LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Aura Lila Borge construye una casa en Jalapa con el dinero que le manda su esposo de Houston, Texas. (LA PRENSA/RENÉ ORTEGA)

Pueblos “viejos”

Son miles de personas las que mes a mes pagan con dólares los abonos de préstamos, en municipios del norte del país como El Jícaro y Jalapa, donde el ingreso de remesas ha tenido un repunte durante el último año porque los jóvenes se han ido [doap_box title=»Más pasaportes» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La Dirección General de […]

  • Son miles de personas las que mes a mes pagan con dólares los abonos de préstamos, en municipios del norte del país como El Jícaro y Jalapa, donde el ingreso de remesas ha tenido un repunte durante el último año porque los jóvenes se han ido
[doap_box title=»Más pasaportes» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La Dirección General de Migración y Extranjería registra este año un aumento en las solicitudes de pasaportes en sus oficinas de Ocotal y Somoto.

Durante todo el año 2005, Migración extendió en Ocotal 942 pasaportes nuevos y revalidó 378. En cambio, en el 2006, entre enero y agosto, emitió 1,022 pasaportes nuevos y revalidó 223, lo que indica que en ocho meses la solicitud de pasaportes nuevos tuvo un incremento del ocho por ciento.

Un analista de Migración comentó que ese aumento en la entrega de pasaportes nuevos en Ocotal puede pasar del 10 ó 15 por ciento en lo que resta del año, porque las solicitudes son mayores en noviembre.

En Somoto, durante el año 2005 Migración otorgó 490 pasaportes nuevos, mientras que de enero a agosto del 2006 entregó 560, lo que refleja un incremento del 12 por ciento y la posibilidad de que suba más en los últimos cuatro meses del año.

En las estadísticas de Migración es difícil detectar cuántas personas de Nueva Segovia y Madriz han salido, sólo con cédula, hacia El Salvador, Honduras y Costa Rica, porque en los puestos fronterizos sólo registran el número de la identificación de la persona y su destino, nunca su procedencia.

“Sólo sabemos que mucha gente viaja a El Salvador con intenciones de trabajar, sólo con su cédula, porque allí no tienen problemas migratorios como en Costa Rica”, indicó el analista de Migración, quien pidió el anonimato por no tener autorización para informar.

Llama la atención sí que en el año 2005, más de 2,300 personas de Estelí solicitaron salvoconducto para viajar a los países del CA-4 (Honduras, El Salvador y Guatemala), porque carecían de cédula y sólo portaban la colilla del trámite de ésta que les extendió el Consejo Supremo Electoral (CSE).

Más ganado

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y florecientes

La mujer vuelve a ver a la calle, casi desolada a las tres de la tarde, y afirma: “Aquí quedó solo, aquí jóvenes no hay”. Sin embargo, al declinar el sol, en una u otra esquina de El Jícaro es posible ver adolescentes sentados. “Los que no se han podido ir van a ver para dónde cogen después de las elecciones”, explica Consuelo Torres.

Ella posee una tienda pequeña en su casa, pero su economía depende de las remesas que le mandan de Los Ángeles, California, sus hijos Luis Alfonso y Edgard. Uno trabaja en un restaurante y el otro en una pastelería y ambos tienen la meta de volver a El Jícaro, Nueva Segovia, cinco o seis años más tarde con los ahorros suficientes para comprar tierra y hacer sus casas.

“La ayuda de ellos me ha servido para mantenerme en el negocio”, dice Consuelo, quien admite que usa parte del dinero de las remesas para pagar las cuotas de un préstamo adquirido en una microfinanciera local. “Así es, la gente que recibe sus dólares paga sus jaranas, también han comprado sus tierras y tienen sus animales…”

El crecimiento de la población en El Jícaro ha sido poco en la última década, según los censos nacionales. En 1995 este municipio tenía 22 mil habitantes y en el 2005 llegó a 25,900 pobladores.

