- Brasil intensifica el lobby en Washington para abrir el mercado de EE.UU. a su producción de etanol. Cada vez tiene más apoyo
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América Economía/Miami
Brasil decidió jugar al ataque para conquistar un pedazo del promisorio mercado de los biocombustibles en Estados Unidos. En una estrategia que envuelve a la diplomacia y a la iniciativa privada, el país está usando el lobby con legisladores y gobernadores estadounidenses con dos objetivos. En una primera instancia, Brasil quiere que el vecino del norte elimine o por lo menos reduzca la barrera interna de 54 centavos de dólar por galón (3.7 litros), que hace inviable la exportación brasileña directa de etanol hacia este país. Y luego, quiere estimular a Estados Unidos para que produzca etanol de manera eficiente y los dos países se conviertan en los principales proveedores mundiales de este commodity. Mientras eso no ocurra, países como Japón temen invertir en una flota más ambiciosa que use biocombustible, por el riesgo de quedar como rehenes de un único proveedor.
En el corto plazo, lo que está en juego es el gigantesco mercado estadounidense, que busca una alternativa a su dependencia del petróleo y que debe aumentar su consumo de etanol de tres a 10 por ciento en los próximos 10 años. En el largo plazo, la apuesta es más alta e incluye exportar etanol a los países que dependen del mercado mundial de crudo, dominado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y de donde viene casi el 30 por ciento del petróleo importado por Estados Unidos.
El ataque brasileño se intensificó este año. Desde febrero, la embajada del país en Washington cuenta con un funcionario que trabaja en tiempo integral acompañando las discusiones entre legisladores y gobernadores estadounidenses sobre la producción e importación de etanol en Estados Unidos. Además, el embajador Roberto Abdenur viene reservando buena parte de su agenda para buscar el apoyo de políticos locales. Ya se reunió con los gobernadores de California, Arnold Schwarzenegger, y de Minnesota, Timothy Pawlenty, dos estados que defienden la entrada del etanol brasileño como forma de reducir el precio del combustible para el consumidor local.
Consiguió también el apoyo del senador del estado de Indiana, Richard Lugar, con quien firmó un texto publicado en la prensa de los dos países en el que defienden la posición de Brasil. “Estratégicamente, hace sentido importar etanol de un país amigo y confiable como Brasil”, dice el artículo.
ANSIAS DE LIBERTAD
La confiabilidad del abastecedor puede jugar un papel importante a favor de Brasil. Este recado fue pasado hace algunos meses, cuando el presidente George W. Bush dijo que el país estaba viciado con el petróleo y que necesitaba disminuir esa dependencia. Con una política estratégica inclinada a la mezcla del etanol en su gasolina, Estados Unidos podría, en el largo plazo, sustituir por etanol los tres millones de barriles diarios de petróleo que el país compra a Venezuela.
Frente a las amenazas y el comportamiento hostil del presidente venezolano, Hugo Chávez, ésa sería una razón para que Estados Unidos repensara su dependencia al petróleo. El etanol hoy representa sólo el tres por ciento del combustible usado en Estados Unidos, mientras en Brasil esa relación es del 45 por ciento.
Los adversarios de Brasil, en tanto, son fuertes. Se trata de los productores estadounidenses de etanol de maíz (y no de caña de azúcar, como Brasil), que usan la tarifa de importación para camuflar su ineficiencia. “La mayor barrera (a la entrada de alcohol extranjero) es la industria estadounidense de etanol, que hace mucho tiempo se beneficia de la ayuda del gobierno en forma de tarifas y subsidios”, dice a AméricaEconomía el diputado por el partido Republicano de Arizona, John Shadegg.
A principios de mayo, el diputado Shadegg presentó una propuesta de ley en el Congreso estadounidense en la cual pide la suspensión total de la tarifa sobre el etanol importado por el país. Según él, el consumidor estadounidense sería el principal beneficiado por su propuesta. “En el corto plazo habría una reducción del precio final de la gasolina en los puestos de abastecimiento”, dice.
“También aliviaría los problemas de transporte y de escasez de oferta, que causan el aumento de los precios”. El precio del petróleo se triplicó en los últimos tres años y hoy ronda los 70 dólares por barril.
En la práctica, Estados Unidos consume más etanol del que produce e importar sería la decisión natural. Pero cuando se trata de energía y agricultura, el racionalismo económico se supedita al político y vence quien tiene el mejor lobby. “Tenemos oficinas de abogados trabajando para nosotros en Washington”, dice el ingeniero Alfred Azwarc, asesor de la Unión de la Agroindustria Canavieira de São Paulo (UNICA), que reúne el 60 por ciento de la producción brasileña de azúcar. “Pero ésa no es una cuestión técnica”, admite Azwarc.
A principios de mayo, Azwarc participó en un panel en Miami para discutir estrategias de entrada del etanol en Estados Unidos. A su lado estaban los representantes de la Sociedad Rural Brasileña, diputados y hasta un representante de Embraer, que habló sobre el modelo Ipanema, que en el 2004 fue el primer avión en serie del mundo en salir de la fábrica certificado para volar con alcohol. Ése fue el primer evento ligado al tema organizado por Fispal Latino, empresa que quiere posicionarse como una agencia para el desarrollo de la industria agroalimentaria latinoamericana. Otro panel está programado para el segundo semestre de este año.
Para Óscar Domínguez, presidente de Fispal en Estados Unidos, existe en el país una demanda reprimida de alcohol que no está siendo atendida porque se estableció un plazo demasiado largo para que los productores de maíz invirtieran en fábricas y tecnología.
“A ese ritmo, tomará siete años para que Estados Unidos produzca alcohol para mezclar 10 por ciento en su gasolina”, dice Domínguez. Con la apertura del mercado, ese tiempo se reduciría a dos años. “Y con esos datos en mano se está aproximando al Departamento de Comercio y de la Presidencia de Estados Unidos”.
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