Dos perros calientes para un pirata sin brújula
Ese caminadito de Johnny Depp no me convenció. ¿Vieron cómo se movía? No sé si fue idea del director pero me pareció bien raro su estilo. Pero bueno, no por el meneo le voy a dar pocos perros calientes ni tampoco por la tribu de los imbañables que sospecho, se la alquilaron a los de King Kong.
Claro, no negaré que los efectos especiales tienen su atractivo, que la historia parece interesante, pero la actuación, su extensión y su enredo, hacen caer su interés porque al final, ya dan ganas de que termine.
Esta vez Jack Sparrow tiene otra aventura en la que los protagonistas serán un corazón enterrado en una solitaria playa y Kraken, uno de esos monstruos mitológicos que los navegantes del nuevo mundo aseguraban, era capaz de tragarse un barco y todavía le quedaba espacio para un bote.
Sparrow siempre en sus líos, se ve perseguido por una multitud de personajes que quieren asarlo, matarlo, comerlo y hasta llevarlo al fondo del mar entre estruendos y más explosiones que las de las fiestas de agosto en Managua.
Según el relato, Sparrow tiene una deuda de sangre con Davy Jones, capitán del barco El Holandés Errante y amo de las profundidades del océano con cabeza de calamar, brazo de cangrejo y con unas inmensas ganas de atrapar al pirata más escurridizo de todos los tiempos.
Para rematar, está el incansable cazador de piratas Lord Cutler Beckett de la East India Trading Company (hasta se me enreda la lengua de sólo pronunciarlo) quien se esfuerza en hacerse del cofre en cuyo interior está aparentemente el misterio de toda la complicada trama.
Pero, aparte de la pirotecnia de los efectos especiales queda al descubierto el poco alcance de la película en cuanto a sus aspiraciones para convertirse en una cinta agradable. Aunque sí puede ser que a algunos engañe y a otros hasta convenza de su buena calidad, debo decepcionarlos y disentir con ustedes porque no es nada más que un caramelo con bonita envoltura. Creo que la tercera parte, tiene comprometida su existencia.