- La represión de los años 80 obligó a un quinto de los salvadoreños a irse a Estados Unidos. Confinados a los barrios pobres y violentos, los jóvenes se sumergieron en la subcultura de las maras. Sin ser reeducados, muchos delincuentes han sido enviados al país de origen. Y esa es una parte importante del problema, afirma este ex diplomático estadounidense
Robert White, ex embajador de EE.UU. en El Salvador:
Cuando Ronald Reagan asumió la Presidencia de Estados Unidos en enero de 1981, los militares, la extrema derecha y los sectores dominantes tradicionales de El Salvador, se frotaron las manos.
Veían a Reagan y a su entrante administración como los que los librarían de la oposición política, la guerrilla, la necesidad de hacer reformas sociales y de Robert White, el molesto y odiado embajador de Washington.
White había llegado en 1980, año en el que los escuadrones de la muerte y los órganos represivos mataron a más de 9 mil personas. Pese a la violencia brutal, White trató de forzar un cambio político moderado y promover los derechos humanos, a tono con la política de Jimmy Carter.
El 2 diciembre de 1980 ocurrió el suceso que habría de cambiar su vida: tres monjas estadounidenses (Maura Clarke, Ita Ford, Dorothy Kazel) y una activista laica cristiana (Jean Donovan) fueron secuestradas, torturadas y asesinadas por un grupo de guardias, por órdenes superiores.
“Esta vez los bastardos no se saldrán con la suya”, fue captado White, registra la prensa, exclamando furioso a la orilla de la fosa donde se descubrió los cuerpos. La noche anterior a su asesinato, Kazel y Donovan habían sido las invitadas a la cena del embajador y su esposa, Mary Ann.
Aunque algunos hechores materiales fueron capturados y condenados en 1984, los verdaderos autores no han pagado por el crimen. White acusa a la jefatura militar de entonces, y al gobierno de Reagan de obstaculizar las investigaciones y de justificar el crimen.
Fue retirado de su cargo en 1981 por el secretario de Estado, Alexander Heig.
El ex diplomático participó esta semana en un foro sobre el medio ambiente en Managua. Nuestra larga conversación fue en el Hotel Intercontinental de Metrocentro. Su hablar pausado en español, es inconfundiblemente gringo. Tiene 80 años.
¿Sigue cierto aquello de que los estadounidenses harían cualquier cosa por América Latina, menos leer sobre ella?
Creo que todavía sigue siendo la verdad. La mayoría del pueblo norteamericano no tiene mucho interés en los asuntos del mundo. Ahora sí, ha despertado por la guerra en Irak, por los atentados del 11 de septiembre. Esto fue algo importantísimo en la vida política de Estados Unidos.
En aquel momento los EE.UU. tenían solamente amigos. Todo el mundo simpatizaba con nosotros. Ahora ellos gastaron esa buena voluntad y ahora, ja, ja, sufrimos que la mayoría de los ciudadanos del mundo está en contra de EE.UU.
Y en el mundo árabe hay odio. Entonces la administración Bush ha dejado muy mal la política exterior. Nunca en la historia hemos tomado la iniciativa de un ataque contra un país. Eso es inaudito en la historia de EE.UU. y fue un error profundo que vamos a sufrir por generaciones.
¿Cuál es su interpretación personal del giro hacia la izquierda en los últimos años en Latinoamérica? ¿es en parte descontento con EE.UU.?
Usted tiene familiaridad con el Consenso de Washington (los principios de las políticas neoliberales que han dominado las dos últimas décadas). Para mí, ha fracasado rotundamente esta política de mercados abiertos —no estoy en contra—; la verdad es que Estados Unidos habla a favor de ellos, pero todavía tenemos subsidios grandes para la producción agrícola.
Y la privatización ha enriquecido a un grupo de pequeño de personas ya muy ricas; eso ha contribuido a la concentración de la riqueza en manos de unos pocos; para mí eso es un error. América Latina sufre de la peor desigualdad en el mundo. ¿La democracia? Claro, todos estamos a favor, pero no solamente es política, sino también económica y social.
¿El antiamericanismo o el antiimperialismo de Hugo Chávez es genuino o para réditos políticos?
Francamente no sé qué son las motivaciones de él. Estuve en Venezuela hace poco. Y él ha hecho algo importante. Por primera vez en Venezuela los pobres están en la vida política, ellos juegan un papel. Eso es una contribución importante. Ahora, Chávez es demagogo.
Un populista sin duda.
Populista… bueno, mmm. El populismo es un peligro para la democracia, especialmente en países como Nicaragua. Porque ellos despiertan las esperanzas y las expectativas del pueblo, pero después no hay plata; en el caso de Venezuela, gracias a la guerra en Irak, él tiene mucha plata (gracias a los altos precios del petróleo).
