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La Región está por debajo de Asia en apertura al comercio. ()

La lección de asia

América Latina continúa retrocediendo en su competitividad. ¿Qué lecciones podemos tomar de Oriente? Ver Infografia > Pruebe enviar un paquete por un servicio expreso internacional desde Taiwán y luego haga el mismo intento, pero desde cualquier país de América Latina. En el resultado de la comparación usted tendrá un buen ejemplo de cuánto la región […]

  • América Latina continúa retrocediendo en su competitividad. ¿Qué lecciones podemos tomar de Oriente?

Pruebe enviar un paquete por un servicio expreso internacional desde Taiwán y luego haga el mismo intento, pero desde cualquier país de América Latina. En el resultado de la comparación usted tendrá un buen ejemplo de cuánto la región está retrocediendo en términos de competitividad. Según la Asociación de las Cámaras Americanas de Comercio de América Latina, el paquete será liberado por la aduana de Taiwán en cerca de 15 minutos, mientras que en un país latinoamericano podrá demorar de dos a seis días en una verdadera maraña burocrática.

El ejemplo refleja en la práctica el resultado de dos importantes estudios publicados en septiembre pasado sobre competitividad entre países y que muestran una visión sombría: la región no sólo retrocedió en la carrera global, sino que parece estar estancada. Según el World Economic Outlook, del Fondo Monetario Internacional, América Latina pierde en casi todos los puntos en la comparación con Asia, desde los niveles de apertura al comercio, la calidad de las instituciones, el desarrollo del sector financiero hasta la facilidad para abrir un negocio. “La tasa de inversiones y el aumento de la productividad son los dos factores que separan a Asia de América Latina”, dice el principal autor del capítulo sobre esas regiones, el economista del Fondo Monetario Internacional (FMI), Nicola Spatafora.

En otro estudio, Global Competitiveness Report, preparado por el Foro Económico Mundial, Chile es el único país latinoamericano dentro de los 50 primeros colocados (mantuvo la posición 27 entre los rankings de 2005 y 2006). México subió apenas una posición (de 59 a 58), mientras Colombia (65), Brasil (66), Argentina (69) y Venezuela (88) se desplomaron. Bolivia (97), Ecuador (90), Guyana (111), Honduras (93) Nicaragua (95) y Paraguay (106) aparecen recién en la cola del ranking empujados hacia allí por el pobre nivel de transparencia de sus instituciones, falta de independencia de la Justicia, las altas tasas de crimen y de la corrupción.

¿pesimismo?

A primera vista, estas conclusiones pueden aparecer como una visión pesimista justo cuando América Latina viene registrando un crecimiento histórico de 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) anual en los últimos años, con proyecciones de otro salto similar para 2007. Pero no lo es. “Equilibrio macroeconómico es una condición necesaria, pero no es suficiente para el crecimiento”, dice el economista Paulo Leme, director de Investigaciones para Mercados Emergentes de Goldman Sachs. Es innegable que en los últimos 20 años hubo una clara mejora del ambiente macroeconómico. Hoy, equilibrio fiscal, superávit primario, tipo de cambio flexible y política monetaria usando el régimen de metas de inflación ya fueron incorporados en la región. “Desafortunadamente lleva tiempo hasta que los beneficios de la estabilidad macroeconómica se transformen en crecimiento”, dice Charles Collins, vicedirector del Departamento de Investigaciones del FMI. Leme, de Goldman Sachs, es más directo. “No veo retroceso, pero diría que (América Latina) está estancada”.

El punto no es cuánto crece América Latina, sino cuánto lo hacen sus competidores. La llamada Asia emergente, que incluye a China e India, creció 8 por ciento en promedio durante la última década. Otra clave es crecer sobre bases sólidas, como hizo Asia, y no apuntalado por las exportaciones de commodities, cuyos precios no estarán eternamente altos. En el caso de Venezuela, 82 por ciento de sus exportaciones son commodities; en Perú, 69; en Chile, 76.3; en Argentina, 62.9, y en Brasil, 45.7 por ciento.

aprendizaje

La pregunta es si América Latina podrá aprender de Asia para entrar en un ritmo de crecimiento sustentable. “Primero es necesario tener un proyecto de país”, dice el economista José Luis Guasch, consejero regional en Regulaciones y Competitividad, Finanzas, Sector Público e Infraestructura del Banco Mundial. “Lo que se ve en la región son embates entre partidos políticos; y no un consenso, una visión conjunta”. Una vez decidido un proyecto de país —que se espera sea democrático, estimule el libre mercado, la iniciativa privada y el énfasis en la educación— viene la segunda parte. “Se debe invertir en capital humano, innovación y tecnología”, dice Guasch. “América Latina invierte 0.5 por ciento de su PIB en tecnología, mientras Asia invierte 2 por ciento”.

