CORRESPONSAL/CALIFORNIA
Con una misa campesina en la iglesia Corpus Christi, en la ciudad de Fremont, 85 kilómetros al sur de San Francisco, más de doscientos nicaragüenses iniciaron con fe una tardeada destinada a reunir fondos para contribuir con los niños desamparados de Diriamba, Nicaragua.
La misa fue celebrada por el sacerdote Gustavo Zúniga, párroco de la Basílica San Sebastián, de Diriamba, quien vino expresamente para apoyar al comité que ayuda a cristalizar sus obras de beneficencia.
Los nicaragüenses de todas las edades y de los nueve condados del área del norte de California colmaron el salón de eventos y la cancha de basquetbol de la iglesia Corpus Christi y agotaron la comida criolla nacional, desde nacatamales, vaho, gallo pinto con tajadas y queso, vigorón, panes, bebidas y refrescos.
En esta alegre kermés, desbordante de gente deseosa de ayudar a los niños y pobres de Diriamba, no podían faltar las danzas nicaragüenses por lo que el grupo de Héctor y Marlene Silva deleitó a los presentes con temas de marimbas y hasta palo de mayo.
El religioso comentó que “tenemos el centro pastoral Sagrados Corazones de Jesús y María que está a un costado de la Basílica San Cristóbal, en un predio donado para su edificación, desde este lugar hacemos posible con muchos esfuerzos cubrir las necesidades básicas de los niños, algunos de los que les dicen de la calle, otros de hogares sin recursos”.
Agrega que “atendemos a un número variante e impredecible de niños que va desde doscientos a doscientos cincuenta o más, a los que se les provee de lo que podemos, entre calzado, vestimenta y alimentos”.
El sacerdote señaló que también imparten catequesis, evangelización, orientación para adictos al alcohol y las drogas, a sus familias que son codependientes de esta situación, guía matrimonial y animación espiritual.
El centro pastoral tiene cinco años de trabajar, pero “aún hay mucho que hacer porque la pobreza es mucha y los necesitados son un sinnúmero y lo que hemos hecho hasta ahora es sólo un granito de arena en una playa de nada”, dijo el cura.
“Todo lo hacemos con la ayuda de Dios, de la Iglesia y comités de apoyo” como éste en Fremont, California.
