LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Mirna Moreno Morales, madre de Harlan Gamboa, cuida en Miami a sus nietos Sheldom y Noelia, mientras Ivonne, la mamá de los niños, trabaja. (LA PRENSA/Josue Rodríguez)

Familia nica dividida por deportación

Noelia Gamboa, una niña estadounidense de 2 años de edad, vio cómo agentes federales detuvieron a su padre nicaragüense y se lo llevaron para deportarlo, por estar indocumentado en Estados Unidos [doap_box title=»Tarea casi imposible» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El presidente de American Fraternity, el abogado Alfonso Oviedo, estima que si el Gobierno de Estados Unidos pretende […]

  • Noelia Gamboa, una niña estadounidense de 2 años de edad, vio cómo agentes federales detuvieron a su padre nicaragüense y se lo llevaron para deportarlo, por estar indocumentado en Estados Unidos
[doap_box title=»Tarea casi imposible» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El presidente de American Fraternity, el abogado Alfonso Oviedo, estima que si el Gobierno de Estados Unidos pretende sacar a los 12 millones de inmigrantes indocumentados que hay en esta nación, según datos oficiales, tardaría por lo menos 150 años, según el presupuesto que hoy destinan para ese fin.

Afirmó que el Congreso estadounidense sólo asigna financiamiento para 19,444 camas en los centros de detención de indocumentados que luego son deportados.

“Deportar a una personas que está en Estados Unidos desde hace dos o tres años, le toma al Gobierno entre tres y cuatro meses”, explicó. “Cuatro personas usan cada cama en un año, son unos 80 mil los que deportan al año, si logran la mayor eficiencia posible; eso significa que tardarían 150 años para sacar a los 12 millones de indocumentados”.

Si las autoridades se propusieran esa tarea en un período de cinco años “necesitarían 600 mil camas disponibles para encerrar a toda esa gente y procesarla, necesitarían decenas de miles de jueces y de fiscales”, alega Oviedo, quien considera que hay un engaño detrás de la compaña contra los inmigrantes.

Consulado desconoce

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Miami/Managua

Harlan Gamboa Moreno fue detenido en su casa, en la segunda calle de South West en Miami Dade, a las once de la noche del 12 de octubre último, lo recluyeron en el Broward Transitional Center y antes de un mes, el 9 de noviembre, lo deportaron a Nicaragua.

Cada día Noelia pregunta por su padre y parece abstraída. Su hermano mayor, Sheldom Gamboa, de diez años, llora cuando recuerda la entrada brusca de los policías y cómo le ordenaban en inglés que tradujera a su papá la sentencia: “Queda detenido y será deportado…”

La madre de los niños, Ivonne Castellón, se enfrenta al dilema de volver a Managua para reunirse con su esposo o esperar los resultados de una demanda contra el Gobierno de Estados Unidos, presentada por la organización American Fraternity a principios de octubre, exigiendo detener las deportaciones de indocumentados con hijos estadounidenses, mientras el Congreso aprueba una nueva legislación de inmigración.

En Managua, Harlan Gamboa se siente más enfermo que cuando se salvó de morir ahogado en las aguas del Río Bravo, en la frontera de México con Estados Unidos, el 16 de abril de 2003.

En aquel momento Harlan tenía 30 años y la travesía por México, en manos de una banda de “coyotes”, le había dañado más la pierna derecha, afectada desde la infancia por la poliomielitis.

Con dificultad avanzó hacia la ciudad de Laredo, en Texas, y al acercarse a un campo de golf una patrulla fronteriza estadounidense lo capturó. Su esposa Ivonne, su hijo Sheldom y su mamá Mirna Moreno Morales, esperaban impacientes en Miami a donde habían llegado años antes de manera legal.

Una semana después se enteraron de que él estaba detenido en Laredo, lograron sacarlo con una fianza de 7,500 dólares el 23 de mayo y empezaron una batalla legal, en busca de protección para que se quedara a vivir en Estados Unidos, la que culminó de una forma brusca la noche del 12 de octubre de 2006.

CONFIÓ EN AUTORIDADES

Quince minutos antes de las 11 de la noche llegaron los agentes federales al apartamento 211, en el 10824 South West, 2nd street, en Miami Dade. Ivonne Castellón recuerda que la familia se preparaba para dormir cuando escucharon golpes fuertes en la puerta.

“Nos asustamos porque ya era exagerada la forma cómo estaban tocando”, dice Ivonne. “Yo presentí que llegaban por él por tantas redadas (de indocumentados) que estaban haciendo, pero nos sentíamos seguros porque él se presentaba cada mes a la Corte”.

