Hace dos semanas, la inteligencia británica frustró un complot terrorista para volar sobre el Océano Atlántico al menos 10 aviones de tres líneas norteamericanas (American Airlines, Continental y United Airlines). Entre los conspiradores estaba Ramzi Yousef, el mismo que ideó la voladura del World Trade Center en el 2001. Cientos de vuelos fueron cancelados. Un avión inglés aterrizó de emergencia en Italia. La Fuerza Aérea de EE.UU. desvió un vuelo procedente de Londres a Washington y otro que iba de Nueva York a Atlanta porque se encontró una botella de agua que emitía un “olor extraño”. La semana pasada, un sector del Aeropuerto Internacional de Miami fue evacuado debido a un paquete “sospechoso” dentro de una maleta. En los aeropuertos prevalece un ambiente muy cercano a la histeria colectiva.
Esto es precisamente lo que busca el terrorismo. Y para conseguirlo no necesita grandes recursos militares o económicos. Basta con tener éxito una vez y se produce un efecto boomerang. Los terroristas tienen un refrán: “Si un individuo es castigado, entonces cien más tendrán miedo”. Refrán que se cumplió el 23 de octubre de 1983 cuando el cuartel general de un batallón de infantería de marina norteamericano en Beirut fue volado con un coche-bomba con una carga explosiva equivalente a 12 mil libras de TNT. Un total de 241 infantes de marina murieron. Resultado: los norteamericanos se fueron del Líbano. Es posible parafrasear el refrán terrorista y decir: si un avión cargado de pasajeros es volado, todas las demás personas tendrán miedo de volar. Si explota una bomba en una estación ferroviaria, mucha gente deja de viajar en tren. Si EE.UU. e Inglaterra son blancos de actos terroristas, nadie los querrá visitar. Esa existencia de miedo es precisamente lo que debe evitarse.
El terrorismo existe desde que el hombre vive en sociedad. Al principio se utilizaban gritos, arcos, flechas o cuchillos. Después, espadas y cuando se inventó la pólvora, bombas. La variedad y grado de sofisticación de explosivos modernos facilita los actos terroristas en el mundo. De ahí la preocupación de que países que apoyan el terrorismo internacional, como Corea del Norte e Irán, desarrollen capacidad de fabricar bombas atómicas. Asimismo, hay diferentes tipos de terrorismo. Las guerrillas latinoamericanas han utilizado el terrorismo para matar a dictadores o derrocar sus gobiernos. Rigoberto López Pérez, por ejemplo, asesinó a Anastasio Somoza García y aunque su asesinato se glorifique con un monumento, eso no cambia la naturaleza de su acto. Lo mismo se puede decir de las distintas tomas de rehenes que se han hecho en Nicaragua, para conseguir mediante ese procedimiento terrorista concesiones económicas y políticas.
Algo similar —pero con distinto resultado— ocurrió en Munich, Alemania, en el contexto de los Juegos Olímpicos de 1972. Siete terroristas mataron a dos atletas israelitas y tomaron a nueve rehenes demandando la liberación de 200 prisioneros palestinos. Todos los rehenes, cinco terroristas y un policía alemán, murieron.
Aunque en el mundo hay muchas organizaciones terroristas, las islámicas son mayoría. Desde 1996, Estados Unidos empezó a publicar una lista de ellas que incluye a Grupo Islámico Armado (GIA), Euskadi Ta Askatasuma (ETA), HAMAS (Movimiento de Resistencia Islámica), Hizballah (Partido de Dios), Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General (FPLP-CG), etc. El terrorismo islámico aduce motivos político-religiosos para justificar sus operaciones criminales. Rechazan el modelo económico y del modo de vida occidental, la globalización, el liderazgo militar de Estados Unidos en el mundo y, sobre todo, el derecho de Israel a existir como Estado e inclusive como nación. El apoyo de Estados Unidos a Israel fue tal vez la principal causa de los ataques con aviones llenos de pasajeros contra las Torres Gemelas y el Pentágono, acción terrorista en la que más de 5 mil personas perdieron la vida sin contar los heridos y las millonarias pérdidas económicas.
Todo acto terrorista, aunque sea muy noble y justa la causa que enarbole, es cobarde, criminal y condenable. Es un delito de lesa humanidad. Una buena red de inteligencia basada en la indispensable cooperación internacional es la mejor manera de prevenir el terrorismo. Sin embargo, no basta con prevenir y frustrar ataques. Hay que destruir las redes terroristas internacionales y sancionar con firmeza a los países que las fomentan, toleran y financian.