- Lloraron, cantaron y oraron a la Virgen pero, sobre todo, demostraron tener fe y esperanza
Su fe ante todo. Pese a sus edades y a sus cuerpos encorvados y sus rostros cansados por el trajinar del tiempo, más de 150 ancianitos hicieron realidad sus sueños de visitar a la Virgen de Cuapa, precisamente donde hoy es un hermoso santuario y donde apareció hace 26 años al vidente Bernardo Martínez, ya fallecido.
Los ancianos provenían del asilo de ancianos Sor María Romero, ubicado en el reparto Las Colinas de Managua; así como de asilos de Ciudad Sandino, Monte Tabor y de Juigalpa.
“Ella es la Virgen de Cuapa y aquí está sepultado Bernardo”, expresó Lorena Argüello, miembro del equipo organizador de la peregrinación.
“¿Quién es Bernardo?”, preguntó la más anciana del grupo a quien luego le explicaron quién fue aquel campesino a quien la madre de Dios se le había manifestado en varias ocasiones para darle un mensaje de paz, amor y conversión para Nicaragua en 1980.
“¡Bendito sea Dios. Amen…!”, apenas pudo expresar con voz pausada y cansada doña Celia Antonia Ramírez, de 96 años y la mayor de todos los ancianos que visitaron este viernes a la venerada imagen de Cuapa.
Por su parte, el párroco del municipio de Cuapa, Oscar Chavarría, oró y dio un mensaje a los hermanos de la tercera edad, a quienes instó mediante una hermosa eucaristía a ser fuertes porque Cristo y su madre están pendientes de ellos.
“Cristo y nuestra virgen Madre está con ustedes, con todos nosotros. Ellos nunca nos abandonan”, expresó el sacerdote ante la mirada atenta de los ancianos.
El padre Oscar Chavarría dijo a LA PRENSA que la devoción y las peregrinaciones por la Virgen de Cuapa aumentan cada día.
“Ininterrumpidamente, las peregrinaciones, las manifestaciones, las sanaciones y la devoción por Cuapa crecen cada día”, afirmó Chavarría.
BELLA EXPERIENCIA
El seminarista Enrique Salvo, organizador de la peregrinación, expresó que la actividad la retomó motivado por la forma en que hace muchos años se hizo en el Santuario de Lourdes, Francia para motivar a fortalecer la fe de los peregrinos a quienes llevaban en trenes, surgiendo de allí milagros y sanaciones maravillosas.
Salvo expresó su satisfacción por los resultados de la peregrinación con los ancianos, expresando que buscará la forma para que este tipo de actividades peregrinas se mantengan.
“Esta experiencia para mí ha sido bellísima. El verdadero milagro del día fue verle la cara a todo los viejitos”, expresó Salvo, quien actualmente estudia sacerdocio en Nueva York.
Al final de la eucaristía, a los ancianos se les brindó un merecido almuerzo.
