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Roger Clemens se confiesa en una entrevista exclusiva
ESPECIAL PARA LA PRENSA/HOUSTON
Era una mañanita que pertenecía a la Copa Mundial de Futbol y cinco minutos después de terminado el juego entre España y Ucrania, que había visto en televisión mientras tomaba el desayuno, sonó el teléfono.
—Hola— dije.
—René, te habla Carolina.
—Sí, Carolina, es un gusto escucharte.
—“René, Jay Lucas, te acaba de concertar una entrevista exclusiva con Roger Clemens. Necesitamos que estés en el parque Minute Maid en una hora y media.
—Pero, Carolina, todavía yo estoy en pijamas. Sería imposible llegar a tiempo.
—De todas maneras, vente lo más pronto que puedas”, agregó Carolina Montaño.
Montaño es la activa asistente de la vicepresidenta de mercadeo de los Astros, Rosi Hernández, y ambas planearon esta entrevista con el príncipe de Camelot, Roger Clemens, desde hace muchas lunas, y yo no estaba como para negarme, pijamas o no.
En mi larga carrera de narrador y columnista de liga mayor, he entrevistado a grandes luminarias del montículo: Johnny Podres, Dan Drysdale, Sandy Koufax, Bob Gibson, Warren Spahn, Lew Burdett, Denis Martínez, Juan Marichal, Fernando Valenzuela, Orel Hershiser, para mencionar algunas. Pero me faltaba una, el “Cohete” Roger Clemens. Así que con este ciclo, ya puedo desvanecerme, como el soldado viejo del discurso del General Douglas MacArthur.
Pues, patitas para qué te quiero. Nunca me había preparado tan velozmente como esa mañana. Puse pies en polvorosa y al llegar a la usual plaza de estacionamiento, encontré que estaba siendo usada por una competencia automovilística. Al momento de estacionarme en la calle, sonó el celular y era Jay Lucas, vicepresidente de comunicaciones de los Astros.
—Espero que hayas salido de tus pijamas— dijo jocosamente.
—Sí hombre claro que sí. Ahora ya estoy por comenzar a caminar hacia el estadio— le contesté.
—No te apures. Roger, dice que te espera y si te pierdes voy por ti— apuntó.
Al llegar al estadio, llamé a Carolina y ella me condujo a la puerta del camerino de los Astros. Allí estaba Jay y Roger, firmaba docenas y docenas de bolas, camisetas y otros recuerdos beisbolísticos. Después de contarnos unos cuantos chistes y reírnos mucho, el “Cohete” me condujo a un lugar donde no había ruido ni tráfico de personas y nos sentamos en un par de poltronas.
Para comenzar la entrevista con un poco de humor le dije que como yo hablo inglés con acento, que por favor tratara de entender el significado de mis palabras y no exactamente lo que decía. Se rió y me dijo que no me preocupara. Y así fue como comenzamos a tutearnos.
“Después de algunas aperturas en las ligas menores, siento que ya estoy en el camino”, dijo Clemens. “En las menores me he divertido, especialmente en Lexington, Clase A, donde jugué junto con mi hijo. Luego en Corpus Christi, clase AA. También me encantó jugar en Round Rock, Clase AAA, donde vi a los futuros prospectos que un día jugarán en las mayores”.
La preparación primaveral es dura, especialmente para los peloteros que no juegan pelota invernal como Clemens. Aún los jóvenes tienen dificultad de ejercitarse y alcanzar la forma deseada después de un invierno frío e inactivo. En el proceso muchos sufren de problemas en las piernas, en la espalda y en los brazos.
“Me toma tiempo preparar las piernas”, explicó el “Cohete”. “Porque tienen que estar fuertes, para propulsar la bola del montículo al plato. Esto es así porque soy un lanzador de poder. Las aperturas de este año han sido mentalmente agotadoras”.
