- Erige monumento al migrante en el “Día Internacional de Migrante”
Corresponsal/Guatemala
En silencio, con mantas y pancartas, decenas de indocumentados centroamericanos marcharon este lunes en forma pacífica contra el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos, mientras la iglesia católica de Guatemala exigió frenar maltratos, vejaciones, abusos sexuales y violación a los derechos humanos de los “sin papeles” al conmemorarse el Día Internacional del Migrante.
El sacerdote Ademar Barilli, coordinador de la Casa del Migrante de Tecún Umán, Guatemala, dijo frente a una cruz de más de dos metros de altura, construida en memoria de los indocumentados muertos y desaparecidos en su viaje a Estados Unidos, que “el migrante es condenado a muerte, por autoridades y delincuentes, cuando los obligan a tomar rutas de alto riesgo”.
Por su parte, Álvaro Ramazzin, obispo de la Diócesis de San Marcos, manifestó antes de la develación de este monumento, que “esta cruz recuerde a tantos hombres y mujeres de sus sufrimientos y horrores”.
DEL SUCHIATE A ESTADOS UNIDOS
Agregó que “aquí, a las orillas del río Suchiate — que si hablara platicaría de tantos sufrimientos, de tantos dolores, de tantas tragedias— se pretende recordar el sufrimiento y el dolor de los migrantes, las muertes de tantos. Tenemos que luchar para que cambien las condiciones de los migrantes, para que se terminen los abusos y sufrimientos”.
Ante decenas de centroamericanos, que en las próximas horas intentarán cruzar el río Suchiate para llegar a Estados Unidos, el alto prelado de la iglesia católica enfatizó: “el problema migratorio no solamente afecta a los guatemaltecos, sino a toda América Central y México”.
Desde este pequeño pueblo, mejor conocido como la “Tijuana guatemalteca”, Ramazzin hizo un llamado al gobierno de México para que condene la política rígida y negativa de la administración del presidente norteamericano, George Bush.
UN VERDADERO VÍA CRUCIS
“Yo reafirmo el compromiso que los obispos asumimos, de salir a la defensa de los hermanos migrantes, hombres y mujeres; de salir a la defensa de sus derechos, de promover una participación solidaria en nuestras comunidades”.
En tanto, Ademar Barilli leyó un manifiesto a nombre de la Oficina de Derechos Humanos, la Casa del Migrante y la Pastoral de Movilidad Humana de San Marcos, en donde manifiestan su profunda preocupación por la política migratoria contra los “sin papeles”.
En el documento señala que el fenómeno migratorio para miles de migrantes se ha convertido en un verdadero vía crucis, por el sufrimiento y dolor que les acompaña a lo largo del camino, provocado por actos de vandalismo sistemáticos que denigran su dignidad humana.
El migrante es hostigado por personas pertenecientes a las redes del crimen organizado internacional, que con fines económicos trafican con él y, en el peor de los casos, los hacen víctimas de la explotación sexual comercial, esclavitud, servidumbre, trabajos forzados, explotación laboral y extracción de órganos.
“NO ME LLAMES TERRORISTA”
“La migración indocumentada y forzada es la que siempre soporta el peso de la cruz cuesta arriba, producto de estructuras económicas que han consolidado la pobreza y pobreza extrema de la población”, enfatizó el sacerdote.
La salvadoreña Miguela Reyes Calvo, quien declinó hablar del tema por temor a posibles represalias, señaló la manta que portaba en sus manos en donde decía: “No habrá migración forzada si hay justicia y paz”.
Otra de las mantas era contundente en sus frases: “No me llames terrorista, soy migrante, busco trabajo y vida digna”. Sin olvidarse de las vejaciones y maltratos que se cometen en territorio chiapaneco.
Tres migrantes que participaron en la marcha pacífica que recorrió las principales calles del poblado fronterizo de Tecún Umán y que sólo se identificaron como Alejandro, Manuel y Margarita, presuntamente de origen hondureño, externaron su preocupación por cruzar territorio chiapaneco.
ATEMORIZADOS
-¿Hay temor?
-“Sí, sabemos que no solamente quieren nuestro dinero, sino también a las mujeres, pero nuestra necesidad es más grande, tenemos hijos y familia que mantener, allá no hay trabajo y el poco es mal pagado”, dijo uno de los viajeros.
-“¡Voy por necesidad!”, dice con voz quebrada Margarita, una joven mujer de extracción campesina, que dejó en su pueblo, a Irene, su hija de tres años de edad.
Jesús Alcocer Fernández es un ebanista nicaragüense, de 26 años, que pretende llegar a Nueva Orleáns, en donde un primo le asegura que hay trabajo y la migración no los molesta, ya que participan en la reconstrucción de ese estado que hace un año fue azotado por el huracán Katrina (25 de septiembre de 2005).