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El rey a balón parado
Berlín/EFE
Si el futbol se jugara a balón parado, David Beckham sería el rey. Beckham puede hacer durante los partidos de estatua de sal en la banda derecha inglesa (o en el Real Madrid) pero cuando su pie derecho, el del guante de seda, golpea la pelota no tiene rival.
El problema es que el futbol se disputa moviendo la pelota, el eje en torno al cual gira este deporte. De ahí sus dificultades para avanzar en Estados Unidos porque allí gustan las disciplinas que se juegan con la mano.
En algunos partidos, “Becks” hace algo más que poner un puesto de fruta en la banda derecha de su equipo y se esfuerza en correr, en perseguir rivales e, incluso, en ayudar en tareas defensivas.
El jugador más mediático, y con mayores ingresos, de la historia del futbol se sintió mal durante el partido de Stuttgart, mostró claros síntomas de agotamiento y acabó vomitando, aunque aguantó hasta el minuto 87.
Inglaterra se clasificó para cuartos de forma rácana, más pendiente de que Ecuador no marcara que de volcarse en el ataque.
En ese contexto no es de extrañar que todas las esperanza de los ingleses se depositaran en el minuto 60 en el saque directo que Beckham iba a lanzar.
Beckham, que llevaba 13 partidos sin hacer gol con la selección, depositó con mimo la pelota en el césped y se alejó para colocarse en la posición ideal, imitando a los jugadores de rugby cuando lanzan los golpes de castigo. La pelota superó la barrera y entró en la portería de Cristian Mora, pegada al poste derecho.
“Atajar ese tiro era imposible”, afirmó el seleccionador ecuatoriano Luis Fernando Suárez.
