos.
El adulto mayor muchas veces es relegado a segundo plano sin ninguna atención y, si no es él mismo que trabaja para defender su autoestima y defender sus derechos, se va sintiendo minimizado por la sociedad, a punto de aislarlo.
El adulto mayor es capaz de valerse por sí mismo pero, en muchos casos, sucede que las mismas personas mayores se van aislando, dicen: yo no puedo hacer eso, eso no es para mi edad, pero todo responde a mitos que señalan que la vejez es igual a enfermedad o inutilidad, lo cual en casos extremos lleva a la sobreprotección o el descuido.
En nuestra cultura se ha ido perdiendo poco a poco el respeto por el adulto mayor, no se le da validez a su opinión o a sus sentimientos, a su derecho de poder desplazarse y realizar actividades dentro de sus propias capacidades.
Tampoco hay que malinterpretar los cuidados y sobreprotegerlos porque eso hace que el adulto mayor se sienta inútil, se le puede cuidar pero respetando su autonomía, en la medida que pueda realizar actividades debe hacerlas para que se sienta útil y movilice su organismo, ya que es necesario para mantenerlos sanos.
La interacción entre las diferentes edades es muy importante para el respeto del adulto mayor, así que los familiares pueden asistir y participar de las actividades del adulto mayor para que sepan que puede producir, que tiene ilusiones, tiene creatividad y que se enamora, que no ha perdido sus capacidades sino que ha ganado experiencia y conocimiento.
La depresión es propia del adulto mayor, la persona se pone triste, las personas allegadas deben estar pendientes y preguntarle qué le pasa, platicarle, que vea lo importante que es y, además, útil pero ante todo que lo quieren, porque el amor es indispensable en todas las edades y más aun en esta etapa.
*La autora es Secretaria de la Fundación Nicaragüense de la Tercera Edad.
