- Elección podría incidir en apertura o no a inversión extranjera en sector petróleo
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CIUDAD DE MéXICO/AP
En medio del mayor boom petrolero desde la década del 70, los dos candidatos presidenciales con mayores posibilidades de ganar las elecciones discuten si conviene abrirse a las inversiones privadas o, por el contrario, exportar menos crudo y subsidiar la gasolina que consumen los mexicanos.
El orgullo nacionalista incide en la polémica tanto como los precios al consumidor, pero el verdadero problema es otro: hallar nuevos depósitos para reemplazar el yacimiento Cantarell frente a la costa del Golfo de México, que se agota rápidamente.
Si México no toma medidas rápidamente, la cuestión de qué hacer con la riqueza petrolera podría perder vigencia: en una década tal vez no habrá petróleo suficiente para abastecer la economía.
Las mayores esperanzas de descubrir nuevos yacimientos radican en la prospección en aguas profundas en el golfo, pero la empresa estatal Petróleos Mexicanos, Pemex, carece de experiencia en esos trabajos. La ley mexicana prohíbe la inversión privada salvo en subcontratos menores, un papel de escaso interés para las grandes empresas de combustibles.
El conservador Felipe Calderón, ex ministro de Energía del presidente Vicente Fox, y el tercer candidato, Roberto Madrazo, proponen una flexibilización de las leyes para que empresas privadas puedan explorar las aguas profundas en emprendimientos conjuntos con Pemex.
El izquierdista Andrés Manuel López Obrador, empatado con Calderón en las encuestas, se opone a la inversión privada y manifiesta escaso interés por la exploración en aguas profundas. Uno de sus asesores, Rogelio Ramírez, dice que “esa actividad está fuera de nuestro alcance” y prefiere los proyectos en tierra.
López Obrador cree que se ha exagerado la importancia de las exportaciones, y prefiere hablar de canalizar una proporción mayor de las ganancias excedentes hacia la construcción de nuevas refinerías y plantas petroquímicas.
López Obrador, nativo del estado petrolero de Tabasco, sobre la costa del golfo, promete hacer del sector energético el pilar para fomentar la industrialización y el desarrollo, con una retórica que evoca la prosperidad petrolera de los 70.
En esos años, el común de los mexicanos se benefició con las riquezas petroleras de la nación, aunque generalmente bajo la forma de proyectos gubernamentales espectaculares e improvisados.
Esta vez, se administran las ganancias excedentes de manera más cautelosa, y los frutos de los precios históricamente altos del petróleo llegan a la población de manera indirecta, bajo la forma de tasas de interés bajas gracias al crecimiento espectacular de las reservas en moneda extranjera.
López Obrador quiere ayudar a los pobres, bajando los precios de la gasolina e impulsando el crecimiento.
