- La cerámica evidencia vestigios del orden social en tiempos de los nicaraos y los chorotegas. Descubra los preceptos por los cuales se rigieron nuestros antepasados
La cerámica ha jugado un papel importantísimo para muchos arqueólogos que buscan documentar la historia. Las culturas indoamericanas han tenido su propia identidad, la cual se ve reflejada en las artes plásticas, en ese sentido Nicaragua goza de serios estudios donde se refleja la moral en la Era precolombina.
El arqueólogo y director del Museo Nacional, Edgard Espinosa, explica que hay dos fuentes de información que se toman como referencia para la investigación de este tema: las Crónicas de Indias, escritas por Fernández de Oviedo, y los vestigios en petroglifos y la cerámica.
Así pues, temas como la prostitución, homosexualidad, lesbianismo, matrimonio, fidelidad, placer sexual y violación, de alguna manera se ven reflejados en las pinturas y piezas elaboradas a base de arcilla o barro.
En el libro de arqueología de Samuel Kirkland Lothrop, Cerámica de Costa Rica y Nicaragua, explica que “en Nicaragua hubo dos propagadores de la cultura, los nicaraos y los chorotegas”.
Asimismo, se afirma que el origen de las costumbres que se registran pertenecen en común a México y a Colombia.
Matrimonio y fidelidad
Espinosa, al entrar en materia, explica que en el caso del matrimonio, las mujeres eran objeto de bien comercial.
“El matrimonio no sólo era cariño sino que también era una relación económica y social que permitía entrelazarse con los demás grupos de poder”, dice el especialista.
Oviedo, en sus escritos manifiesta que existían varias maneras de contraer matrimonio, pero se destaca la posición privilegiada de los hombres que tenían poder, ya que éstos podían poseer varias mujeres, lo cual era bien visto por todos.
“Aunque podían tener varias mujeres, sólo una de éstas era tenida como esposa legítima, las otras eran consideradas esclavas. Al hombre que cometía bigamia se le despojaba de sus propiedades y se le exiliaba”, explica el estudio hecho por Lothrop.
El placer sexual
Espinosa detalla que contrario a lo que todos creen, las mujeres sí tenían derecho al placer, “debido a la colonización se tienen muy pocas evidencias, porque los españoles del siglo XVI eran restringidos para hablar del tema, sin embargo se sabe que el hombre solía sajarse el miembro generativo, para dar más placer a las mujeres”, señala.
En la publicación de Alejandro Dávila Bolaños, La Medicina Indígena Precolombina, se explica que “esta sajadura tenía por objetivo provocar un ojal permanente en la piel del cuerpo del pene, por donde introducían una pluma de guajolote, posiblemente para excitar mecánicamente el clítoris en el momento del coito”.
La prostitución y la homosexualidad
“La prostitución no se miraba como un oficio sucio como hoy. Una mujer a través de este oficio podía alcanzar dotes, sólo con el hecho de tener varios hombres como amantes”, explica Espinosa.
En esa época los hombres tenían que mantener a las prostitutas y hasta se podían casar con ellas. “Si la mujer que vivía de la prostitución quería casarse, podía convocar a todos sus amantes y pedir que le construyeran una casa; éstos ponían su mejor esfuerzo para hacerlo, porque ella se casaría con el hombre que haya construido la mejor vivienda”, afirma Espinosa.
En el caso de los homosexuales, se les consideraba poco dignos de ser miembros de la sociedad. “A los varones que tenían esta desviación no se les permitía ir a la guerra, porque se creía que no iban hacer leales ni bravos en la lucha”, dijo Espinosa.
Se tiene conocimiento de que los hombres eran apedreados, lo mismo se aplicaba a las mujeres que eran lesbianas, salvo que en esa época se les llamaba “pataquia”, palabra relacionada con el término “planchadoras”, según los escritos de Dávila Bolaños.
El goce del cuerpo
“Los indígenas consideraron lo sexual como un don, como un premio, como una satisfacción que los teotes (dioses) les ofrecían a cambio de la obediencia y servicios de ellos”, destaca Bolaños.
“Por ende, respetuosos y creyentes de sus dioses, tenían abstinencia sexual durante todo el largo período de la siembra y cosecha del maíz”, explica Espinosa.
