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De La Bujona a El Gobiado

Puentes colgantes, senderos y cascadas de ensueño son las maravillas que ofrecen los bosques jinoteganos en una gira donde la flora y fauna salen al encuentro de los turistasturistas [doap_box title=»TOME NOTA» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Ambos lugares se pueden visitar en un mismo día, pero si desea pernoctar en alguno de ellos debe reservar comunicándose al […]

  • Puentes colgantes, senderos y cascadas de ensueño son las maravillas que ofrecen los bosques jinoteganos en una gira donde la flora y fauna salen al encuentro de los turistasturistas
[doap_box title=»TOME NOTA» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Ambos lugares se pueden visitar en un mismo día, pero si desea pernoctar en alguno de ellos debe reservar comunicándose al número telefónico 782-2719, en las oficinas de Marena. Aquí le organizarán un paquete turístico muy económico.

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Esta es la historia de una obra llamada naturaleza jinotegana. En el primer acto se visualiza una escenografía brillante, donde el viento cargado con el verde de los árboles penetra los sentidos hasta el punto de desintoxicar los pulmones.

En el segundo acto aparecen los senderos, en los que de pronto salta de un lado a otro un sargento, una pequeña ave de las más de 500 especies que circundan en la reserva natural conocida como Datanlí-El Diablo.

Así, el departamento de Jinotega, al igual que una obra de teatro de acto en acto, va abriendo su telón escénico a los turistas hasta completarles una experiencia sin par, como también ocurre con el cerro El Gobiado.

Este cerro está ubicado en la zona norte de la reserva. Quienes lo visiten pueden correr con la suerte de visualizar aves de gran belleza, como el emblemático quetzal, ya que toda la zona es considerada como el santuario de muchas especies de flora y fauna.

Pero otra de las aventuras de vivir en esta región, principalmente en la zona sur, son las esplendorosas cascadas con saltos de agua de más de 20 metros de altura, como el sitio conocido como salto La Bujona, en la comunidad La Esmeralda.

Sin embargo, antes de seguir describiendo la belleza de esta zona, el coordinador de áreas protegidas del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), Salvador Toruño, aconsejó que la primera visita fuese a La Esmeralda.

“En el sendero La Bujona se recorren 450 metros hasta llegar a la cascada. Aquí las condiciones están dadas para el turista nacional y extranjero. Es ideal para grupos de estudiantes que desean conocer más de cerca el medio ambiente”, dijo Toruño.

Unos buenos zapatos deportivos le ayudarán a descender, escalón por escalón, pero por favor no se le ocurra ir con botas de tacones altos, porque posiblemente finalice el día con fuertes calambres en las piernas, como le ocurrió a una de mis acompañantes.

Toda la travesía vale la pena, dado que al llegar a la imponente cascada en medio de una selva húmeda, da la impresión de estar en uno de esos bellos sitios que vemos fotografiados en las revistas de National Geographic.

Por aquello de la experiencia personal no está demás llevar un trajecito de baño en el bolso, porque el descenso es tan largo que el frío se convierte en calor y la caída de agua es tan refrescante, tanto para la vista como para el cuerpo, que un chapuzón no está de más.

“En la misma zona se pueden ver varios orquidiarios con más de 132 especies, así como un zoocriadero de guardatinajas, proyectos ejecutados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo”, destacó Toruño.

Un cerro misterioso

La segunda estación que el turista puede hacer es el cerro El Gobiado, majestuoso y misterioso por sus leyendas y por considerarse el hogar de muchas aves, monos, pumas y orquídeas que aportan un toque de color al intenso bosque verde.

El Gobiado está situado en la zona norte de la reserva Datanlí-El Diablo, siempre en Jinotega. Allí ofrecen cuatro cabañas que cuentan con las condiciones básicas para pasar la noche.

Dos literas para dormir, techo, tres tiempos de comida casera, una letrina por cabaña y un enorme cerro del cual se dice que en tiempos de la colonización bajaba un príncipe a robarse a los niños que no estuvieran bautizados.

Irvin Montenegro, guardaparques de la reserva, narró que del cerro se cuentan otras historias, como la advertencia que dice que todo aquel que visite El Gobiado puede comer de las frutas que él ofrece, mas no sacarlas del bosque, de lo contrario puede perderse en él.

Cierto o falso, la verdad es que este cerro ofrece una vista espectacular, además que se puede convivir con los helechos arborescentes que alcanzan hasta 12 metros de altura y una antigüedad que supera los cien años.

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