En cambio, la población migrante en El Jícaro ya supera el 20 por ciento, el promedio nacional estimado, según la apreciación de organizaciones que trasladan remesas y ofrecen financiamiento en la zona, porque ninguna institución estatal tiene una estadística en ese campo.

“Hay un grueso de gente joven que está afuera unas seis mil personas tal vez”, calcula Ramón Méndez, administrador de la Cooperativa de Servicios Múltiples Santiago, la única institución en El Jícaro que transfiere remesas familiares desde el exterior, en alianza con empresas transnacionales como Money Gram.

“Semanales son 20 mil dólares en remesas eso le pago a los beneficiarios”, afirma Méndez, quien ha observado un crecimiento rápido del monto de dinero recibido en el último año.

“Distribuíamos 500 ó 1,000 dólares a la semana, pero desde hace ocho o nueve meses ha habido una ascendencia y ya vamos por 20 mil dólares semanales”, explica. “Es que los muchachos empezaron a irse en grupos de 10 a 12 cada quincena”.

El profesor Rúrico Castellón lo confirma: “La mayoría de los jóvenes entre 25 y 30 años van de viaje, algunos son profesionales. Si no hay una respuesta del gobierno nacional al problema de la migración, no sé qué vamos a hacer…”

A Castellón, quien ya se retiró de la docencia pero sigue activo en el Comité de Desarrollo Local de El Jícaro, le preocupa que su municipio se atrase por falta de “cerebros” y fuerza laboral. “Hasta los profesores están buscando cómo irse también para España y Estados Unidos”, señala.

MÁS DE US$60 MIL EN ABONOS

Ramón Eulalio Larios vive en la comarca San Diego, un caserío habitado por unas 300 personas, de las que más de 50 han emigrado a El Salvador, Costa Rica o Estados Unidos. Él hace cuentas en silencio y dice con seguridad: “De cada casa aunque sea uno se ha ido y todos mandan, como cien dólares mensuales”.

Larios es gerente de la Fundación para el Desarrollo de Nueva Segovia (Fundenuse), en El Jícaro, donde atiende a 1,279 clientes y, según lo que ha oído, estima que arriba del 30 por ciento de la población del municipio (más de siete mil personas) se ha ido del país en busca de trabajo en los últimos años, aunque algunos van y vienen cada mes a El Salvador.

“Aquí viene la gente a que les cambiemos dólares, pero no tenemos ese servicio; sólo los agarramos en pago”, asegura.

Fundenuse tiene oficinas en diez municipios del norte de Nicaragua y cada mes recauda entre 60 mil y 100 mil dólares en abonos que los clientes pagan con el dinero de las remesas que reciben de sus parientes en el exterior. “Por eso, casi no compramos divisas”, afirma el gerente financiero de esa institución, Eduardo Gutiérrez.

LA OTRA JALAPA

Omar Acuña trabaja como carpintero en Houston, Texas, desde hace dos años, mientras en Jalapa su esposa, Aura Lila Borge, levanta una pequeña panadería y una casa, con el dinero que él manda mes a mes.

Omar trabajaba en Nicaragua como técnico agropecuario y decidió viajar indocumentado a Estados Unidos, con ayuda de amigos, convencido de que era la única vía para hacer su empresa productora de pan y construir la vivienda a su familia.

“Conseguimos un préstamo de seis mil dólares para la casa y cada mes pago 300 dólares de abono, que él me manda”, cuenta Aura Lila. “Después de la casa, queremos comprar un vehículo para repartir el pan porque ahora lo mandamos a vender en bicicleta”.

Mientras los jóvenes buscan cómo irse del país, los negocios se avivan en algunos municipios segovianos. “Las mujeres y los adultos son los que han quedado trabajando”, explica Ramón Eulalio Larios. “Las mujeres compran tierras o ganado con las remesas”.

Una manzana de tierra en zonas planas tiene un precio promedio de 30 mil córdobas (US$1,675), en El Jícaro, donde el 82 por ciento de la población habita en el campo y el 18 por ciento en el área urbana, aunque el 10 por ciento de ésta se dedica a la agricultura.

