- La discriminación social hace que el adulto mayor se margine
Una sociedad de adultos mayores
Estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) destacan un fenómeno demográfico de fines del siglo XX que probablemente se extenderá al siguiente se trata del envejecimiento de la población, resultado de un descenso sostenido en los niveles de fecundidad y de un aumento en la esperanza de vida. En América Latina y el Caribe suman más de 45 millones de adultos mayores.
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En nuestra cultura existen mitos que descalifican al adulto mayor, en la mayoría de los casos se cree que vejez es igual a enfermedad o inutilidad.
Para el siquiatra Humberto López, presidente de la Fundación Nicaragüense de la Tercera Edad (Funite), el siglo XX nos dejó una sociedad más envejecida; sin embargo, no hay calidad de vida para el adulto mayor debido a los mitos que hay alrededor de esta etapa.
La tercera edad es una etapa normal de la vida la cual, para vivirse plenamente, debe ser socialmente activa y sana. Una vejez sana tiene que tener una actitud de disfrute no sedentaria, activa físicamente, intelectualmente, con una alimentación adecuada (eliminar las grasas, comer más cereales, frutas, vegetales), dejar de fumar, dejar de beber fuertemente y, sobre todo, una vida socialmente activa, señaló López.
Según cifras de la Organización Panamericana de la Salud, en el 2000 existía 5.7% de adultos mayores entre el total de población (mayores de 60 años), sin embargo, hasta ahora las políticas públicas para el adulto mayor son casi nulas. En nuestro país hay muchas limitaciones y violaciones a los derechos del adulto mayor, se cree que el viejo ya no es productivo, sin embargo, sigue aportando de manera indirecta a la economía del país, porque si no fuera por las abuelas, un porcentaje alto de mujeres no podría salir de sus casas a trabajar, señaló López.
Producto de los mitos que existen alrededor de la vejez, el aislamiento es la peor consecuencia. La creencia de que el adulto mayor no puede aprender, no puede divertirse, es enfermo, es improductivo, no puede enamorarse, es incorrecta, todo eso puede hacer, porque su vida no ha terminado, simplemente pasó a otra etapa, dijo López.
Para romper con esos mitos es necesario promover en nuestra cultura la visión de que la vejez es una etapa natural de la vida que puede vivirse con plenitud y aportando a la sociedad.
López también afirmó que es necesario reconocer, respetar y apoyar el potencial organizativo de las personas mayores para constituirse en protagonistas y participantes activos de la vida en sociedad; para ello es necesario identificar las potencialidades de las personas mayores para que continúen contribuyendo al desarrollo de cada país.
Uno de los consejos de López es que las personas mayores deben ser sujetos de acción, para que las demás personas vayan viendo al adulto mayor no como una carga social sino como una parte de la población que tiene derechos, necesidades iguales que los demás, porque cuando se llega a la tercera edad no disminuyen las necesidades de habitación, de recreación, de salud, de educación, entre otras.
Afecto sin lástima
Para la licenciada Pilar Martínez, coordinadora del Programa del adulto mayor del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), es una necesidad básica para todo ser humano sentirse querido, sobre todo en la tercera edad, la cual inicia a partir de los 60 años.
Según Martínez, cuando se llega a la tercera edad ocurren muchos acontecimientos en la vida del ser humano que generan sentimientos de tristeza y soledad.
Una de las etapas que puede hacer mucho daño a la estabilidad emocional del adulto mayor, según Martínez, es la jubilación, ya que es un paso que no todos viven positivamente, porque, en primer lugar, bajan sus ingresos económicos, pierden contactos con sus amigos de trabajo, el estatus de autoridad disminuye dentro de la familia.
Otras causas de tristeza en el adulto mayor son el fallecimiento de la pareja o de sus amigos y conocidos porque hace que se vaya cerrando su círculo de contactos. La pérdida de su salud, debido a enfermedades crónicas que disminuyen su autonomía y hacen que dependa de otras personas, cambia su vida normal y cotidiana, dañando sus emociones gravemente. Pero lo peor ocurre cuando en la familia no se reconoce su contribución.
La discriminación social hace que el adulto mayor se vaya marginando porque tiene menos acceso a los espacios, por ejemplo, a una fuente de trabajo, ya que la sociedad moderna en la que vivimos, ha hecho culto a la belleza y a la juventud, dejando de un lado el reconocimiento a las personas adultas mayores que tienen gran experiencia, a simple vista se puede ver que para los puestos de trabajo demandan personas entre 20 y 35 años, señaló Martínez.
Todos estos elementos hacen que el adulto mayor se cree sentimientos de soledad, de tristeza o depresión, lo cual no es propio de la vejez sino una consecuencia de la cultura.
Martínez mencionó que hay manifestaciones sicológicas u orgánicas que nos pueden alertar cuando está pasando algo anormal en la salud emocional de nuestros adultos mayores.
A nivel sicológico se produce en la persona irritabilidad, testarudez, negativismo, estrés, sentimientos de melancolía, descuido personal y pérdida del interés por hacer algunas actividades, expresó Martínez.
Por otra parte, señaló que cualquier estímulo negativo puede hacer daño a la salud emocional del adulto mayor porque se piensa que ya no puede tener proyectos de vida. Muchas veces puede pasar que el adulto sigue aportando con su pensión a la economía de la familia pero no es reconocido, por lo cual lo puede invadir un sentimiento de desesperanza e irritabilidad.
En el plano orgánico, Martínez expresó que aparecen otras características como mareos, cefaleas, problemas cardíacos, falta de energía, falta de apetito, pérdida de peso porque es una forma de manifestar ese vacío que están teniendo.
La especialista aconsejó que es necesario prepararse para esa etapa. Por lo menos cinco años antes hay que pensar en qué haremos con el tiempo libre después de la jubilación, para que no haya sentimientos de inutilidad, ya que el envejecimiento se debe tratar como una etapa normal, sana, aceptar cada etapa con sus ventajas y desventajas, y, sobre todo, no deprimirse.
