LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Hoy la alcaldía de Managua tiene programado develar la estatua a Rigoberto López Pérez, un monumento supuestamente financiado por miembros del partido sandinista, pero que ha dividido a la opinión pública nacional. (LA PRENSA/C.Cortéz)

Acto suicida de Rigoberto López Pérez

Después de disparar contra Anastasio Somoza García, un cabo de la Guardia lo desnucó con un fusil Garand y luego le pegaron 54 balazos El periodista Ignacio Briones Torres conoció a Rigoberto López Pérez en 1951 en San Salvador y lo vio vivo por última vez una semana antes de los sucesos del 21 de […]

  • Después de disparar contra Anastasio Somoza García, un cabo de la Guardia lo desnucó con un fusil Garand y luego le pegaron 54 balazos

El periodista Ignacio Briones Torres conoció a Rigoberto López Pérez en 1951 en San Salvador y lo vio vivo por última vez una semana antes de los sucesos del 21 de septiembre de 1956.

Briones Torres le siguió el paso a la vida del poeta y desde 1979 ha recopilado material inédito sobre la vida de López Pérez, para escribir una biografía que desde hace tres años está por finalizar y en la que se recogen datos inéditos sobre la vida de este leonés que nació el 13 de junio de 1929 en el barrio El Calvario, de la ciudad de León.

Hijo de Soledad López y don Francisco Pérez, fue bautizado en la Catedral de León con el nombre de Pascual Rigoberto. Siendo todavía un infante, su padrino de bautismo, el reverendo Agustín Hernández lo internó en el Hospicio de San Juan de Dios, donde estudió la primaria y el oficio de sastre, con el que empezó a obtener su primeros ingresos que compartía para el alivio de la pobreza familiar y el costo de sus estudios de Redacción y Taquimecanografía en la Escuela de Comercio Silviano Matamoros.

Entre 1950 y 1956 realizó varios viajes a El Salvador, donde conoció a exiliados y enemigos de Somoza, como el ex capitán de la Guardia, Adolfo Alfaro y otros, de quien presuntamente nació la idea de matar al dictador.

Ya en León, se hizo acompañar en su complot por Edwin Castro Rodríguez, quien a su vez enroló en el proyecto a otras personas como Cornelio Silva y Ausberto Narváez, para elaborar un plan de escape para que el tirador de Somoza pudiera salir con vida del atentado.

VESTIDO PARA MATAR

El 21 de septiembre, sin estar listo el plan de escape, López Pérez se vistió de pantalón azul y camisa guayabera blanca. Una mujer hasta ahora desconocida introdujo escondido al local de la Casa del Obrero un revólver calibre 38, cañón de dos pulgadas, pavón azul, marca Smith and Wesson, gatillo corto, con tambor de cinco cartuchos y cinco balas del número 74605.

Los testigos dicen que Rigoberto López Pérez se acercó bailando por el centro de la pista hasta quedar a cinco o seis metros de donde Somoza leía despreocupado un periódico mostrado en ese instante por el periodista Rafael Corrales Rojas, amigo de López Pérez, que es quien finalmente reconoce, ya masacrado el cuerpo, la identidad del susodicho.

Que a esa distancia sacó el arma con la mano derecha y disparó cinco veces sobre la mesa hacia las partes bajas del abdomen de Somoza, en procura de alcanzarlo en un lugar fuera de la protección del chaleco antibalas.

Dice Agustín Torres Lazo, el fiscal que llevó el caso, que casi al momento que Rigoberto terminaba de disparar, un cabo de apellido Lindo, le descerrajó un culatazo salvaje entre la nuca y la quijada, y que acto seguido, repuestos de la sorpresa, los agentes de seguridad descargaron hasta 54 tiros de todo tipo de armas contra el cadáver, al que luego llevaron arrastrado a la calle, tiraron en un jeep, llevaron al comando de León, y de ahí lo trasladaron a Managua, donde se perdió para siempre el rastro del cuerpo.

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