Ella le advirtió: “Harlan, creo que vienen por vos”. Él respondió tranquilo: “No, yo no he hecho nada, yo estoy presentándome”.

Ivonne abrió la puerta y los policías irrumpieron con una foto en la mano, preguntando: “¿Harlan Gamboa?” Él hizo un gesto de aceptación con la cabeza y ellos se abalanzaron hasta sujetarle las manos, cruzárselas por la espalda y ponerle las esposas. El niño Sheldom gritaba y lloraba y los agentes le ordenaban que tradujera las órdenes a su padre.

“En ningún momento nos quisieron hablar en español, sólo en inglés. Mi hijo me decía lo que estaba pasando. Yo les pedí que no le pusieran nada, que era enfermo, que había padecido polio; ellos no creían y mi esposo tuvo que levantarse el pantalón y enseñarles la pierna”.

Noelia, la bebé que nació el 11 de noviembre de 2004, enmudeció por la sorpresa y al dormirse, casi una hora después, tenía huellas de lágrimas en sus mejillas.

SOSPECHA DE TRAMPA

Harlan Gamboa todavía se pregunta por qué fue capturado por agentes federales, en vez de policías de Inmigración.

En la oficina de detención del Broward Transitional Center, un oficial de Inmigración le reveló que nadie de esta dependencia le estaba buscando y, por conversaciones con otros detenidos deduce que “abogados fiancistas” que trabajan de cerca con Inmigración le tendieron una trampa y lo entregaron a los federales.

Él acataba todos los llamados de la Corte, a la que pidió protección y asilo desde mayo del 2003, pero el 24 de septiembre de 2006 le mandaron una cita más, a la que faltó porque nunca la recibió. Esa desobediencia era motivo suficiente para ser deportado, pero tenía otra consecuencia: perdería el dinero de las fianzas que había pagado desde que inició el proceso.

A los inmigrantes deportados, según se enteró, las autoridades estadounidenses les devuelven en su país de origen el dinero de las fianzas, más los intereses. Sólo pierden ese derecho si faltan a una cita con la Corte.

“Todo lo hice legal, pagué a los fiancistas”, afirma Harlan. “En Inmigración me dijeron que me mandaron de la Corte la cita y a mi casa no llegó. Creo que los fiancistas buscaron a caza-ilegales para entregarme a Inmigración, para no devolverme el dinero”.

Si la nueva ley favorece a los inmigrantes indocumentados, American Fraternity solicitará a la Corte el retorno de los indocumentados con hijos nacidos en Estados Unidos, que hayan sido deportados después de presentada la demanda, porque “debieron ser protegidos y el Gobierno debió abstenerse de deportarlos desde ese momento”, explica el presidente de la organización comunitaria, el abogado Alfonso Oviedo.

La demanda hace énfasis en el deber del Estado de proteger a la familia de los niños nacidos en Estados Unidos, porque las estadísticas indican que en el 80 por ciento de casos éstos se van detrás de sus padres deportados

Entre 40 mil y 50 mil familias nicaragüenses en Estados Unidos viven con ese temor, porque los hijos nacieron en el país del norte y los padres carecen del permiso para residir allí, indican informes de American Fraternity. “Con esas deportaciones, el daño que se le hace a los niños es atroz, le matan la familia”, afirma Oviedo.

ASILO POR SEGURIDAD

Cuando Harlan Gamboa solicitó asilo en Estados Unidos argumentó que su vida corría peligro en Nicaragua, porque durante la travesía por México había peleado con los “coyotes” que le guiaban, al ver cómo éstos violaban a cinco mujeres del grupo de migrantes indocumentados.

Las disputas llegaron al extremo de que los “coyotes” le dejaron abandonado junto al Río Bravo, en un sitio conocido como Piedras Negras, en suelo mexicano, donde asaltantes le robaron dinero y otras pertenencias.

Antes, los “coyotes” habían cobrado a la familia de Harlan 7,500 dólares. El último pedido, de 1,500 dólares, lo hicieron cerca del Río Bravo para “pagar el paso por el puente hacia Laredo”, una mentira más.

A los 14 días de estar en esa aventura, Harlan casi no podía caminar, daba dos o tres pasos y caía. Había salido de Managua el 2 de abril de 2003 confiado en que viajaría en automóviles y se hospedaría en hoteles cómodos, como le prometieron los “coyotes”.