Nunca hay escasez de demagogos. Pero lo malo es que (tras) el discurso de Chávez en la ONU, el 90 por ciento de los representantes en la ONU (lo) está aplaudiendo, (fue) netamente anti(norteamericano), incluso hasta insultante. Creo que tenemos que hacer algo para mejorar la imagen del país en el mundo, porque el problema no es Chávez, sino más profundo.
¿Es factible que Chávez pueda crear un frente antiestadounidense o es más retórica que otra cosa?
EE.UU. está financiando partidos políticos (por) 50 años y no hemos hecho mucho.
Creo que hay una ola en América Latina para declarar la independencia de (EE.UU.) y ahora América Latina no es dependiente de la voluntad de Washington. Tiene inversionistas de Asia, de China, de otros lugares.
Chávez es un fenómeno interesante pero en un sentido Kirchner (Néstor, Presidente de Argentina) es un hombre más radical que Chávez, porque fue él quien declaró la independencia de Argentina, diciendo “no vamos a cumplir nuestras obligaciones” (de la deuda externa. También pagó por adelantado la deuda con el FMI).
Y además, después de eso, subió la economía de Argentina. Eso es un rechazo (a) la sabiduría convencional del mundo desarrollado, especialmente de Estados Unidos. Ahora no es sólo la negligencia de EE.UU. hacia América Latina el problema.
Me llama poderosamente la atención que los cubanos tienen médicos en casi todos los países de América Latina, y para mí es una política exterior más productiva que construir bases militares (como lo hace Washington).
¿Sugiere que EE.UU. revise su política hacia América Latina, apoyar más proyectos sociales que ahora y no sólo enfocarse en narcotráfico y terrorismo, por ejemplo?
La guerra contra los narcotraficantes es una guerra en la que nunca vamos a ver el fin. Aparentemente no tenemos la capacidad de disminuir la demanda (de drogas) en EE.UU. y mire, en un sentido, el tráfico de drogas es la perfección del capitalismo: hay un mercado en los EE.UU. y alguien va a satisfacer su demanda. Entonces no entiendo por qué todos los problemas del tráfico son de América Latina. Ahora esto ha tenido un impacto negativo, ha aumentado la corrupción, ha concentrado la riqueza en manos de criminales. Es una política que debemos cambiar. La única manera es descriminalizar el consumo de la droga, porque la demanda es lo que es importante.
Usted fue embajador en El Salvador. Es uno de los países más violentos de América Latina. Hay 12 homicidios diarios. La criminalidad es imparable. ¿Dónde están las raíces del problema?
Es chocante la violencia no sólo en El Salvador, también en Honduras y Guatemala. Tengo que felicitar al pueblo nicaragüense porque es increíble que esta violencia (tan grande) no ha tocado (aquí). Todavía tiene una sociedad civilizada.
En el caso de El Salvador, perdió una generación en la guerra. Cuando fue cerrada la mayoría de las escuelas, muchos de los jóvenes estaban en la guerra. Con la inmigración, la quinta parte del país salió rumbo a EE.UU. ilegalmente y eran pobres.
Llegar a EE.UU. huyendo de la matanza, la persecución de los militares. Entonces inevitablemente ellos vivían, por ejemplo en Los Ángeles, en los barrios más pobres, donde hay mucha violencia. Entonces los jóvenes salvadoreños que llegaron allí en los brazos de las mamás, cayeron en la criminalidad. Los EE.UU., nosotros, tuvimos la obligación de asumir nuestras responsabilidades y hacer algo para castigar y reformar a los emigrantes. ¿Pero qué hicimos? Mandamos estos jóvenes criminales a El Salvador.
¡La mayoría de ellos no habla español, la lengua franca de los mareros es el inglés! Para mí esa es una abdicación de responsabilidad.
Las causas son muy complicadas de la ola de violencia; los mareros, muchos de ellos vienen de los EE.UU. Además, la falta de programas sociales, los ricos pagan muy pocos impuestos. Entonces tenemos que en El Salvador, superficialmente, hay prosperidad; los turistas ven los hoteles, las playas, pero la realidad del país es que la mayoría vive en la miseria. Eso no forma una base estable para la democracia.
Y yo no veo ningún remedio bueno porque los EE.UU. no tenemos un programa de ayuda para mejorar la situación.
Recientemente, el gobierno de EE.UU. mira las pandillas como problema de seguridad nacional, viendo el peligro de una vinculación con los terroristas. ¿Usted qué opina?
Es un poco tarde descubrir eso. Segundo, no es terrorismo (el fenómeno de las pandillas). Los jóvenes salvadoreños tienen que comer y hay mucha violencia porque hay hambre, hay sufrimiento y no veo que el Estado de El Salvador (haga algo) para mejorar el problema. En 1980, me acuerdo bien, el presidente Ronald Reagan y otros hablaban de un futuro lleno de prosperidad si El Salvador rechazaba a la guerrilla.
