El Bluefields de Lizandro Chávez Alfaro

Un breve recorrido por los últimos instantes de Lizandro Chávez Alfaro, el padre de la novela moderna; sus conversaciones, el parentesco con los mineros de Chontales y su amor eterno por el Bluefields de su infancia “Lizandro Chávez Alfaro jamás salió de Bluefields”. En sus escritos, entrevistas y conversaciones, Bluefields siempre estaba en Lizandro, han […]

El novelista Lizandro Chávez Alfaro en una de sus últimas fotografías tomada por Donaldo Altamirano hace 7 meses.

  • Un breve recorrido por los últimos instantes de Lizandro Chávez Alfaro, el padre de la novela moderna; sus conversaciones, el parentesco con los mineros de Chontales y su amor eterno por el Bluefields de su infancia

“Lizandro Chávez Alfaro jamás salió de Bluefields”. En sus escritos, entrevistas y conversaciones, Bluefields siempre estaba en Lizandro, han comentado numerosos escritores, periodistas, amigos, familiares y conocedores de sus libros de cuentos, novelas y versos como:

Hay una Selva en mi Voz (1950), Los Monos de San Telmo (1963), Trágame Tierra (1966), Balsa de Serpientes (1976), Columpio al Aire (1999); al igual suponen de su material inconcluso, del cual barajó nombres como Balcón Marino, novela que se desarrollaría en Greytown. Últimamente el poeta Julio Valle Castillo dio a conocer otros títulos como Charco Muerto o Estampas de una Revolución Pervertida, que Lizandro escribiría desde su visión de tragedia social.

Según los familiares de Chávez, tales escritos inéditos como la autoría de los libros fueron heredados al joven Adolfo Chávez, hijo de la artista mexicana Evangelina Villalón, con quien el novelista se casó en 1969. Por lo que también se puede decir que parte de su sentir familiar y vivencial está en México, donde también estudió pintura y se relacionó con grandes escritores como Juan Rulfo y Carlos Fuentes, sin embargo, es en su natal Bluefields donde añora regresar para descansar el sueño eterno de su amado caribe.

Los últimos días

En los últimos seis meses, un cáncer fatal ataca su salud pero Lizandro no deja de preguntar sobre Bluefields. En septiembre del 2005 lo entrevisté para el Centenario de Bluefields. El escritor critica la continuación de la explotación social y el marginamiento del Caribe pero desde la visión de la globalización.

Meses después le manifiesta a su hermana, Teresa Chávez Alfaro, que quiere pasar los últimos días de su vida en Bluefields. El viaje es imposible debido a su estado delicado de salud. Todos sus hermanos (Ramón, Norma, Rosaura, Margarita) se reúnen en su casa y le celebran su última Navidad. Lizandro está feliz, es una fiesta inolvidable, recuerda Teresa.

A finales de este mes de diciembre, La Academia Nicaragüense de la Lengua lo distingue como su Miembro Honorario. Posteriormente, el sábado 14 de enero del 2006, La Prensa Literaria le rinde homenaje al dedicarle su edición especial El mundo encantado de Lizandro Chávez Alfaro. La editora, Marta Leonor González, logra realizarle la última entrevista donde éste habla brevemente de la literatura y su compromiso social. Entonces su estado de salud es crítico.

Recibe la Orden Carlos Garzón

La tarde del sábado 28 de enero, el mecenas Carlos Garzón, acompañado del pintor José Alejandro Vargas, lo visitan en su lecho de enfermo para ofrecerle el reconocimiento de su Fundación. Lizandro acepta y agradece el gesto vinculando a sus raíces caribeñas, chontaleñas y de mineros, del cual tiene parientes. Así queda grabado un fragmento de su última conversación en vida:

Lizandro: … Hombre qué bueno que toda esa gente, los joyeros recojan su historia, la historia de la joyería, de la filigrana, que tuvo su primera sede en Juigalpa.

Carlos: ¿Usted nació en Juigalpa?

Lizandro: No, pero mi padre sí, Belarmino Chávez Saballos.

Carlos: Mi papá es de la Libertad, Chontales.

