LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Política de EE. UU. en Nicaragua

A las personas que nos reprochan porque según ellas repetimos lo que dice el Embajador de Estados Unidos, Paul Trivelli, sobre Daniel Ortega, Arnoldo Alemán y el PLC, en vez de condenarlo por inmiscuirse en los asuntos internos de Nicaragua, les respondemos con una frase memorable del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: “Yo no necesito ayuda de yanquees para decir la verdad”.

El Director Mártir de LA PRENSA se expresó así en septiembre de 1975, cuando el general Anastasio Somoza Debayle lo culpó de que el influyente columnista estadounidense Jack Anderson, escribiera y publicara tres demoledores artículos contra el somocismo, lo que para el dictador y sus partidarios liberales significaba una intromisión en los asuntos de Nicaragua y una ofensa a la soberanía nacional. Por cierto que este pasaje de la vida política del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que retrata su vigorosa personalidad y realza el sentido auténticamente patriótico, democrático y republicano de la causa que él lideraba, quien lo desee lo puede leer en la página 100 de su Diario Político, publicado en 1990.

Ahora, igual que lo dijera el doctor Chamorro Cardenal en septiembre de 1975, podemos y debemos asegurar que para decir la verdad de lo que ocurre en Nicaragua y para denunciar a los caudillos autoritarios y corruptos, no necesitamos ayuda de Estados Unidos ni de nadie. En realidad, no somos nosotros los que repetimos lo que dicen los representantes de Estados Unidos. Son ellos los que se han hecho eco de nuestras denuncias debidamente investigadas y ampliamente documentadas sobre los abusos de poder y la corrupción. Y es el Gobierno de Estados Unidos el que ha hecho propias las denuncias de LA PRENSA y de otros medios de comunicación independientes, y de los representantes de la sociedad civil y partidos políticos democráticos, acerca de los objetivos perversos y consecuencias dañinas del pacto de Arnoldo Alemán y el PLC con Daniel Ortega y el FSLN.

Nosotros siempre hemos denunciado los abusos, la corrupción y el autoritarismo gubernamental, independientemente de quienes fueran las personas y partidos que estuviesen en el poder. Por el contrario, el Gobierno de Estados Unidos respaldó a gobernantes autoritarios y corruptos cada vez que consideró que eso era lo que convenía a sus intereses. Inclusive al gobierno sandinista de Daniel Ortega apoyó Estados Unidos en sus inicios, y hasta se apresuró a financiarlo con fondos de cooperación que le habían sido congelados al gobierno somocista después de que Washington cambiara su política hacia Nicaragua y le quitara el respaldo pleno al gobierno del general Anastasio Somoza Debayle.

Estados Unidos sólo enfrentó al régimen sandinista después que éste violó los acuerdos que el FSLN había pactado en Costa Rica con el embajador estadounidense Wiliam Bowdler, para establecer un sistema democrático de gobierno en Nicaragua; y sobre todo cuando el sandinismo comenzó a exportar su revolución a los demás países centroamericanos, principalmente a El Salvador.

De manera que es plausible que ahora el Gobierno de Estados Unidos no apoye sino que más bien condene a los políticos y caudillos autoritarios y corruptos que tanto daño le han hecho a Nicaragua. Y al respecto cabe recordar también que el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, después de expresar que no necesitaba la ayuda de ningún yanquee para decir la verdad sobre los problemas de Nicaragua, le ofreció en su casa un cóctel al entonces recién llegado Embajador de Estados Unidos en Nicaragua, James Theberge, pero no para pedirle ayuda en la lucha democrática y libertaria contra la dictadura somocista, sino para demandarle que el Gobierno estadounidense no siguiera apoyando en forma directa ni indirecta a aquel oprobioso régimen dictatorial y dinástico que le negaba la libertad al pueblo nicaragüense.

La posición de LA PRENSA se inspira en el legado de principios patrióticos, libertarios y democráticos que nos dejó el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Por eso, al mismo tiempo que señalamos que el embajador Trivelli no debe inmiscuirse en la política interna de Nicaragua, también rechazamos el argumento falso de que al decir la verdad sobre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán el diplomático estadounidense ofende a Nicaragua.

Y denunciamos la hipocresía de los políticos seudo nacionalistas, que repudian la intervención extranjera sólo cuando ésta no es en su propio beneficio, y la de aquellos que condenan la ingerencia de Estados Unidos pero piden, promueven y alaban la de Cuba y Venezuela, por ejemplo.

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