Querido Padre Alberto:
Soy un hombre de 38 años y desde hace 12 estoy casado. Tengo dos hijos, un varón de 10 y una niña de 8.
Hace tres meses mi esposa y yo caímos en una crisis matrimonial, producto de la falta de interés por parte de mi esposa. También yo trabajo muchas horas diarias, un promedio de 65 horas a la semana, creo que esto influyó grandemente.
Debido a esta situación estuvimos separados por dos meses, hasta que un día la sorprendí con otro hombre, que resultó ser su jefe. Aquello me afectó mucho y todavía estoy muy molesto por esta traición.
Yo decidí irme de la casa, aunque ella me lloró y suplicó, y yo desistí de hacerlo, pues tenemos dos hijos; además de que he amado mucho a mi esposa.
Ahora tengo una gran confusión, le he perdido por completo la confianza, lo cual no sé si podré superar algún día. Ella me ha prometido fidelidad, jurando que no sabe ni cómo llegó a esa situación.
Los recuerdos de la acción de mi esposa no me dejan vivir en paz, pienso que si yo no la hubiese sorprendido aún mantendría la relación con ese hombre. En dos ocasiones he tratado de marcharme de la casa, pero ella no me lo permite.
Algunas veces pienso que a lo mejor no me quiere, que lo que tiene es temor a quedarse sola; por otra parte el hombre es casado y tiene su familia, la cual no creo que deje por un romance pasajero.
Necesito un consejo suyo.
Adalberto, el esposo engañado
Estimado Adalberto:
Todo acto de infidelidad y cada traición cometida por un ser querido causa dolor y requiere tiempo en llegar a sanar.
No cabe duda de que en el caso de un hombre traicionado por su mujer parece ser que siempre es mucho más difícil regresar a la normalidad, que cuando un hombre le es infiel a su esposa. Esto se debe a muchos factores, pero pienso que mayormente es causado por la fragilidad del ego masculino. Los hombres somos muy débiles en muchas cosas, especialmente en nuestra capacidad de perdonar y olvidar.
Tu esposa cometió un error. Sí, fue un error grave y muy penoso, pero no hizo algo criminal o inhumano; simplemente tuvo un momento de debilidad, en el cual no pensó claramente las cosas. Eso le pasa a cualquiera.
Estoy seguro de que tu esposa no es una mujer inmoral, ni estaba buscando una forma de hacerte daño. En todo caso, debes asumir tu responsabilidad ante esta situación y darte cuenta de que quizás tú causaste una gran soledad en tu esposa. Tu exceso de trabajo y tu incapacidad de tener un equilibrio entre lo que es proveer dinero y proveer cariño como esposo y padre, puede ser una gran parte del problema.
Te recomiendo que, si quieres ser feliz de verdad, hagas lo posible por prestarle atención a todas las áreas de tu vida. No te empeñes en sólo una cosa. Si buscas ser exitoso como esposo y padre, debes prestarle atención a tu esposa y a sus necesidades; igualmente a tus hijos, que estoy seguro de que necesitan de su padre.
Saber perdonar es parte de la vida. Estoy seguro de que si aprendes a perdonar a tu esposa de corazón puedes restablecer tu matrimonio y volver a ser feliz.
Un abrazo,
Padre Alberto
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