Ahora, según las encuestas, la mayoría de la población de Centroamérica está muy descorazonada con la democracia y ellos están listos para dar la bienvenida a un dictador que puede resolver todo.
Pasa en toda Latinoamérica.
Eso es muy preocupante.
Fue en la época en que usted estaba en San Salvador. ¿Quién mandó a matar a las cuatro estadounidenses aquel diciembre de 1980?
La cúpula del Ejército salvadoreño. Es bien claro.
Nosotros sabemos que hay cinco sargentos rasos. Ellos recibían órdenes de un teniente coronel Casanova, y el ministro de Defensa, y el comandante de la guardia nacional (el general Carlos) Vides Casanova, tío del primero. Hizo todo lo posible para encubrir la investigación y fue para mí inaceptable que la administración Reagan (haya hecho) todo lo posible para justificar los asesinatos de las monjas, porque ellos querían renovar la ayuda militar que el presidente Carter ha suspendido. Por eso salí del servicio diplomático.
Una última pregunta. Es evidente que el embargo contra Cuba no funcionó. Hace poco, Fidel Castro transfirió el poder a su hermano Raúl, todo está tranquilo, no pasa nada extraordinario. ¿Debe cambiar la política su país?
El problema es que la política hacia Cuba no tiene nada que ver con la política exterior. Es un producto de la comunidad cubano-americana en Florida y de la cobardía de nuestros políticos que no quieren hacer algo para cambiar esta política que ya ha tenido consecuencias terribles.
Mire ahora, Castro tiene relaciones con toda América Latina y con todo el mundo. Él es un invitado de honor en todas las conferencias.
Esta política no tiene sentido ni lo ha tenido (por) 35 años. Entonces esa es otra prueba más que ha sido una escasez de estadistas en Estados Unidos para enfrentar los verdaderos problemas.
Yo creo honestamente que Fidel quería el (reconocimiento) de EE.UU. Él es un hombre pragmático —no le admiro a él ni a su sistema— pero es un adversario importante y nosotros debemos dar respeto a un hombre (así). Él ha sobrevivido. Ahora hay una transición y nosotros no tenemos ninguna influencia sobre ella. Eso es abandonar las responsabilidades.
Cuba está en la lista de los Estados terroristas. Eso es un chiste mal hecho. Cuba no ha contribuido al terrorismo en muchos años; antes sí, en los años 60, y la prueba es que todos los países de América Latina tienen relaciones democráticas con Cuba.
“Somoza fue el último marine”
Robert White nació el 21 de septiembre de 1926. Es descendiente de una familia irlandesa, católica. Entró al servicio exterior (Foreign Service) en los años 50. Sirvió como embajador en Paraguay y en El Salvador. Antes ocupó puestos menores en varios países, entre ellos Honduras y Nicaragua. Desde 1989, el Sr. White ha sido el presidente del Centro para las Políticas Internacionales (CIP), ONG sin fines de lucro con sede en Washington, DC.
Fue ministro consejero entre 1972 y 1974 en nuestro país.
¿Qué impresión le causó Anastasio Somoza Debayle al conocerlo?
Era un hombre prepotente, un hombre … no sé quién lo denominó “el último marine”. Creo que es una descripción muy apta de él, adecuada.
Yo me acuerdo que hubo casi un río de generales norteamericanos visitando Nicaragua en aquel entonces. Y una vez, Tacho Somoza dijo públicamente: “General fulano de tal, quiero asegurarle que la Guardia Nacional es sólo una sucursal del Ejército de EE.UU. Aquí estamos a sus órdenes”. Muchos oficiales de la Guardia Nacional estaban muy (avergonzados) de esto. Para mí, fue algo típico de Somoza.
La relación entre EE.UU. y Centroamérica debe ser una relación de países independientes. Y crear una colonia es malo para Nicaragua y para los EE.UU.
¿No señala usted esas cosas en sus reportes? Bueno, era la época de Henry Kissinger en el Departamento de Estado, veía bien a Somoza, estaba la Guerra Fría…
Sí, pero fue Kissinger quien dijo que las líneas de la historia corren por Europa, los EE.UU. y Asia. Para él casi no existía América Latina.
Pero a Somoza era difícil despedirlo, porque no fue un hombre “malo” en el sentido como algunos de los generales en El Salvador que eran hombres (a los que) les gustaba la maldad. Pero fue un hombre que (ponía) primero el bienestar de su familia, porque él fue el dueño de casi 20 por ciento del terreno (de la tierra) …
Más, creo.
43 años de los Somoza fue algo muy pesado para este país, es muy difícil crear una democracia después de eso.
Para él, los demás países no existían, él sólo estaba preocupado con la relación con los EE.UU.
Él ha robado (mucho) dinero, pero también ha hecho inversiones en el país. La verdad es que no fue muy buen hombre de negocios, no sabía nada de eso, y no ha manejado bien el país.