En el poblado de Jalapa, los cambios que provocan las remesas se observan más en la construcción. Aunque las calles de esta cabecera municipal parecen en mal estado, a los lados se observan viviendas nuevas o en construcción, en parte producto de las remesas familiares.

ADIÓS A LA FINCA

Jorge Isaac Zeledón trabajó en la finca de su mamá, Rosa Emilia Rodríguez, hasta hace dos años, cuando prefirió buscar un futuro mejor en Estados Unidos. “Decidió irse porque la finquita no daba tanto, es más lo que se le mete que lo que da; esa tierra es como un dinero que ahí está, como ahorradito”, justifica ella.

La suerte de ambos mejoró porque Jorge Isaac, quien acaba de cumplir 30 años, trabaja hoy en una fábrica de metales en Los Ángeles, California, y Rosa Emilia recibe una remesa de 200 ó 300 dólares por semana, dinero que está empleando en la reconstrucción de su casa y en negocios.

Rosa Emilia instaló una venta de ropa y sus principales clientes también son personas que reciben dinero del exterior. “Las remesas aquí en Jalapa son las que hacen el negocio”, relata. “Yo le doy crédito a la gente cuando sé que reciben sus remesas”.

Igual que Jorge Isaac, otros jóvenes jalapeños han emigrado, aunque es difícil saber con exactitud cuántos. El Censo Nacional tampoco ha mostrado datos migratorios de las familias nicaragüenses. “De aquí se van seguido”, dice Rosa Emilia. “Semanal me doy cuenta que se fue fulano o la fulana y aquí eso es lo que se mira en movimiento, el dinero que viene de Estados Unidos”.

Además de su hijo, ella tiene en Estados Unidos a dos hermanos, seis primos y “bastantes sobrinos que ya ni me acuerdo cuántos”.

FUENTE DE PAGO

Una maestra jubilada en Somoto, Esperanza Martínez Avilés, afronta su retiro en mejores condiciones que si dependiera de la pensión del Seguro Social, 1,600 córdobas (US$89.00), porque su hijo en Estados Unidos le garantiza un giro mensual que le ha permitido hasta emprender negocios propios.

El hijo, Martín Balladares, vive en Miami y ella se dedica hoy a la construcción de la casa y a la fabricación de artesanías y piñatas, que también le permiten otro ingreso.

“Yo no despilfarro este dinero, porque yo sé lo que les cuesta (a los migrantes). Yo estuve allá (en Miami) cinco meses y vi cómo se lo ganan, sin descanso, sin horario… Hay que saber aprovechar ese dinero porque no toda la vida van a estar allá”, reflexiona Esperanza.

Rosalpina Hernández conoce bien cómo ha cambiado el movimiento del dinero entre el campesinado del norte de Nicaragua, porque ha manejado agencias microfinancieras en La Trinidad, Condega y Jalapa, lo que la lleva a pensar que “en la zona rural la gente ya no está cultivando, sino que se está yendo a trabajar fuera del país”.

En el municipio de La Trinidad, según Hernández, hay familias que reciben en promedio 300 dólares por mes del exterior y “alguna gente se va seis meses y vuelve, porque recogen (dinero) para capitalizar sus negocios”.

“En Condega la mayor parte de la gente recibe remesas de Costa Rica, entre 100 y 200 dólares mensuales, y solicitan créditos para construir o mejorar viviendas”, explicó.

Hernández, quien es ahora gerente en Jalapa de la sucursal de Fundenuse, se propone fomentar el crédito educativo, para que los hijos de los migrantes puedan concluir sus estudios y utilizar las remesas como fuente de pago.

Ni los colegios de primaria y secundaria han sido afectados por la emigración en esos municipios del norte. El departamento de Nueva Segovia muestra un crecimiento en la matrícula de educación media cercano al 28 por ciento, entre los años 2001 y 2005. El problema, según el profesor Rúrico Castellón, de El Jícaro, es que se están yendo los jóvenes más preparados, ya bachilleres o profesionales.

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