Lizandro: Había un montón de gente que llegó a Bluefields desde Juigalpa, que eran los que sabían trabajar el oro; y, claro que no ha faltado aquí algún empresario… No sé si usted conoció a Jacobo Beer, ese hombre tuvo su gran joyería aquí en Managua.

Carlos: Era pura filigrana

Lizandro: Sí, también estaba La Princesa…

Carlos: Sí, la Princesa era de Oswaldo Río; el otro era Jacobo Beer, que exportó a toda la gente de Bluefields. Otros fueron los hermanos Gómez.

Lizandro: Entonces con toda esa gente, cómo voy a querer acortar las distancias, al contrario, que vivan muchos años más de lo que han vivido. Y la gran sede de los filigranistas ha sido Juigalpa. Eso nadie tiene por qué confundirse. Nadie tiene por qué enredarse. Y ese señor que hemos mencionado antes, Edmundo Chávez, era mi hermano, hijo de mi padre.

Carlos: No sabía eso. ¿Él vivía por el Trébol, en la vieja Managua?

Lizandro: Por ahí…por el Trébol.

Carlos: Yo lo llegaba a ver. Por donde estaban los juzgados, media cuadra abajo. El fue mi maestro en esos años.

Lizandro: Le digo toda esa gente que tengo primo, joyeros, hermanos… y un muchacho inteligente que se perdió en el alcohol, es Ramón Alfaro.

Carlos: Claro. Hay otro muchacho, Alberto Reyes, que vive en la Colonia Managua.

Lizandro: No sé por dónde vive pero yo sé que vivía allá por el Lago. Alberto Reyes era hijo de un señor de apellido Reyes, que había sido gobernador en Bluefields. Y tanta más gente que llegó al puerto de Juigalpa. Yo estuve en Juigalpa pero mi padre sí era un juigalpino de pura cepa.

Un mes después, el pasado 28 de marzo, La Fundación Carlos Garzón y la Unión nicaragüense de artistas plásticos, UNAP, le entrega la Orden así como un diploma donde reconoce a Chávez como el “insigne escritor nicaragüense que puso en el alto el nombre de Nicaragua en la literatura latinoamericana del siglo XX”.

La esposa de Chávez, Evangelina Villalón y, Ramón Chávez, reciben en público los reconocimientos a su esposo y hermano respectivamente. Luego, en privado es entregada la Orden. El mecenas Garzón acompaña a Villalón al lecho del escritor. Garzón le impone la medalla. Lizandro sólo logra decir “gracias”. Su salud está deteriorada completamente pero aún conserva lucidez, a pesar de su debilidad.

“Adiós”: su última palabra

El nueve de abril del 2005, su hermana, Teresa Sánchez Alfaro quien fue la otra persona que estuvo en la hora final del novelista, dijo que los últimos momentos de vida de Chávez fueron de una gran serenidad. “Cerró sus ojos y fue algo inimaginable ver en él tanta tranquilidad. Esto fue algo especial que me dejó mi hermano”, expresó.

Otro con los que acostumbraba hablar con Lizandro eran sus amigos de infancia, de su Caribe eterno. Ellos son los señores D’ Trinidad, y el sobrino de Lizandro, Edmundo Chávez, con quienes solía hablar de su nativo Bluefields, de la pesca y de sus paseos de infancia por las playas del puerto.

Últimamente no leía nada. Más bien comentaba con sus hermanas fragmentos de sus libros, los que asociaba siempre a su Bluefields, a su entorno familiar, sus padres (Belarmino Chávez Saballos y Ramona Alfaro) y de sus amigos. A veces su hermana le leía pasajes de la Biblia. El se sentía muy bien escuchándola.

El final

La enfermera Miriam Cantillano al verlo angustiado pero lúcido le preguntó: “Don Lizandro, me quiere decir algo. Él la quedó viendo y le dijo escuetamente: “adiós”. A los minutos falleció. Entonces era la 1:10 minutos de la tarde del Domingo de Pascua, 9 de abril, nos relata Teresa Chávez Castillo, cuñada del escritor y pintor al que muchos consideran el padre de la novela nicaragüense.

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