En la región, no obstante, todavía resiste la visión de corto plazo en la que el asistencialismo inmediatista sustituye la educación de calidad. Todavía se discute la antigua metáfora si lo correcto es dar el pez o enseñar a pescar, cuando la discusión en el mundo competitivo global ya está en otro nivel. Para seguir con las metáforas, el debate moderno es cómo crear un equipamiento de pesca más eficaz, cómo desarrollar una tecnología que atraiga más peces, de mejor calidad y más rápidamente.

El ejemplo a seguir no viene sólo de China y de India, que crecen respectivamente 9 y 7 por ciento hace más de 10 años, sino también de Japón, que se convirtió en la segunda mayor economía mundial al concluir con éxito un plan de crecimiento iniciado después de la Segunda Guerra. Según el World Economic Outlook, esas lecciones son liberalización del comercio, acceso a educación e iniciativas para promover el desarrollo financiero y el emprendedorismo, que facilitarían el paso de una economía agrícola a una volcada a la industria y al servicio.

Paulo Leme, de Goldman Sachs, identifica algunas variables por detrás del crecimiento de Asia. Primero, el cúmulo de los factores de producción, especialmente el capital, que genera inversiones. “Crecen, ahorran y, con el ahorro, financian inversiones”, dice el economista. La inversión promedio de América Latina con relación al PIB está cerca del 20 por ciento, mientras que en Asia llega al 38 por ciento, según Goldman Sachs.

Otro punto que explica la diferencia de crecimiento entre Asia y América Latina es la llamada Productividad Total de los Factores, que es la eficiencia con la cual un país usa los factores de producción como capital y trabajo, y que están relacionadas con inversiones en tecnología, know-how y modo de producción. En Asia, ese factor explica un punto porcentual promedio de crecimiento en los últimos 30 años, mientras en América Latina es negativo.

El último punto es el grado de apertura de las economías. “Cuanto más se exporta, más abierta está la economía y más empresarios locales están obligados a competir”, dice Leme. ¿Cómo conseguir eso? Es necesario desregular, asimilar nuevas tecnologías y una gestión empresarial más eficiente. La apertura de la economía latinoamericana fue tema de un evento convocado para discutir la competitividad de la región, en septiembre pasado, en Miami. Uno de los disertantes, el vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, John Murphy, distribuyó un texto en el que golpea duro a la región. Con el título Crónica de una muerte anunciada, Murphy cita un estudio del BBVA que muestra el alza de un 40 por ciento en los precios de los commodities en los últimos tres años y dice que, por eso, “no es un milagro que la región haya crecido 4 por ciento en los años recientes”.

facilismo

En un segundo punto, llamado “Por qué arreglar el tejado cuando aún no está lloviendo”, Murphy critica a los gobiernos locales por su resistencia a tomar decisiones difíciles, como las reformas microeconómicas, y dice que la “inercia es producto de la prosperidad posibilitada por el boom del precio de los commodities”. El texto también contesta el pensamiento simplista de que Brasil gana por tener a China como cliente de sus commodities, mientras México sufre de dolores de cabeza al tener que competir en las manufacturas con Asia. “¿Y en el largo plazo?”, pregunta Murphy. Por la competencia, dice el texto, México se tornó un exportador de manufacturas de clase mundial, con 80 por ciento de sus exportaciones proveniente de este sector. “Nunca un país se torna competitivo sin competir”, dice Murphy.

La culpa por la baja competitividad latinoamericana debe ser repartida entre el sector privado y los gobiernos de la región. Los empresarios deben cambiar su mentalidad defensiva y aceptar la competencia extranjera como fuerza dinámica de la economía. Los gobiernos deben abdicar de la concentración de la riqueza que beneficia a una parte ínfima de la población. En Brasil, por ejemplo, la carga tributaria es de 38 por ciento y buena parte de lo que el gobierno recauda se destina al salario de los empleados públicos. La corrupción también juega un papel importante en la pérdida de competitividad de la región. Cuando un empresario demora casi seis meses para abrir empresas y comenzar a producir, seguramente una red de burócratas está llenando su bolsillo inventando formularios a ser llenados. Ese equipo seguramente no está interesado en el aumento de la competitividad.

El hecho es que si la región creció 4 por ciento hasta ahora fue con una buena ayuda de los commodities, cuyos precios están por encima de un nivel sustentable. El World Economic Outlook anuncia, por ejemplo, que los precios del aluminio y del cobre caerán 35 y 57 por ciento de aquí a 2010. ¿Y después? Si las reformas microeconómicas no fueran hechas, los países latinoamericanos tendrán menos condiciones de reaccionar ante un freno en la economía mundial y retrocederemos aún más. El problema, entonces, ya no será si un paquete demorará dos o seis días para pasar por la aduana. Será si habrá paquete para ser enviado.

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