Efectivamente, siempre hemos estado capturados los nicaragüenses en dependencia del Imperio estadounidense. Los Monos de San Telmo, vienen a ser metáfora que ilustra magníficamente esta actual dependencia donde algunos nos revelamos y otros como el actual Presidente, se someten con servilismo. Esto también plantea el dilema a muchos soldados que se fueron a servir en la guerra de Iraq y a exponer sus vidas sin que nadie los haya obligado; o se fueron a meter en la boca del lobo. Actualmente somos más serviles de lo que éramos hace cincuenta años.
Es una metáfora hispanoamericana que alude al imperio estadounidense y éste no tiene nada que ver con temas de cuarterías urbanas de los minipaíses. La metáfora inicial estaba referida a una explotación inhumana de carácter comercial pero, al fin de cuentas, la guerra es un gran negocio; entonces los que queden capturados en este servicio, pues, quedan como víctimas de este gran negocio. Estamos pendientes de firmar el famoso Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que no es más como ellos nos van a capturar como sus compradores obligatorios. Y este dominio económico es globalización y nosotros seguimos siendo cautivos y monos a los ojos de los estadounidenses y vendidos como mercancía. Ahora los hispanoamericanos ya no estamos dominados por las cañoneras de hace un siglo atrás sino a través de la banca internacional.
LA PRENSA LITERARIA, 11 de octubre del 2003
Yo me doy por satisfecho en el sentido que no soy un desconocido en Nicaragua, porque hay mucha gente que se ha esforzado igual que yo y permanece en la opacidad. No pretendo decir ni hacer creer que soy la lumbrera nicaragüense porque tenemos iluminándonos por encima de todo a Rubén Darío. Y se nos escapa con frecuencia el hecho que se inicia como prosista, Azul y luego todos sus cuentos que están reunidos.
No compito con la fama. Hay autores más famosos que yo y debemos hacer una diferencia entre fama y prestigio. Yo encuentro en Nicaragua autores más famosos que yo por juicios internacionales y nacionales, pero ese es el hecho y por lo demás el tiempo hace y deshace, corrige muchas cosas. Pasaron muchos años antes que reconociéramos en Rubén Darío a un gran autor, no me comparo con él, pero sí es una pauta de la lentitud del proceso que muchas veces sigue el reconocimiento literario.
El de un autor popular, eso me gustaría ser. Alguna vez me halagó que se hiciera una edición de diez mil ejemplares (de Trágame Tierra). Eso es un pequeño paso hacia delante. Estos son procesos de larga elaboración, no automáticos.
LA PRENSA 2 de enero del 2006