“Mi familia empeñó todo lo que tenía, prestaron y vendieron. Les robaron y los ‘coyotes’ me dejaron a la orilla del río con dos niños y un señor; se me desgarró más mi pierna…”, recuerda con amargura.

Los niños que estaban junto a él, al atardecer de ese 16 de abril, antes de lanzarse al Río Bravo en un neumático, iban solos, a merced de los “coyotes”, mientras sus padres esperaban por ellos en Estados Unidos creyendo que viajaban tranquilos. “Trataban mal a los niños”, cuenta. “Dormían como cerdos, y los ‘coyotes’ llamaban a sus padres para pedirles dinero y les decían que estaban bien, que los habían hospedado en los mejores hoteles”.

Cuando cruzaba el río sobre un neumático, una corriente sorpresiva arrastró a Harlan y la balsa improvisada empezó a perder aire, aunque tuvo la suerte de que la misma corriente lo lanzó a un banco de arena en la ribera estadounidense, donde permaneció dos horas exhausto.

Después de salir de la cárcel en mayo del 2003, Harlan pasó tres meses bajo tratamiento sicológico porque “estaba como loco”, debido a los traumas que le ocasionó la travesía de Nicaragua hasta la frontera norte de México. También empezó a usar un bastón para caminar.

Con apoyo de la abogada Ana Vallejo, del Florida Immigrant Advocacy Center (FIAC), defendió en la Corte su solicitud de asilo por seguridad personal, pero a finales del 2004 un investigador de Inmigración, identificado como Alan Vega, botó el caso con el argumento de que todo lo que sufrió Harlan Gamboa sucedió en territorio mexicano.

En noviembre del mismo año nació Noelia Gamboa en territorio estadounidense, dándole a Harlan otra posibilidad de reclamar un estatus legal en la nación norteamericana.

LO SACAN SIN AVISAR

A las tres de la mañana le despertaron y le dijeron que “aliste sus cosas que ya se va”. Era el 9 de noviembre de 2006 y Harlan Gamboa dormía en una cama de metal en el centro de detención de inmigrantes de Broward, adonde lo llevaron el 13 de octubre, un día después que los federales lo sacaron de su casa.

Tuvo temor porque recordó que la noche del 12 de octubre los agentes lo montaron en un automóvil y recorrieron varias zonas de Miami hasta llegar a Key Biscaine, lo metieron en la habitación de un hotel y le tomaron fotos esposado.

Harlan estaba enfermo en el Broward Transitional Center, donde miraba llegar cada día entre 50 y 100 inmigrantes detenidos. La presión sanguínea se le alteró y sufría taquicardia. Su mamá Mirna Moreno Morales y American Fraternity presionaron para que le permitieran recibir atención médica fuera del centro y al parecer eso motivó que lo deportaran pronto y en silencio.

De nada valieron las cartas de apoyo de personajes como el congresista de Florida, Lincoln Díaz Balart, quien el 31 de octubre de 2006 mandó una carta a Jesús Torres, agente especial a cargo del caso por el servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), para que considerara la condición de salud del indocumentado nicaragüense y el hecho de ser padre de una niña estadounidense.

Harlan recuerda que la abogada Ana Vallejo, de FIAC, el organismo sin fines de lucro que le defendía, le dijo en la última visita: “Vengo a pedirte perdón porque yo creía que no ibas a seguir peleando el caso y yo mandé a cancelarlo… ¿Por qué no te cambiaste de casa?”

“Le salieron lágrimas a Ana y dijo ‘nunca pensé verte aquí’, pero ella sabía todo y nunca me avisó”, masculló él ya en Nicaragua al ver que su horizonte se volvía más difuso por el desempleo.

LA PRENSA trató de hablar con Vallejo, pero ella nunca estuvo disponible en su oficina de FIAC, en Miami.

Cuando los agentes de Inmigración llevaron a Harlan al Aeropuerto Internacional de Miami, él pidió que le permitieran llamar por teléfono a su mamá o a su esposa para avisar que iba deportado. Le respondieron que no. Ya en el avión, un pasajero le concedió una llamada por celular.

El sábado 11 de noviembre de 2006, dos días después de estar en Managua, deportado, Harlan Gamboa llamó por teléfono a su hija Noelia para felicitarla por su segundo cumpleaños. Hizo esfuerzos para evitar que la voz se le quebrara y le cantó, hasta ser interrumpido por una risa alegre y la vocecita en el auricular: “Ah, papi, estás trabajando…”

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