- Carmen Macías trabaja en una oficina de asistencia legal donde orienta a los hispanos sobre sus derechos
[/doap_box]
Corresponsal/ los Ángeles
En Twin Falls, Idaho, una ciudad esculpida en el centro de las montañas rocosas entre ríos y cataratas y donde el ocho por ciento de sus 34 mil 469 habitantes son hispanos, ahí vive la nicaragüense Carmen Macías.
Ella trabaja incansablemente para que el desconocimiento de las leyes y el idioma no impidan que los latinos residentes en el área reciban los beneficios de la justicia.
Para esta nicaragüense nacida en León, el mejor pago que recibe por los servicios que presta en una oficina de asistencia comunitaria es ver una amplia sonrisa en la cara de aquellos que llegan solicitando sus servicios.
De carácter alegre y fácil comunicación, Macías salió de Nicaragua a la edad de once años, acompañando a sus padres en una larga travesía que los llevaría hasta Los Ángeles. De ahí partiría, años más tarde, ya casada, hacia esta ciudad en busca de mejor vida y destino.
EXPERIENCIA PERSONAL
Recién llegados a Twin Falls, ella y Salvador, su esposo, junto con su hija de dos meses, fueron obligados por la jefa de éste a abandonar la casa móvil que habitaban amenazándoles con no pagarles el dinero que se les debía, además de reportarlos con Inmigración. Así llegó a la oficina de asistencia legal comunitaria, Idaho Legal Aid Services Inc. donde les brindaron la asesoría que les ayudó a evitar que sus derechos fueran ultrajados.
Decidida a no revivir esa situación, Macías se matriculó en la universidad de donde salió como Secretaria Especializada en Derecho y Especialista en Tecnología Administrativa.
Así regresó a la oficina que una vez les tendiera la mano, sólo que en esta ocasión lo hacía como Asistente Legal.
Ahora, diez años más tarde, la nicaragüense distribuye su semana laboral haciendo presentaciones sobre violencia doméstica a mujeres hispanas.
Igual asiste a aquellos que experimentan problemas de relaciones entre inquilinos y dueños, donde los segundos intentan aprovecharse de los primeros.
“Aquí, hasta los indocumentados tienen derechos y merecen ser tratados justamente”, afirma Macías.
“Me gusta lo que hago. No es tanto por el dinero, sino por la oportunidad de ayudar a mis semejantes”, concluye Carmen Macías.
