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Un islote en el camino de la integración

La renovada disputa entre El Salvador y Honduras por la pequeña isla Conejo viene en un momento inoportuno, pues coincide en el tiempo con los preparativos de Centroamérica para negociar un acuerdo de asociación con la Unión Europea. Ambos países reclaman para sí un islote de apenas 600 metros cuadrados. Que los países tengan sus […]

La renovada disputa entre El Salvador y Honduras por la pequeña isla Conejo viene en un momento inoportuno, pues coincide en el tiempo con los preparativos de Centroamérica para negociar un acuerdo de asociación con la Unión Europea.

Ambos países reclaman para sí un islote de apenas 600 metros cuadrados.

Que los países tengan sus diferencias históricas sobre territorio, límites o derechos, es normal. Los ejemplos abundan en el mundo, pero debe verse con alarma que algunos políticos — buscando réditos personales— reaccionan con declaraciones peligrosas. Despertar el demonio de los nacionalismos exacerbados es arriesgado, dadas las lecciones de la historia.

Esto último ha sucedido sobre todo en Honduras, donde de manera precipitada el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, ha insinuado la posibilidad de una solución armada. Tal salida es absolutamente inaceptable para el resto de la región y la comunidad internacional.

El parlamento hondureño manifestó la disposición a reforzar el Ejército, de unos 12 mil hombres, antes “las pretensiones” de El Salvador.

“Debemos estar a la defensiva ante cualquier país del mundo que trate de usurpar nuestro territorio, que defenderemos… y estamos preocupados por la intención de El Salvador. Por ello fortaleceremos las Fuerzas Armadas porque si queremos la paz debemos estar listos para la guerra”. Esas fueron las palabras de Micheletti.

¿En serio se pueden decir semejantes cosas? No es el año 1969, el año de la “Guerra del Futbol” que libraron ambos países.

El líder liberal hondureño ya manifestó su aspiración presidencial —y eso que Manuel Zelaya ni siquiera llega a su primer año de gobierno—. Desafortunadamente, agitar las banderas del nacionalismo y el patriotismo, da puntos.

Los diputados también han instado a Zelaya a suspender la construcción de la represa binacional El Tigre —un proyecto hidroeléctrico de 2,100 millones de dólares que generaría cerca de mil megavatios hora—, y la del llamado Canal Seco, una carretera que uniría el Pacífico con el Caribe y que facilitaría a El Salvador exportar a través de Puerto Cortés.

Ambas partes fueron a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, la cual dirimió un viejo conflicto limítrofe en 1992, cediendo a Honduras el 69 por ciento de sus reclamos.

Los alegatos:

El Gobierno de Tegucigalpa afirma que la posesión de Conejo fue dirimida por el fallo del caso —en el cual Nicaragua fue observadora e intervino—. “Es cosa juzgada”, declaró Zelaya, para quien la sentencia dirimió sobre límites, mar territorial y plataforma continental.

El Salvador sostiene por su lado que el islote es parte de su territorio y que no está incluido en la sentencia de aquel año, cuya revisión pidió en 2002 y que le fue denegada. El comisionado presidencial para el Golfo de Fonseca, Mauricio Gutiérrez, arguye que hay “documentos históricos” que prueban la propiedad salvadoreña y que Honduras no protestó por esa presencia .

Los hechos:

Conejo está a 600 metros de la costa hondureña, se puede llegar a ella a pie cuando la marea está baja y no está mencionada en la sentencia de la CIJ. Ésta decide —según el texto accesible en el sitio web de la CIJ— sobre las islas Meanguera, Meanguerita y El Tigre. Las dos primeras fueron reconocidas como salvadoreñas y la tercera como hondureña. Desde Conejo se ven cercanas las islas salvadoreñas Garrobo y Zacatillo, y el puerto de Cutuco. Durante la guerra civil salvadoreña (1980-1992), ambos ejércitos se turnaban para custodiar el islote y evitar el paso de armas para la guerrilla del FMLN. Al terminar el conflicto, los hondureños se quedaron.

La isla tiene importancia porque su posesión consolidaría la posición negociadora a la hora de delimitar en el mar entre los dos países, si es que se emprende tal esfuerzo y que es lo que aparentemente busca San Salvador.

La prensa hondureña sugiere que el presidente Tony Saca trata de desviar la atención de problemas internos, como su incapacidad para solucionar el problema de la violencia criminal, un argumento que, al menos, merece ser tomado en cuenta. Pese a planes de mano dura o el “Mano Súper Dura”, las pandillas siguen actuando.

No caben las comparaciones con los diferendos limítrofes de Nicaragua con Honduras y Colombia. Tampoco con la disputa con Costa Rica por los derechos de navegación en el río nicaragüense San Juan. Todos están en la CIJ.

Esta disputa causa daños a la relación de ambos países y no contribuirá a proyectos de desarrollo conjunto del golfo. Aunque quizás no tenga impacto sobre un TLC con la UE, vicia la atmósfera en un momento en el que el istmo debe negociar como una sola cabeza y una sola voz, una condición indispensable de los europeos.

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