“Tomando en cuenta el calor y la idea del regreso en la siguiente entrada durante mi enfrentamiento contra los chamacos, mi grado de concentración se fue tan arriba, que resultó agobiante. Por eso me preparo concienzudamente. Lo hago con el objeto de mantener la flexibilidad del cuerpo y la mente despejada. Como ves, este regreso, será un reto monumental para mí”.
Además del entrenamiento físico, el hecho de controlar una buena variedad de lanzamientos es otro mundo para los lanzadores. Quizá esa es la razón por la que los serpentineros llegan primero que los jugadores de posición a los entrenamientos primaverales.
“Como soy lanzador de poder, aún en los días que no puedo dominarte con mi fortaleza, tengo que lanzar y esa fue la forma como aprendí cuando era joven. En ese tiempo no lanzaba duro pero tenía un control excepcional que me ayudó mucho. Cuando llegué a los 21 años de edad, comencé a adquirir velocidad en los lanzamientos. Ahora creo que tengo bajo control la bola rápida y los lanzamientos rompientes”.
Le pedí que me indicara cuáles son los bateadores más difíciles para él. “Creo que los bateadores más difíciles para mí, ya sean de la Nacional o de la Americana, son los de contacto”, comentó Roger. A los de poder o de largo alcance, más bien busco como colocar la bola en sus zonas donde ellos la quieren. Les tiro durísimo para que le tiren duro”.
“En lo que se refiere a los de contacto, tengo que estar alerta y en los tres primeros lanzamientos colocarles una bola que los induzca a ponerla en juego para que se eliminen ellos mismos; esto es para que sus turnos no sean prolongados o para que la cuenta no sea alta. Digamos que si ponés a uno en dos strikes y continuamente batea de ‘fouls’, de súbito encuentras que le has tirado 10 o 12 lanzamientos y, como sabemos, en vez de ser un lanzador de 8 entradas, me convierto en uno de 7 o 6 por el alto conteo. En resumen, para mí, los bateadores de contacto son los más difíciles”.
Soy del parecer que a los lanzadores les encanta lanzar en estadios con techo y aire acondicionado. ¿No es cierto?, le pregunté. “Sí, claro que sí”, dijo Clemens con una carcajada sonora y con la mirada hacia el cielo. “Espero que Drayton (el dueño del equipo) mantenga el estadio cerrado y el aire acondicionado a todo vapor. Me gusta así porque tengo 43 años de edad”.
Los lanzadores son los jugadores que sufren más cuando los elementos de la naturaleza no son propicios y según Roger, el frío y el calor no le molestan del todo, aunque sean intensos. “Creo que lo que me molesta más es el viento. Cuando el lanzador está en una pierna y a punto de lanzar hacia el plato, el viento estropea la mecánica un poquito. Tienes que sentir debajo de los pies, una base sólida cuando lanzas. Si preguntas a otros serpentineros, probablemente te digan algo parecido”.
De seguro usted ha leído acerca de la clave de preparación que emplea un lanzador de más de 40 años de edad. Lea lo que me dijo el “Cohete”. “Porque soy lanzador de poder, me tengo que preparar bien”, dijo Roger. “Para esto, se toma un poco más de esfuerzo tras bastidores”.
“Si fuera un pitcher refinado, quizá no tendría que ejercitar tanto las piernas. Inicié mi carrera como lanzador de poder y trato de terminarla como lanzador de poder y no tener que cambiar mucho. La mayoría de mis amigos con quienes trabajo en el equipo, mi entrenador y otros, ven la cantidad de trabajo y tiempo que dedico a mi preparación y los cuatro días que hay entre apertura y apertura, los uso para aliviar las dolencias”.
“En todos los niveles del beisbol, verás fallas y lo único que queda es el deseo de mejorar. Los buenos peloteros se levantan del suelo, no permiten que ligeros fracasos les estropeen sus carreras. Mi mente se despeja cuando corro y ejercito en el gimnasio”.
En un juego de esos convulsionados, ¿se ha preguntado alguna vez, quién es el que está en control entre el lanzador y el receptor? “La esperanza es que ambos estén en el mismo plano”, expresó Roger.
