- Ciudad de México y el Sur se inclinarían a votar por el izquierdista López Obrador, mientras que el Norte, más rico, prefiere el oficialismo
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Conservador, religioso y acaudalado, gran parte del Norte de México apoya a candidatos que respalden esos valores, mientras que la herencia maya, la política revolucionaria y la pobreza influyen en el Sur. En medio de ambos está la Ciudad de México, donde muchos se dicen progresistas.
Al igual que gran parte del mundo, la forma en que se vota en México con frecuencia depende de la región donde se vive, pero los comicios presidenciales del 2 de julio podrían cambiar el mapa político y desmantelar aún más la maquinaria electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó la nación de 1929 hasta el 2000.
Las encuestas muestran una contienda muy reñida. Felipe Calderón —partidario de los empresarios y de la Iglesia Católica, y ex secretario de energía en el gobierno del presidente Vicente Fox, quien también pertenece al Partido Acción Nacional (PAN)—, está casi parejo con Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien renunció a su puesto en la Alcaldía de la capital a mediados del año pasado.
Aunque se encuentra rezagado en tercer lugar, el candidato ganador podría ser Roberto Madrazo del PRI, cuyo partido aún está tambaleándose después de una sorprendente derrota ante Fox hace seis años.
Los tres aspirantes modifican sus discursos de campaña para tocar los asuntos más candentes a nivel regional: en los pueblos agrícolas piden mayores subsidios al campo, en las costas hablan de promover el turismo y al visitar comunidades indígenas salpican sus textos con frases en maya o en náhuatl. Pero no pueden escapar de los valores centrales de cada una de sus plataformas.
Paladín de la inversión internacional, los valores de la familia tradicional y la globalización, Calderón espera obtener buenos resultados en el Norte del país y en Guadalajara, la segunda ciudad más grande del país. Tradicionalmente conservadora y religiosa, esta urbe es también hogar de una pujante industria de cómputo.
López Obrador comenzó su campaña presidencial con un mitin en Metlatonoc, un pueblo en las montañas que tiene el menor nivel de vida en México. Su principal promesa de campaña es mejorar la situación de los 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza, y probablemente ganará en el Sur, aunque con frecuencia los candidatos de la capital tienen pobres resultados en las regiones rurales.
El Norte de México, una región donde suelen usarse botas vaqueras y también trajes de vestir, tradicionalmente ha apoyado a Acción Nacional.
Gabriela Zamora, estudiante de sociología que vive en las afueras de Monterrey, una ciudad industrial del estado norteño de Nuevo León, dice que “la gente del Norte es trabajadora y no espera a que el gobierno la ayude. Vemos (a Acción Nacional) como más trabajador y menos corrupto que otros partidos”.
López Obrador es menos popular en el Norte que en cualquier otra parte. Pero el PRI deberá ofrecerle a Calderón una lucha reñida: sus gobernadores controlan Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, todos los Estados fronterizos del norte, salvo Baja California.
Sin embargo, los que viven a lo largo de dicha frontera con frecuencia representan un enigma electoral, especialmente en Tijuana, ciudad cercana a San Diego, California.
Tijuana es la ciudad más grande de Baja California, el primer Estado en elegir a un gobernador no priísta en 1989. Pero Jorge Hank Rhon, descendiente de una de las familias más poderosas del PRI, se convirtió en alcalde de la ciudad hace dos años y López Obrador también a atraído grandes multitudes cuando ha hecho mítines aquí.
“El candidato que le dé seguridad a la gente es el que ganará, independientemente del partido al que pertenezca”, señaló Benedicto Vargas, analista en Tijuana.
La Ciudad de México votó por Fox en el 2000, pero ha sido un bastión del PRD desde que Cuauhtémoc Cárdenas, miembro de este partido, no pudo llegar a la Presidencia en 1988 debido a maniobras consideradas por la mayoría como fraude electoral. Entonces se impuso Carlos Salinas de Gortari, del PRI.
Como jefe de gobierno, López Obrador disfrutó enormes índices de popularidad, auxiliado en parte por los generosos subsidios gubernamentales que otorgó a las madres solteras y los ancianos, y a enormes proyectos de obras públicas para agilizar el tráfico de vehículos.
“Siempre hablan todos los candidatos, pero López Obrador es el único que cumple”, dijo Ernesto Reyes, gerente de una tienda de ropa en la Ciudad de México.
Aunque el partido de Madrazo ha tenido malos resultados en la capital en los últimos años, el Estado de México —el cual rodea la capital casi completamente y es el más poblado del país— sigue siendo uno de sus bastiones. Sin embargo, aún está por verse si los votantes del PRI le serán fieles a un candidato que va en tercer lugar.
Roberto Gómez, un juez de 58 años en Toluca —capital del Estado de México— y ex director del movimiento juvenil estatal del PRI, dijo que votará por López Obrador porque no hay forma de que Madrazo pueda alcanzar a los líderes.
“Con Calderón seguiríamos en la misma situación que con Fox, favoreciendo a los grandes capitales y se frenaría todavía más el desarrollo social, señaló Gómez”.
En la Internet:
Instituto Federal Electoral: www.ife.org.mx
