- La tala de los árboles con sus lógicas consecuencias, como el descenso en el nivel de los ríos y la muerte de las especies que habitan los bosques, son las razones que impulsan a algunos artistas nacionales a empuñar sus guitarras y levantar su voz para decir, por ejemplo: “Salvemos el planeta”
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ESPECIAL PARA LA PRENSA
Cuando el cantautor nicaragüense Martín Ruiz era un niño, recorría presuroso los verdes campos aledaños a Siuna. Se lanzaba desde las ramas de los frondosos árboles a las profundas y frescas aguas de los ríos aledaños a la comunidad. Junto a los niños del vecindario inventaba juegos que incluían la utilización de aquella vegetación selvática.
Años más tarde tuvo que viajar hacia Managua donde se estableció por muchos años. La imagen de su tierra natal, ubicada en la Región Autónoma del Atlántico Norte, permaneció en su memoria así, intacta, natural, frondosa.
La añoranza de aquellos años de infancia lo hizo regresar un día en busca de aquellos parajes que disfrutó a través de sus juegos, de sus travesuras. Quiso volver a nadar en los ríos, respirar el aire fresco que bajaba de las montañas y observar los verdes atardeceres teñidos con rayos solares color naranja. Pero… ¡Qué decepción! Todo había cambiado.
“Cuando regresé años más tarde iba con el entusiasmo de ir a nadar en los ríos, pero cuando llegué me encontré que estaban prácticamente secos, los bosques donde paseaba estaban despalados y eso fue un reencuentro no muy agradable”, dijo Ruiz.
Esta pérdida de vida en las montañas nicaragüenses lo condujeron a componer y producir música ecológica, iniciativa que también han asumido otros artistas nacionales, cuyas conciencias no les permite quedarse de brazos cruzados ante el daño que se le está haciendo a la madre naturaleza.
“Debemos tomar en cuenta la relación entre música y naturaleza, ya que la primera emana de los sonidos de la naturaleza. La naturaleza es música y la música es naturaleza”, expresó Ruiz, quien ha compuesto aproximadamente 35 temas dedicados a la naturaleza, aunque no ha grabado ningún disco profesionalmente.
Por su parte, el cantautor Philip Montalbán tiene tres discos, el último de ellos ha sido comercializado y según dijo “lo han comprado gracias a las canciones de contenido ambiental”.
Por su parte, Mario Montenegro, también compositor y cantante ambiental, tiene cuatro discos grabados y próximamente terminará otro, cuyo nombre, Canciones de Agua, deja entrever su contenido.
VARIEDAD DE RITMOS
Para estos artistas de la naturaleza, la música ecológica es un arma poderosa, llena de alternativas, puesto que con ella se conjugan un sinnúmero de ritmos y fusiones de calipso, palo de mayo, reggae y punta, lo cual la hace atractiva.
Su canto quiere llegar más allá de la armonía y atravesar los espacios más sensibles, la música de este tipo da una visión de los daños ecológicos causados y, a la vez, de las posibles soluciones para revertir las consecuencias.
“La música también educa, pero no solamente los artistas debemos contribuir en pro de la naturaleza sino todos los sectores, porque todos tenemos responsabilidad de nuestro medio ambiente”, afirmó lleno de tristeza Philip Montalbán.
Montalbán le dio a esta música otro sentido, una razón dirigida a expresarle al mundo la inconformidad que se muestra hacia la falta de misericordia para con nuestro planeta. “La situación que vivimos no está a favor de la vida. Nace del alma decir algo, estoy protestando. Queremos protestar”, dijo.
